Cómo inflar “globos” mediáticos para debilitar un gobierno

Los grandes medios del Paraguay vienen produciendo una percepción social que muestra al gobierno de Lugo cada vez “más debilitado”. Una construcción de la “realidad” que genera un clima cuya “tensión e inestabilidad” va subiendo. El objetivo: un golpe jurídico que destituya al presidente.

(Aristides Ortiz – Alai) Paraguay - Este fenómeno mediático que se respira en Paraguay carece de originalidad. 
Enero del 2009 puede ser tomado como punto de partida aproximado de la campaña mediática contra el gobierno que se lee y ve cotidianamente hasta hoy.
El clarín de inicio sonó, como en todo este periodo post dictadura, desde la calle Yegros, donde el diario ABC Color escupe sus 36 mil ejemplares diarios para hegemonizar, claramente y sin competencia alguna, la agenda mediática y política del país. Si se recorre las publicaciones de ABC hacia atrás hasta enero, se notará que ya no hay enfoques informativos matizados ni guiños editoriales al gobierno. Sus informaciones y editoriales son un solo bloque antigobierno. El objetivo de la campaña es debilitar al gobierno al punto en que deba ser inevitable un juicio político o un golpe jurídico que termine poniendo en la calle a Lugo.
Citamos los principales recursos utilizados por los medios en sus publicaciones para alcanzar aquel objetivo:
Todo está mal. Se busca y se seleccionan en la realidad los hechos y acontecimientos sociales, económicos y políticos negativos. El tratamiento informativo aborda en forma casi exclusiva desde la mugrienta basura de la calle, el asalto callejero, los asesinatos, la malversación de fondos públicos hasta el secuestro. .
Exagera. No basta con contar y mostrar lo feo y vergonzoso. Sobre lo real, exagera, infla, de modo que una lluvia parezca una arrasadora tormenta. Así, el secuestro de un ganadero deberá parecer el inminente secuestro del trabajador asalariado, del desempleado, del profesional de clase media; los asaltos callejeros al inminente asalto de toda la población.
Repite. Debe repetirse lo feo, lo vergonzoso y lo completamente falso hasta el vómito. . .
Omite. Oculta todo lo que pueda dar indicios de corrección, de buen acto, de resultados positivos; en definitiva, omite todo indicador de avance y de un orden en construcción. Todo está paralizado; y mejor aún si se interpreta que retrocede el país.  
Inventa, si es necesario. Si la realidad no es suficiente, inventa hechos y acontecimientos, tergiversando los reales, descontextualizándolos, minimizándolos, o directamente produciendo hechos en los estudios o en la redacción.
Toda esta avalancha mediática, nada originales en sus recursos, se dirigen, en un mismo movimiento, principalmente a estimular y excitar dos sentimientos: el miedo, caldo de la sensación de inseguridad y desorden; y el descreimiento hacia la autoridad política más visible, sustento de la deslegitimación social de un determinado poder.  Así, de la realidad manipulada y de los hechos planificados y generados por ciertos actores políticos se produce en la gente la percepción de la inestabilidad y el caos, y de la inutilidad de un determinado gobierno.   
La campaña mediática irá creciendo en intensidad y sincronización. En su proceso, apunta a alcanzar picos de debilitamiento del gobierno hasta volverlo completamente vulnerable.
La difusión de las actividades del gobierno central, con sus logros y errores, dependen casi exclusivamente  de la agenda de los grandes medios comerciales. Lo que demuestra el estratégico error de Lugo de no haber apresurado durante el tiempo de gobierno que lleva, con recursos económicos y humanos, el desarrollo del movimiento comunicacional alternativo a la gran prensa: medios estatales, públicos, comunitarios y autónomos.
Además, la campaña mediática se desarrolla en un escenario en el que la correlación de fuerzas se inclina pronunciadamente hacia los sectores de poder oligárquicos. Los que tienen cercado al gobierno dentro (poderes judicial y legislativo, gobernaciones, municipios) y fuera (partidos políticos de derecha y medios masivos) del Estado; fruto en parte de la línea política luguista de centro-centro y de la aún insuficiente fuerza acumulada por los movimientos sociales y sus expresiones de izquierdas para condicionarlo a asumir políticas antioligárquicas.
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