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Delincuencia juvenil: evitar respuestas simples a un problema grave y complejo.

El asesinato de un niño de tres años por un adolescente de 16 que lo ejecutó de un tiro (sonriendo según el padre de la víctima) es la imagen del horror absoluto en una sociedad enferma. Producto de una sucesión de Gobiernos que desde hace decenios hasta el actual han podrido hasta la médula el Estado y todas sus instituciones. Por Alejandro Teitelbaum

( « La sociedad tiene los delincuentes que se merece ». Antonio Beristain Ipiña. Jóvenes infractores en el tercer milenio)


I. Desde que nace, el ser humano, portador de la impronta genética de sus predecesores, comienza a recibir directa o indirectamernte –tanto en su cerebro como en todo su organismo- la influencia del medio familiar, de la colectividad cercana y de la sociedad en general.
Todo ello, los caracteres hereditarios y adquiridos y sus propias percepciones, van formando la personalidad del ser humano.

Es obvio que la familia y la escuela ocupan –o deben ocupar- un lugar central en ese proceso de formación de la personalidad.

Hasta hace algunos años se suponía que las neuronas y las conexiones interneuronales, que se cuentan por cientos de miles de millones, se formaban definitivamente en el feto y en los primeros años de vida y desde entonces no sufrían cambio alguno.

Pero estudios posteriores llegaron a la conclusión de que –sobre todo en la infancia y en la adolescencia- existe un proceso de selección por el cual desaparecen neuronas y conexiones por el no uso y aparecen otras. Por razones puramente biológicas y genéticas y también en función de la existencia o no de estímulos exteriores de cualquier naturaleza (culturales en sentido amplio y materiales).

De modo que se puede afirmar que las aptitudes y comportamiento de cada ser humano que son la manifestación de su personalidad (capacidad o no de concentración, habilidad particular para actividades manuales o para el aprendizaje de una ciencia o arte determinados, hiperactividad, apatía, tendencias violentas, inhibiciones morales o sociales fuertes o débiles , etc.) están determinados por causas genéticas y biológicas y por los diferentes estímulos materiales y culturales que recibe del medio que lo rodea. Y que su personalidad puede cambiar si cambian los estímulos exteriores que recibe.
Esto último es lo que los neurobiólogos llaman « plasticidad cerebral ».

Esta sería la regla general, que no comprende los casos particulares originados en psicopatolgías hereditarias o provocadas por lesiones cerebrales irreversibles causadas por accidentes o por el consumo prolongado de ciertas drogas, como es el caso de la cocaína, que según algunos especialistas, daña precisamente el lóbulo prefrontal del cerebro, que desempeña un papel clave en la toma de decisiones, como veremos enseguida (Véase El consumo de cocaína y sus repercusiones neuropsicológicas. Agustín Madoz-Gúrpide. Psiquiatra. Centro de Salud Mental de San Blas. Madrid).

En el caso particular de los adolescentes, la pubertad y sus manifestaciones fisiológicas implican cambios notables en el comportamiento que es objeto de estudio de numerosos autores. Entre ellos cabe citar a Aníbal Ponce y sus libros « Ambición y angustia de los adolescentes » y « Diario íntimo de una adolescente ».

Para Ponce, el paso de la niñez a la adolescencia significa un cambio fundamental en las relaciones sociales. El mundo del niño es el hogar, la escuela y el barrio. Y su comportamiento suele ser racional. El adolescente descubre la sociedad, que le resulta incomprensible y hostil. Y su reacción es emocional, impregnada de angustia y de rebeldía.

En el momento de la toma de una decisión por parte de un niño o de un adolescente todos esos elementos entran en juego y están « orquestados », por así decir, por el lóbulo prefrontal del cerebro, donde radica la toma de decisiones, según explican los neurobiólogos.
Daremos un ejemplo relacionado con el tema que nos ocupa.

Un joven que no posee un teléfono celular siente un fuerte deseo de tener uno, pero no tiene dinero para comprarlo y sus progenitores no pueden o no quieren comprárselo.
Piensa entonces en robar uno y tiene que decidir si hacerlo o no. En ese momento entran en juego todos los elementos de su personalidad « almacenados » en distintas partes de su cerebro. El lóbulo prefrontal « interroga » a esas distintas partes del cerebro y de las respuestas predominantes que recibe depende la decisión que tomará el adolescente. « No se debe robar » puede ser una respuesta fuerte o débil. El temor a ser atrapado puede tener también una respuesta débil o fuerte. Y también la violencia implícita en el robo puede tener una respuesta débil o fuerte.
Las respuestas fuertes predominantes determinarán la decisión del joven.

Si su decisión es robar, ya pasado al terreno de los hechos puede encontrarse con la resistencia de la víctima que lo obliga a tomar nuevas decisiones: emplear la violencia e incluso matar. Y en ese momento actuará según las respuestas fuertes que le dicte su personalidad.
Pero en la decisión que tome pueden intervenir otros factores circunstanciales: el consumo habitual o previo al hecho de drogas o alcohol que deterioran la función reguladora del lóbulo prefrontal y anulan los mensajes inhibitorios como el miedo al eventual castigo, el rechazo a la idea de robo, de violencia o de homicidio.
Otro factor circunstancial puede ser la presión mediante amenazas ejercida por un adulto instigador que puede ser un delincuente común o un policía corrupto.

Para profundizar el conocimiento de los mecanismos cerebrales esquematizados con los ejemplos precedentes, aconsejamos leer a algunos especialistas. Entre ellos los neurobiólogos Jean Pierre Changeux (El hombre de verdad, especialmente los capítulos I, III, IV y VI) y Antonio Damasio (El error de Descartes, capítulos II y III) .
II. El tema de la delincuencia juvenil preocupa a los especialistas hace decenios pero últimamente la opinión pública se ha apropiado del mismo y lo maneja con cierta dosis de irracionalidad. Esto último se explica porque a veces impacta fuertemente a aquélla en razón del carácter especialmente abominable de ciertos crímenes y de que su proliferación aumenta el temor de la gente a engrosar la lista de víctmas .
La otra razón es que ese tipo de delincuencia crece a escala mundial de manera perceptible, con distintos ritmos según los países.

En Argentina, el asesinato cometido por Brian, un joven de 15 años habitante de la villa 1-11-14 del Bajo Flores, quien mató a otro joven de 14 años también llamado Brian, ha dado lugar a que el Gobierno proponga la disminución de la imputabilidad penal de 16 a 14 años.
Las reacciones adversas de diversos sectores a tal propuesta han sido inmediatas. Muchas de ellas limitadas a oponerse a la baja de la edad de la imputabilidad sin formular propuestas globales alternativas para afrontar el grave problema de la delincuencia juvenil.
También trascendió que algunos funcionarios postulan una reforma global –indispensable-del régimen de menores.

Pero en el Gobierno parece haber prevalecido la respuesta simplista y represora, que consiste en bajar la edad de la imputabilidad, modulándola según la gravedad del delito cometido.

En efecto, a principios de marzo de 2017 el ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, informó a los medios que avanza el proyecto que busca reformar el régimen penal juvenil y que la mesa de especialistas que lo elabora busca "reducir la imputabilidad a partir de 14 años para delitos gravísimos, como homicidios o violaciones". El proyecto, dijo Garavano, se centra en la posibilidad “de una baja [de la edad de la imputabilidad] para delitos realmente graves, como homicidios, violaciones y eventualmente delitos de robos con armas. Tener una escala en donde para delitos extremos se baje a 14 años, delitos muy graves a 15 y para los graves a 16 ».

Este proyecto no tiene en cuenta que la pena, además de su función retributiva-represiva tiene una de prevención general y otra de prevención especial, y que esta última permite modularla en función de la edad y la personalidad del autor del delito. El proyecto gubernamental expuesto por el Ministro de Justicia invierte de alguna manera este criterio generalmente aceptado y propone ampliar la imputabilidad de los menores en función de la gravedad de los delitos que les son imputados.

Con la propuesta de Garavano podría ocurrir que un chico de 14 años que ha cometido delitos muy graves sea condenado a cadena perpetua. Y en Argentina, bajo el régimen de la « ley» 22278 y su modificatoria 22803, aun vigentes, se ha condenado a cadena perpetua a jóvenes que cometieron delitos siendo menores de edad. Esas condenas dieron lugar a que en 2013 la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenara al Estado argentino a revocar dichas sentencias y lo conminara a reformar el régimen penal de menores. (Véase http://www.elmundo.es/america/2013/07/14/argentina/1373831342.html)
Y Argentina ya ha sido condenada en 2013 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por aplicar dicha pena a menores de edad.

La delincuencia juvenil en progresión acelerada es un fenómeno real aunque se pretenda minimizarlo con estadísticas –no siempre fiables- que muestran el bajo porcentaje de delitos cometidos por jóvenes.
Las causas de la delincuencia juvenil son múltiples y complejas (económicas, sociales, políticas y culturales) y está claro que no se la combate bajando la imputabilidad a 14 años. Ni se resuelve simplemente mandando los chicos a la escuela o aumentando los salarios más bajos, para permitir una escolarización completa. Que son medidas preventivas indispensables pero no correctivas.

Pero además, hace años que padecemos una sociedad donde los delitos de todo tipo cometidos por las elites políticas y económicas es altamente rentable y goza de total –o casi total- impunidad.
En las capas desposeídas de la población la delincuencia y la impunidad de las elites económicas produce el llamado « efecto de demostración o de imitación » que consiste en que las clases populares tratan de imitar los comportamientos de las elites a fin de de identificarse con éstas. Fue teorizado por James Stemble Duesenberry (Duesenberry, James, Income, Saving and the Theory of Consumption Behaviour. Harvard University Press, 1949).

Efecto de imitación que a veces se traduce en la frase justificante de un comportamiento delictivo: « todos roban, yo también ».

La sociedad de consumo ha trastocado totalmente la escala de valores. La posesión de un teléfono móvil o de un par de zapatillas de marca bien puede valer un robo y eventualmente un asesinato. Un caso extremo se registró en Argentina en febrero de este año (2017). Un joven de 16 años mató a golpes a una criatura de un año y medio, hija de su pareja de 18, porque le rompió el celular.

Un factor agravante es el narcotráfico y la mafia de los narcotraficantes, que ha penetrado desde hace bastante tiempo todos los estamentos de la sociedad, desde las elites dirigentes hasta el « dealer » de barrio y la policía. Parte de esta última se dedica a involucrar mediante amenazas en el narcotráfico a menores vulnerables que cuando se niegan a hacerlo son víctimas del « gatillo fácil ».
En ese contexto social no es sorprendente el aumento de la delincuencia juvenil, al que se agrega muchas veces un entorno familiar desfavorable (padres carentes de educación, o que no pueden o no les interesa ocuparse de sus hijos o ellos mismos delincuentes).

Las estadísticas muestran que la delincuencia juvenil es ampliamente mayoritaria entre las clases más pobres pero que también existe en las clases medias y altas. Por ejemplo ocurre con bastante frecuencia que jóvenes alcoholizados y/o drogados manejando a alta velocidad su propio auto o el de su padre no respetan las señales de tránsito o se suben con el auto a las veredas y atropellan y matan transeúntes u ocupantes de otros vehículos.
O cometen violaciones individualmente o en grupo que a veces termina con la muerte de la víctima.

Ni el Gobierno actual ni los anteriores ni prácticamente ninguna fuerza de todo el espectro político se ha mostrado capaz de hacer un diagnóstico integral del problema, poniendo en evidencia todas sus raíces, ni de proponer soluciones viables y realmente eficaces.

Eso no quiere decir que no haya reflexiones y trabajos interesantes, pero que no benefician de una adecuada mediatización.

Encontramos, por ejemplo, un artículo de la doctora Ximena Morales quien analiza las distintas ideas al respecto de los especialistas y concluye su estudio con esta reflexión:
« Luego de un detallado análisis de todo lo expuesto, me atrevo a concluir que bajar la edad de imputabilidad de los menores no es la solución adecuada para evitar el aumento, o al menos frenar la criminalización de los mismos. Esta finalidad política, cual es, disminuir el índice delictivo de adolescentes, debe alcanzarse a través de medidas no político-criminales, sino impulsando estrategias multidisciplinarias que abarquen la educación, salud, capacitación laboral, recreación, actividades deportivas, entre otras.
Quizás no sea necesaria una reforma legislativa, bastando simplemente con el pleno acatamiento del plexo normativo local e internacional.
La modificación del régimen penal minoril, disminuyendo la edad de imputabilidad no es la solución a los problemas planteados, sino que incluso implican un alejamiento a los lineamientos internacionales.
Los jóvenes son una responsabilidad estatal y de la sociedad toda. Los desvíos de su comportamiento son problemas que ameritan un abordaje interdisciplinario y un compromiso absoluto ».
Al fin y al cabo, corresponde que nos preguntemos qué tipo de sociedad queremos, y en consecuencia, cómo pretendemos que esta sociedad trate a nuestros niños ».-
(La imputabilidad de menores- http://iaepenal.com/revista/index.php?option=com_content&view=article&id=1556:imputabilidad-de-menores&catid=296:numero-2&Itemid=544).

Los chicos que han saltado el cerco al campo de la delincuencia y roban, trafican y hasta matan, viven en un mundo virtual donde todo está permitido y, bajo la influencia del medio que los circunda, incluyendo la incitación al consumismo, la adicción a la televisión y a los juegos electrónicos ultraviolentos, carecen de barreras morales y sociales . Sugerir que se los puede recuperar enviándolos a la escuela, según unos y, agregan otros, proporcionándoles a las familias de más bajos ingresos los medios necesarios para ello, es producto de una actitud demagógica, y/ o reveladora de un profundo desconocimiento del tema.

Basta preguntarle a un docente de una escuela de un barrio « difícil » de Argentina, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o de cualquier otro país qué puede hacer con un alumno de su clase que no es un delincuente juvenil pero que simplemente se niega a estudiar y la respuesta será desoladora.

¿Qué puede hacer entonces la escuela común con un chico que ha perdido todo sentido social y ha caído en la delincuencia? Prácticamente nada.

Pero la escuela común puede desempeñar un papel fundamental para formar niños y adolescentes inteligentes, observadores, imaginativos, autodisciplinados, trabajadores, estudiosos y con espíritu crítico. A condición de que la escuela cuente con educadores competentes, con psiquiatras, médicos y asistentes sociales. Y que la escuela proporcione a los alumnos de las villas y de los barrios populares (adonde deben destinarse los docentes más motivados y más competentes) el desayuno y el almuerzo gratuitos, a fin de que estén bien alimentados.
Y también extender el doble turno (optativo o no) a todas las escuelas del Estado, que actualmente en Argentina involucra a algo más del 6% de las escuelas públicas. No para atosigar todo el tiempo a los alumnos con lecciones, sino para incluir en la jornada contenidos artísticos, culturales y deportivos y períodos de juego y de descanso que se alternen con los de trabajo .
Por cierto que este sistema del doble turno está fuera del alcance de la inmensa mayoría de las familias más modestas que envían sus chicos a la escuela pública.
Pero es accesible a las familias de clase media y alta que pueden pagar escuelas privadas que ofrecen dicho sistema.
Dicho en otros términos, la oferta educacional en Argentina hace decenios que es marcadamente clasista. Y discriminatoria desde el punto de vista territorial, pues el porcentaje de escuelas públicas de doble turno es menor en las provincias pobres, donde más hacen falta.
Pero para los jóvenes que ya han saltado el cerco al campo de la delincuencia, hacen falta establecimientos (por ejemplo colonias agrícolas o manufactureras), donde, guiados por trabajadores y educadores especializados, estudien y trabajen, sujetos a una disciplina severa, de modo que, contando con su « plasticidad cerebral », aprendan a tomar iniciativas, a trabajar y a estudiar en equipo y también a practicar deportes y así desarrollar el sentido de la responsabilidad, de la autodisciplina, de la solidaridad y de la cooperación .
En este aspecto vale la pena consultar las ideas y la práctica de Antón Makarenko, autor de Poema pedagógico, quien dirigió centros reeducativos para jóvenes delincuentes en los primeros años de la revolución soviética. Puede verse en la Revista de la UNESCO Perspectives: revue trimestrielle d’éducation comparée, vol. XXIV, n° 1-2, 1994, p. 83-96. Anton Sémionovitch Makarenko (1888-1939) por G.N. Filonov (http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/makarenf.pdf).

Las víctimas reales y potenciales de la delincuencia juvenil –y de la delincuencia en general- tienen, lógicamente, miedo. Y el miedo puede ser un muy mal consejero.
No es de extrañar entonces que la solución propuesta por el Gobierno, que aparece como meramente represiva, encuentre bastante eco en buena parte de la población y que ésta, « privada de discernimiento y sentido crítico» como decía Mira y Lopez citado más arriba en la nota 4, y sin poder cotejarla con una propuesta alternativa coherente y eficaz, la apruebe mayoritariamente.

III. Es realmente escandaloso que después de 34 años del « restablecimiento de la democracia », como se suele decir, ninguno de los gobiernos que se sucedieron haya modificado el régimen penal de la minoridad establecido por las « leyes» 22278 y 22803 de la dictadura militar.

Dichos textos son violatorios de derechos fundamentales consagrados en la Constitución Nacional y en la Convención Internacional de los Derechos del Niño y otros instrumentos internacionales de los que Argentina es parte y están también en contradicción con la ley argentina 26061 de 2005 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes que, por el momento, no pasa de ser una expresión de deseos.

Como se ha señalado en la nota 6, en años recientes se presentaron en el Parlamento varios proyectos de reforma pero ninguno fue aprobado por ambas Cámaras. El 25 de noviembre de 2009 fue aprobado uno en la Cámara de Senadores denominado Régimen legal aplicable a las personas menores de 18 años en conflicto con la ley penal, que pasó a la Cámara de Diputados, donde quedó encajonado hasta que perdió estado parlamentario.

1 También se atribuye al consumo inmoderado de bebidas sin alcohol llamadas energizantes un efecto similar a las drogas y al alcohol.

2 Una buena y breve reseña del libro de Changeux puede encontrarse en http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=47802817. Y del libro de Antonio Damasio en https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2011/11/28/el-error-de-descartes/
Otro libro que vale la pena consultar es Neuroética, cuando la materia se despierta de Kathinka Evers, Katz Editores, Buenos Aires, 2010.

3 En 1964 la UNESCO publicó un excelente libro de William C. Kvaraceus : La delincuencia de menores un problema del mundo moderno. http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001334/133434So.pdf
4 Esas reacciones irracionales dictadas por el miedo (y/o los prejuicios) las explicaba Emilio Mira y López en Cuatro gigantes del alma, en el capítulo dedicado al miedo :
« En la(s) víctima(s), esos sentimientos de miedo, pánico o terror pueden provocar reacciones instintivas de autodefensa, neutralizar la voluntad e incluso privarla(s) totalmente de discernimiento y/o sentido crítico ».
Es así como como mucha gente reclama castigos más severos para los delincuentes –jóvenes o no- y hasta se producen linchamientos y asesinatos « autodefensivos».


5 ¿Quiénes integran la « mesa de especialistas »? ¿Hay educadores, sociólogos, psiquiatras, neurobiólogos, como debería haber o sólo juristas y otra gente que « toca de oído » en la materia ? ¿Se ocuparán también de la prevención, de la reforma total -necesaria y urgente- del régimen de internación de menores, actualmente indigna de un país civilizado ? Parafraseándolo a Clemenceau, quien dijo "La guerra es un asunto demasiado serio como para dejarselo a los militares", podríamos decir que la delincuencia juvenil es un asunto demasiado serio como para dejárselo sólo a los abogados.

6 En los doce años del Gobierno precedente se crearon instituciones oficiales, como la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (creada por ley 26061 de 2005 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes ) y el Consejo Federal de Niñez, Adolescencia y Familia y también oficiosas, presuntamente destinadas a atacar el problema, se publicaron estudios y estadísticas, en el Parlamento se presentaron varios proyectos de reformas al régimen de menores que nunca fueron sancionados , etc. (Véase http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2014/12/doctrina29437.pdf). Pero el régimen de menores establecido por la dictadura militar continuó intocado y el clima económico-social de las barriadas populares continuó siendo el caldo de cultivo de la delincuencia juvenil. La política presupuestaria, económica y laboral del actual Gobierno continuará sin duda alimentando ese deletéreo caldo de cultivo en las villas y barriadas populares.

7 Cabe agregar que el uso inmoderado de los twitters como medio de comunicación (en los que se contraen palabras y se prescinde de la ortografía y de las reglas gramaticales) conduce al empobrecimiento del lenguaje y, como consecuencia, al empobrecimiento del pensamiento.
(Véase Vigotsky, Pensamiento y Lenguaje, pag 72 de la edición electrónica http://www.ateneodelainfancia.org.ar/uploads/Vygotsky_Obras_ escogidas_Tomo_2.pdf).
Jean Piaget, con un enfoque diferente al de Vigotsky, resaltó también
la íntima relación entre el pensamiento y el lenguaje (Piaget, J. e Inhelder, B. (1968). Psicología del niño; Piaget, J. (1968/1976). El lenguaje y el pensamiento en el niño. Estudio sobre la lógica del niño (I), etc. Michel Desmurget proporciona estadísticas sobre los efectos extremadamente nocivos del sobreconsumo de televisión y de la utilización del lenguaje twitter sobre los niños y los adolescentes franceses (Desmurget, TV Lobotomie, la vérité scientifique sur les effetts de la televisión.Edit J‘Ai Lu, Paris, reedición septiembre 2013).
Las redes de comunicación electrónica como Facebook, suelen tener consecuencias negativas para el ejercicio de la conciencia reflexiva o introspección, uno de los elementos fundamentales (el otro es la comunicaciónexterna) del desarrollo de la conciencia y la formación de la personalidad. En efecto, el momento indispensable de la introspección (¿quién soy? ¿qué hago? ¿qué haré?) es suplantado por un intercambio irreflexiva con terceros (a veces con una cantidad indeterminada de personas desconocidas) de esas cuestiones existenciales.

8 La existencia de escuelas que reunan esas características es un objetivo irrealizable mientras el presupuesto para educación no sea la primera prioridad de las políticas nacionales. Y no lo será mientras la gestión del Estado esté determinada, como lo ha sido casi siempre, y desde hace mucho tiempo hasta ahora, no por el progreso económico, social y cultural de las grandes mayorías sino por maximizar –por cualquier medio- las ganancias de las elites económicas.

9 Aunque esta propuesta escandalice a los sociólogos y educadores foucaultianos, adversarios de toda disciplina, inclusive la escolar, que consideran al servicio del poder establecido.
Foucault, en Vigilar y castigar escribe acerca de un poder disciplinante y represor que se ejerce en las cárceles, en los hospitales, psiquiátricos o no, en las escuelas, en las fábricas, sobre los presos (sean estos delincuentes primarios autores de delitos menores o asesinos multirrecidivistas) sobre los estudiantes, sobre los esquizofrénicos, paranoicos, maníacos depresivos, etc. o catalogados como tales y sobre los trabajadores.
Foucault no hace mayor distinción entre el tipo de poder disciplinario que se ejerce sobre los delincuentes encarcelados, el que ejerce el patrón sobre los asalariados para asegurar su tasa de beneficio y el indispensable poder disciplinario del docente sobre los jóvenes alumnos para conseguir resultados satisfactorios en la enseñanza. Véase, de nuestra autoría, el capítulo dedicado a Foucault en El papel desempeñado por las ideas y culturas dominantes en la preservación del orden vigente, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2015.

 

 

 
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