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Prácticas laborales en CABA: aprender precarización

Las prácticas laborales obligatorias que puso en marcha este año el gobierno de la ciudad de Buenos Aires ingresan en un sector de adolescentes y jóvenes que están a las puertas de un mercado laboral exquisito, preparado para rechazarlos en masa. En horas de clase –el ministerio de Educación de CABA prefiere resignar la formación ya deficiente en matemáticas o lengua- deposita a los alumnos en manos de empresas o ámbitos del estado como la Policía de la Ciudad para foguearlos en lo que vendrá. Por Silvana Melo – Agencia Pelota de Trapo

Para que empiecen a conocer el mundo: retracción de las horas de clase, trabajo precario y no rentado y utilización para una suerte de explotación laboral legalizada. Que aparece después de los casi dos años de pandemia, de escuela en constante situación de tambaleo –en todo el país incluida la CABA- y de desempleo que afecta brutalmente al mismo sector que se manipula.

Con una escuela –en todo el país incluida la CABA- que no los forma para la hostilidad del mundo, un mercado laboral que exige experiencia y calificación, una oferta de precarización e informalidad, 29.400 alumnos practicarán trabajo gratis este año en empresas que los usarán y luego los sacarán a la vereda. En el tercer trimestre de 2020 la tasa de desempleo de los jóvenes duplicó a la tasa adulta: 11,7% contra 21,2%. Un informe del PNUD del tercer trimestre de 2021 coloca la desocupación en el 8,2%. La juvenil sube al 17,7%. En 2017 un cuarto de los jóvenes de entre 16 y 24 años estaba desempleado: triplicaba la desocupación adulta.

Las prácticas que puso en marcha Horacio Rodríguez Larreta y su ministra de Educación Soledad Acuña en escuelas públicas y privadas, son parte del diseño curricular de la “Secundaria del Futuro”, concepto con buena resonancia pero que no incluye la aclaración que tranquilice a los jóvenes: ¿será mejor, la misma o definitivamente restringida a unos pocos? Se habla de “el desarrollo de estrategias que les faciliten a los estudiantes la transición desde la escuela hacia su futura inserción en el mercado laboral y de los estudios de nivel superior”.

La práctica laboral en el Centro de Monitoreo de la Ciudad, donde la policía vigila a la ciudadanía, no parece ser la mejor idea. Después del asesinato de Lucas González, de 17 años, que jugaba de volante por izquierda en Barracas Central, la Correpi contró 121 crímenes por parte de la policía de la Ciudad en cinco años. Gran parte de ellos muy jóvenes. ¿Qué sentirán los 150 chicos que harán prácticas con la policía, apenas ocho meses después del asesinato de Lucas?

“En el Comercial 5 de Balvanera, el ministerio de Educación impuso que dichas prácticas se llevarán a cabo en Rappi, en los llamados “turbos”, que son una especie de minimercados, sin atención directa al público, donde entregan el pedido a través de una ventanilla”, denunció La izquierda diario. Repartos como Rappi, Glovo, Pedidos Ya o Mercado Libre son el símbolo del trabajo precarizado preparado para la juventud sin calificación, sin estudios superiores, con escasa esperanza de promoción social. La changa legitimada a través de una aplicación, con el riesgo constante que despliega la calle ante quien maneja una moto o una bicicleta con la velocidad que le permita repartir más. Ganarán entre 200 y 450 pesos la hora, según la distancia y el tipo de entrega.

El 40 % de las familias que envían a sus hijos a la escuela pública son pobres. El 60% de esos niños y jóvenes también lo son. Los alumnos de 5º año están conociendo la precarización de la que serán carne en poco tiempo. Algunos ya trabajan en hamburgueserías o repartos para poder seguir estudiando. Las empresas que los contratan aumentaron sus ganancias exponencialmente, al ritmo de la pauperización de las poblaciones durante la pandemia. Marcos Galperin, propietario de Mercado Libre, se mudó al Uruguay después de acumular una ganancia de 89,3 millones de dólares en 2020: aumentó su fortuna un 61% en apenas un año.

Frigoríficos, medios de comunicación poderosos, empresas de tecnología, concesionarios de Servicios de Comedores y Refrigerio para escuelas, cadenas de gimnasios, sandwicherías, bancos, reciben a los chicos dos días por semana entre las 8 y las 12 y aprovechan una mano de obra sin costo laboral: no hay salario ni aportes previsionales ni ART ni obra social ni sindicato que defienda.

Es decir que dos días por semana pierden la totalidad de las horas de clase para aprender, rápidamente, precarización.

Una foto brutal de la educación en el país. Donde sólo 16 chicos de la cada cien egresan de la escuela en tiempo y con conocimientos consolidados. Las aulas de CABA no son una excepción: apenas una variante del deterioro.

Para la ministra de Educación son “populismo educativo” el lenguaje inclusivo –al que responsabilizó absurdamente de los malos resultados- y la alimentación en la escuela en medio del proceso de enseñanza y aprendizaje. Porque aprender con hambre es una quimera. Por eso, acaso, restringir la escuela –y el esquema de país- a una minoría.

A los que se quedan en el camino, a los “perdidos en el pasillo de una villa o en actividades de narcotráfico” (Soledad Acuña) nunca se los fue a buscar. Condenados como tantos a los suburbios de ese futuro del que hablan, en el que piensan. Y para el que trabajan.

 
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