Hacia la Reforma Agraria, arraigo y marcha al campo

Estamos ante una grave crisis que, como sucedió antes otras veces, deja más ricos a los ricos y más golpeados a los que menos tienen. Sean cuales sean las explicaciones, estamos lejísimos de la POBREZA CERO- HAMBRE CERO prometida y urge tomar medidas que atenúen la crisis, una crisis que también es alimentaria y nutricional que afecta a gran parte de la población y sobre todo a los niños. Por CaLiSA FAUBA (*)

No incluimos en las prioridades para atender esta crisis al 70 % de la población víctima de sobrepeso y obesidad o de la epidemia de enfermedades no transmisibles, provocados por la “malnutrición” y el cambio de hábitos alimenticios impuesto por los grandes grupos que manejan el Sistema Agroalimentario Argentino, impulsados –según dicen- por el ansia de modernización y progreso. Duele y avergüenza que a la vez tengamos producción y exportaciones récords de alimentos.

Pero “árbol” no puede impedirnos ver el bosque; la crisis debe ayudarnos a acordar y planificar para poder decir NUNCA MAS a la pobreza, el hambre, la desnutrición y la malnutrición. Tenemos que poner la mirada en el futuro, para que las imprescindibles medidas sean también un medio que permita avanzar en dirección correcta: un desarrollo con igualdad de derechos para todos y respetuoso de la vida. Hay temas que están en la agenda y otros de los que poco se habla; de todas esas ausencias nos referiremos sólo a una, que expresa muchas otras: el desequilibrio territorial de Argentina y la necesidad de una Reforma Agraria.

Hacinamiento y territorios “vacíos”

Según el Censo 2010, más del 90 % de los 45 millones de habitantes viven en “urbes” que en algunos casos son parte de grandes conglomerados urbanos; éstos y el resto de las capitales de provincia cuentan con 4000 habitantes/km2, aunque la situación sea explosiva en algunas áreas, como sucedía en 4.286 “villas”, donde se asentaban 3,5 millones de habitantes, con una densidad de 8 mil hab/km2, según el Censo de 2016. Además de éstos, hay otros 12 millones cuyo hogar está por debajo de las condiciones mínimas adecuadas, y quizás cerca de un millón de jóvenes urbanos definidos como NI-NI, ya que NI estudian NI trabajan.

La población rural en tanto cayó drásticamente a menos de 5 millones de personas, dispersas en 2,7 millones de km2, con una densidad de 1,8 hab/km2, un verdadero desierto, facilitador de todo tipo de negocios, “legales” –aunque no sean legítimos -como el extractivismo- y otras ilegales. El avance de los agronegocios y la “frontera agraria” generó aumentos de producción y exportaciones, pero multiplicó problemas estructurales, degradó el medio, empobreció y expulsó a muchos de sus habitantes.

Pero el desequilibrio es mucho mayor que el señalado por algunos indicadores demográficos e incluyen otros aspectos, como la concentración de la riqueza y la marginación, la pobreza, el deterioro ambiental el desempleo, subempleo y trabajo informal, las adicciones, la enfermedad, la desigualdad de oportunidades.

Arraigo y Reforma Agraria

El crítico análisis sobre la realidad nacional y agraria realizada hace dos meses por el 1er. Foro Nacional “Por un Programa Agrario Soberano y Popular” decidió impulsar antes, durante y después de las próximas elecciones un Programa que contemple la necesidad de una reforma agraria integral y popular. Esta bandera no es nueva en Argentina, pero debemos referirla a un contexto nacional, regional e internacional muy particular. Nuestra América Latina ofrece diversos ejemplos de Revoluciones y Reformas Agrarias, pero recientemente incluso el Banco Mundial y organismos multilaterales de cooperación la promueven. Pero en Argentina –donde nunca hubo procesos de esas características ¿A qué tipo o tipos de Reforma Agraria nos estamos refiriendo ahora? ¿Cuáles deberían ser sus objetivos? ¿Qué aspectos debería abarcar su integralidad? ¿Quiénes deberían ser los actores responsables de su planeamiento y quiénes sus “beneficiarios”? ¿La estamos restringiendo sólo a agricultores familiares, campesinos e indígenas? ¿Alcanza la Ley de Agricultura Familiar? ¿Qué rol juegan los consumidores/ciudadanos en estos procesos?

El complejo debate en el que se debe profundizar no es ajeno al análisis integral del modelo hegemónico de producción, sus causas, consecuencias y alternativas. Tampoco a la necesidad de dar respuesta al hacinamiento, la inseguridad, la desocupación, la pobreza, la falta de alimentos, el no acceso a una alimentación saludable, el desaliento.

Nos parece que hay dos temas sobre los que ir avanzando, en tanto se clarifican objetivos de largo plazo:

- El arraigo; no podemos perder ni un productor, ni un joven, ni un trabajador rural más; deben quedarse con dignidad y esperanza para generar, sostener alternativas y compartir sus conocimientos. Hay mucho dicho, propuesto y hecho al respecto.

-La “Marcha al Campo”; consiste en el traslado planificado y voluntario de grandes grupos de familias a un territorio rural próximo o distante, con el objetivo de poblar, facilitar el trabajo digno, el cuidado del ambiente, la producción y elaboración de alimentos saludables, el desarrollo local y regional. Esta propuesta trasciende la “colonización” tradicional, asociándose en mayor medida con la “Reforma Agraria Integral” que promueven organizaciones y movimientos sociales, de la que bien podría ser un primer paso, si se planteara con la escala y condiciones políticas y presupuestarias adecuadas.

Implica una política de Estado, de largo plazo, ordenada a través de Un Plan Nacional, que requiere la participación de múltiples actores. Para algunos podría ser la añorada “vuelta al campo” del que fueron expulsados; pero será necesario también contemplar otro tipo de interesados.

Sobre esta línea de acción es menor la reflexión y propuesta desde las organizaciones sociales o la academia. El Proyecto de Ley “La Marcha al Campo” del lng. Agr. Guillermo Gallo Mendoza puede ser un primer paso en ese aspecto.

CALISA FAUBA

(*) Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria-Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires

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