Pesadillas impuestas, sueños inconclusos

Por Carlos del Frade

El sueño del país llamado Argentina cumplirá doscientos años el próximo 25 de mayo de 2010. Aunque los pueblos que forjaron el proyecto colectivo tengan una edad mayor, veinte mil años patria, dirían los cantantes populares.

El sueño inconcluso llamado Argentina tiene un mandato latente que vive en las necesidades de los que son más.

Palabras que vienen de lejos pero son tan nuevas como las urgencias.

Los primeros pobladores que llegaron desde el corazón del Amazonas, los guaraníes, hicieron rodar la esperanza colectiva. La llamaban aguyje, la plenitud para todos y no para pocos. Debía alcanzarse esa plenitud existencial en un lugar. En donde hubiera futuro sin exclusiones, igualdad y belleza en los corazones y las manos de sus habitantes. Ese lugar proyectado era llamado la tierra sin mal.

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Diseño e imagen: Caro Butron Avalos



PESADILLAS IMPUESTAS,
SUEÑOS COLECTIVOS INCONCLUSO





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Por Carlos del Frade


El sueño del país llamado Argentina cumplirá doscientos años el próximo 25 de mayo de 2010. Aunque los pueblos que forjaron el proyecto colectivo tengan una edad mayor, veinte mil años patria, dirían los cantantes populares.

El sueño inconcluso llamado Argentina tiene un mandato latente que vive en las necesidades de los que son más.

Palabras que vienen de lejos pero son tan nuevas como las urgencias.

Los primeros pobladores que llegaron desde el corazón del Amazonas, los guaraníes, hicieron rodar la esperanza colectiva. La llamaban aguyje, la plenitud para todos y no para pocos. Debía alcanzarse esa plenitud existencial en un lugar. En donde hubiera futuro sin exclusiones, igualdad y belleza en los corazones y las manos de sus habitantes. Ese lugar proyectado era llamado la tierra sin mal.

Cuando menos de ciento setenta personas decidieron inventar un nuevo país en mayo de 1810, el mandato inconcluso de los guaraníes se hizo letra de proyectos políticos surgidos de una ciudad puerto que no conocía el interior de desmesuradas pampas, ríos marrones y montañas inacabables.

Manuel Belgrano, Mariano Moreno, José Gervasio Artigas, Martín Miguel de Güemes, José de San Martín, Juan José Castelli y otros más cabalgaron, sangraron y fueron desaparecidos, asesinados, olvidados y exiliados por aquella esperanza colectiva que hundía sus raíces en los pueblos originarios.

Los nueve puntos que Belgrano le pasó a Moreno para redactar el Plan de Operaciones de 1810 decía que para ser felices había que distribuir la riqueza y que para lograrlo primero era necesario pelear contra las riquezas acumuladas en algunos pocos individuos afortunados.

Era la nueva versión de la tierra sin mal. Moreno desarrolló la idea, el mandato inconcluso en la plataforma política del movimiento surgido en mayo de 1810 y se hizo miles a través de aquel primer líder popular que fue Artigas. Y luego apareció en Salta, Cuyo, el Alto Perú, Tucumán, Jujuy y las tierras misteriosas del Litoral.

Doscientos años después, el proyecto sigue inconcluso.

No habrá distribución de la riqueza hasta tanto no se haga realidad aquel proyecto de ir contra la riqueza acumulada en pocas manos.

Y lo que sucede en estos arrabales del cosmos cuyas clases gobernantes son tan atentas a los designios de los organismos internacionales termina ocurriendo en otros parajes de la aldea global.

Las Naciones Unidas habían planteado que para el año 2000 la pobreza debía reducirse a la mitad. Loable intención. Palabras de ocasión.

Pero si no se cumple con aquel mandato de naciones que todavía no terminan de concretar sus sueños colectivos inconclusos es difícil que haya justicia en el mundo.

Dicen el Banco Mundial y el Fondo Monetario que ya no será posible alcanzar aquella meta ni siquiera para 2015.

Y afirman como si describieran una catástrofe natural e inevitable que "cada semana, 200 mil niños de menos de 5 años mueren de enfermedades y 10 mil mujeres mueren en partos."

Los organismos, conocidos hacedores de pesadillas colectivas, "urgieron a la comunidad internacional a actuar de manera enérgica e inmediata para reducir la pobreza extrema y mejorar las perspectivas económicas y sociales de la población de los países en vías de desarrollo", dicen las crónicas periodísticas.

Y repitieron una receta en la cual descreían tipos como Belgrano, Moreno, Artigas y San Martín, entre otros. Sostuvieron, una vez más, como lo vienen haciendo en las últimas seis décadas que "los países industrializados deberán duplicar su ayuda al desarrollo en los próximos cinco años".

James Wolfensohn, nuevo director del Banco Mundial, explicó que "no sólo están en juego las perspectivas de cientos de millones de personas de escapar de la pobreza, el hambre y la enfermedad, sino que también las expectativas de seguridad y paz a largo plazo están profundamente ligadas al desarrollo".

Y remarcó como suelen hacer las grandes potencias desde hace siglos, en este caso, que "los países pobres deben crear un entorno propicio para la inversión privada, aumentar el alcance y mejorar la calidad de los servicios básicos a la población y desmantelar las barreras comerciales proteccionistas".

Ante el autopromocionado fracaso de estas recomendaciones, sería bueno volver a los sueños colectivos inconclusos de los pueblos del sur.

Aquellos mandatos que siguen buscando la felicidad colectiva, como quieren los viejos fantasmas de Moreno y Belgrano que viven en el interior de cada uno de los que son más en estas tierras

Fuente: Agencia Pelota de Trapo

10/05/05


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