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¿Cómo afecta la pobreza a la vida de los niños y las niñas?

Existe amplio consenso. La infancia es una de las poblaciones más vulnerables a los ciclos económicos recesivos, es decir, a la pobreza. Esta no solo afecta las estrategias de sobrevivencia de los hogares donde se concentra la infancia de modo mayoritario sino que, adicionalmente, se ven empobrecidas las estructuras de oportunidades como consecuencia de una menor inversión en educación, salud e infraestructura pública, entre otros servicios imprescindibles para el desarrollo humano y el efectivo ejercicio de derechos en la niñez y adolescencia. Por Ianina Tuñón. (*)

Los efectos que pueden tener las crisis socioeconómicas sobre las estructuras de oportunidades de niños, niñas y adolescentes son muy relevantes e inciden en aspectos esenciales al sostenimiento de la vida, como es el acceso a los alimentos, pero también en el ejercicio de capacidades cruciales para el desarrollo humano como son el acceso a la atención de la salud y a una educación de calidad.

Es por ello que resulta imprescindible el seguimiento amplio e integral de los espacios de evaluación del desarrollo humano en la infancia que, de modo adicional, se corresponde con dimensiones de derechos con amplio consenso en la sociedad y cuyo efectivo cumplimiento puede ser exigido.

El ejemplo de Argentina

Esta doble perspectiva orienta los estudios del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina que a través de una encuesta probabilística estratificada resulta representativa de todas las ciudades Argentinas de 80.000 habitantes o más. Esta encuesta releva cada año, desde 2010, información sobre las condiciones de vida de la infancia y adolescencia entre 0 y 17 años en una muestra de 5.700 hogares. La estructura de dimensiones de derechos considerados en el estudio de referencia es:

1) Alimentación, salud y hábitat;

2) Subsistencia;

3) Crianza y socialización;

4) Educación;

5) Información;

6) Protecciones especiales: trabajo infantil.

A partir de esta investigación se advierte que en el año 2015, el 24,3% de la infancia en la Argentina urbana residía en hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) (El 28,6% en el grupo de edad de 0 a 4 años). En el período entre el 2010 y el 2015, se registró una merma de 3,6 puntos porcentuales (p.p.). El 35,3% de la población de menos de 18 años se encontraba bajo algún sistema de protección social a través de transferencias de ingresos no contributivas (El 40,2% en el grupo de edad de 0 a 4 años). En los últimos seis años se registró una disminución en la cobertura de referencia de 3,4 p.p.

Durante el año 2015, el 25,8% de los niños y niñas de entre 0 y 17 años no habían consultado a un médico (El 10,9% en el grupo de edad de 0 a 4 años). Esta situación de déficit en el acceso a la salud empeoró entre el 2010 y el 2015 en 2,4 p.p. La responsabilidad de cobertura del sistema de salud de gestión pública es del 48,1% en la niñez y adolescencia en el año 2015 (El 51,5% en la población de 0 a 4 años), y se mantiene estable en el período de referencia.

En el espacio del hábitat, se advierte que el 18,9% de los niños y niñas residen en viviendas inconvenientes en términos de la precariedad de su construcción, y el 18,5% en situación de hacinamiento. El 18,7% comparte cama o colchón para dormir (El 26,9% en el grupo de edad de 0 a 4 años y el 32,8% en el espacio de villas o asentamientos urbanos). La tendencia es positiva en los tres indicadores con mermas de 1,6, 3,0 y 3,8 p.p. respectivamente.

En el espacio de la estimulación emocional, social e intelectual se advierte que en el año 2015, entre los 0 y los 12 años, al 43,2% no le contaban cuentos ni le relataban historias orales (El 30,4% en el grupo de edad de 0 a 4 años y el 54% en el cuartil más pobre); el 40,1% no tenía libros infantiles en su hogar (El 65% en el cuartil más pobre), y al 12,8% no le habían festejado su último cumpleaños (El 13,7% en el grupo de edad de 1 a 4 años y el 23% en el 25% más pobre). En el caso de este último indicador la tendencia es positiva pero la estimulación a través de la palabra y el vínculo con los libros siguen una evolución negativa.

Entre los niños y niñas de 5 a 12 años se registra una escolarización casi plena en la Argentina urbana. El 73,7% de esta población asiste a escuelas de gestión pública y se estima que alrededor del 90% lo hace en una jornada escolar simple. Se trata de una mayoría abrumadora de niños y niñas que poseen tiempo para socializarse en otros entornos sociales diferentes del escolar y familiar. Sin embargo, el 60% no realiza actividades físicas o deportivas fuera de la clase de educación física escolar, y el 85,9% no realiza actividades artísticas o culturales extra-escolares. Asimismo, se estima que la mitad no tiene comportamiento lector de textos impresos. Con respecto a eso, la tendencia en los últimos seis años no es muy alentadora.

En la educación primaria, las disparidades sociales son significativas y se revelan persistentes en, por ejemplo, la oferta de enseñanza de una segunda lengua y computación. Si bien la educación de gestión pública ha realizado importantes esfuerzos en la incorporación de estos recursos, no han sido suficientes para disminuir la brecha regresiva respecto de la educación de gestión privada. Empero las disparidades sociales también se advierten con crudeza en el interior de la educación de gestión pública, donde ofertas como las mencionadas, son menos frecuentes en las escuelas a las que asisten niños y niñas en situación de pobreza, muchas veces localizadas en espacios residenciales segregados.

¿Cómo influye vivir en situación de pobreza a niños y niñas en tu país? Te invito a ver el siguiente VIDEO y a comentar abajo tus impresiones. También puedes seguir la conversación en twitter mencionando a @BIDgente.

(*) Ianina Tuñón es la Investigadora Responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia en el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Pontificia Universidad Católica Argentina.

 

 
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