Red Eco Alternativo ***

Hablemos de tortura en democracia, hablemos de Diego Gallardo

El 11 de enero de 2005, Diego Gallardo, un joven de 20 años perdía la vida en manos de cuatro policías que lo torturaron junto a otros siete detenidos que se encontraban en la comisaría 3ra de Avellaneda.

La autopsia determinó que fue a causa de una brutal paliza: Cincuenta y siete lesiones similares, equimóticas y excoriativas producidas por golpes con un elemento duro, romo y cilíndrico de unos 4 cm. También había fracturas craneales, hematomas y hemorragias cerebrales; lo que derivó en vómitos incoercibles que desgarraron su estómago y esófago, e inevitablemente provocó una hemorragia interna.

Luego de la tortura, los oficiales Marcelo Fiordomo y Hernán Gnopko, y el suboficial Julio Silva, bajo la dirección del subcomisario Rubén Gómez, repartieron a los ocho detenidos en distintas comisarías. Pero antes firmaron certificados “truchos” que aseguraban que ninguno tenía lesiones. Gallardo junto a otro compañero fueron a parar a la comisaría 1ra, donde agonizó durante quince largas horas tirado en uno de los pasillos. De nada sirvió el pedido desesperado de los otros detenidos, testigos de la lenta y dolorosa muerte.

Los siete sobrevivientes de la tortura, con mucho valor, pudieron relatar los hechos. Gracias a ello y una lucha incansable, los policías torturadores fueron llevados a juicio y condenados a prisión perpetua.

Pero hay un detalle y no es menor: el hecho fue calificado como “homicidio agravado” y no como tortura, ¿por qué?. La explicación que le encontramos es la misma que damos sistemáticamente ante cada caso de estas características. No es casualidad ni mucho menos un descuido, el caso de Diego Gallardo retrata exactamente cuáles son los mecanismos que utiliza el poder judicial para desligar al estado de cualquier responsabilidad, cada vez que un pibe o una piba son asesinados por su aparato represivo.

El hecho de que la condena sea por homicidio agravado permite que el estado eluda su responsabilidad de tener que rendir cuentas ante los organismos internacionales de derechos humanos. De esta manera, los asesinos y torturadores quedan como meros “excedidos del normal rigorismo policial”; una jugada majestuosa en la que lxs pobres siempre salimos perdiendo, cuando no muriendo.

El aparato judicial protege a los asesinos y legitima la represión, el asesinato y la tortura.

La tortura sistemática en cárceles y comisarías es una modalidad represiva que existió no solo en dictadura, sino también en democracia.

A 13 años de la tortura seguida de muerte de Diego Gallardo seguimos y seguiremos gritando: ¡EL ESTADO ES RESPONSABLE!

Diego Gallardo y todas las pibas y los pibes asesinados por el aparato represivo del estado, ¡PRESENTES!

 

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