La pobreza y el resultado de las PASO: No hay planes ni plan

Las cifras del INDEC confirmaron las sospechas: una familia necesita casi $30 mil para no ser indigente y son muchas las que no lo alcanzan. Sin el IFE, se acentuó el fenómeno de quienes tienen trabajo pero son pobres. Y desde el territorio reclaman: “Se navegan los conflictos sin un horizonte”.

Tras la crisis institucional desatada luego de conocerse el resultado de las PASO, en las cuales el oficialismo perdió cerca de veinte puntos porcentuales desde 2019, se conocieron los números que explican, en parte, el fenómeno.

Según el INDEC, en agosto el costo de la Canasta Básica Alimentaria, que establece la línea de indigencia, aumentó un 0,7% y el de la Canasta Básica Total, que delimita la de pobreza, un 1,2%. En dinero, significa que una pareja con dos hijos menores necesitó $29.213 ese mes para no ser indigente y $68.359 para no ser pobre, números que están muy por encima del poder adquisitivo de una enorme parte de la población.

“Hay una naturalización de la pobreza tremenda. El problema es estructural y es mucho más que un tema de dinero, tiene que ver con los accesos a la salud, a la educación, a todos los mecanismos que tiene el Estado y no están funcionando como corresponde –detalla Laura Taffetani, abogada y referente de Pelota de Trapo, organización social que trabaja en el área de niñez en Avellaneda, provincia de Buenos Aires–. Medidas como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y todos los beneficios que fueron surgiendo durante la pandemia tuvieron un impacto. El IFE no resolvía la vida pero trajo alivio en los sectores más empobrecidos y se sintió cuando se dejó de cobrar. Haberlo quitado trajo consecuencias muy difíciles. Cuando vino la pandemia, y trajo todas estas medidas de emergencia, demostró que el Estado cuando quiere, puede”.

En efecto, y a diferencia de su sucesor –el Plan Potenciar Trabajo–, el IFE abarcaba a los monotributistas, que representan un amplio sector de la población con empleo precarizado que no llega a cubrir las necesidades básicas. Esos son los empleos que crecieron este año, pero sin reducir los niveles de pobreza ni de indigencia.

“Lo paradójico es que tuvimos un aumento de la ocupación este año. No porque haya crecido realmente el empleo, sino porque gran parte de la destrucción de puestos de trabajo de la pandemia fue en los sectores precarios, no registrados, cuentrapropistas, que en abril de 2020 habían caído un 30% y este año volvieron a salir. Vimos que se recuperó, fundamentalmente, Construcción y Casas particulares. Lo que hace que personas que el año pasado no tenían ingresos y recibían el IFE este año volvieron a tener algún tipo de ingreso”, explica Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma.

Pero aclara: “Estamos hablando de ocupación, no de ingreso. Son ocupaciones con ingresos muy bajos y además con inflación corriendo al 50%, esto directamente va a impactar en pobreza e indigencia. Tener trabajo y ser pobre es un fenómeno que ya venía los últimos años y todo indica que se tiene que haber profundizado. Se trata de gente que tiene un ingreso, incluso formal, pero ni siquiera llega a cubrir la canasta de pobreza que releva el INDEC”.

Horizontes que no están

Desde el territorio, Taffetani sostiene que la cuestión, si bien es desesperante y requiere de soluciones urgentes, reclama otras de largo alcance.

“Creo que lo que se señala en el resultado de las elecciones es más profundo que sólo la cuestión económica, lo que no está habiendo es una perspectiva que te permita pensar un camino, un plan. Lo que no se ve es hacia dónde va el país –analiza–. Nadie está diciendo que de un día para el otro el Gobierno puede resolver el grave problema argentino pero se puede trazar un camino. Pero en este camino hoy no están ninguno de los temas que deberían estar en agenda: no está la infancia, en la campaña la pobreza no estuvo presente. Se navega sobre los conflictos sin un horizonte”.

Y sentencia: “Hay un discurso que va para un lado pero las medidas van para el otro. Es lo que sucede cuando se decide un ajuste fiscal y el pago de la deuda como está planteado. La gente se cansa de los discursos que no tienen que ver con su realidad. Lo que pasó en las elecciones es lo que estaba pasando que se puso sobre la mesa. Lo que más veo es el descreimiento de todo. Que no se enciendan luces para que la gente se sienta parte, eso es lo más grave. Un horizonte para que la gente diga: ‘apuesto por esto’”.

Fuente: www.canalabierto.com.ar

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