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¿Y los monopolios exportadores?

Finalmente, las cuatro entidades rurales decidieron suspender el lock out por 30 días. La decisión fue tomada tras recibir de parte del gobierno nacional una serie de propuestas adecuadas para descomprimir el conflicto rural

(Alejandro Jasinski-para Red Eco) Argentina- La propuesta oficial, tomada sobre la base de la propuesta de “retenciones segmentadas” que hiciera la Federación Agraria Argentina (FAA), implicaría reintegrar a pequeños productores de soja el monto de aumento de las retenciones. Sin embargo, el gobierno no logró con esta medida quebrar el frente campestre.
La dirigencia de la FAA, entidad que representa a la pequeña y mediana burguesía agraria, fue duramente criticada por sentarse en la misma mesa con las tradicionales entidades de la oligarquía terrateniente. Sin embargo, aunque reprochable, la postura de su presidente, Eduardo Buzzi, debería verse a la luz de las disputas internas en la FAA y la intransigencia de sus bases, que exigía la anulación total de las retenciones, un reclamo sumamente lógico en boca de estos productores.
De todos modos, la confusión generada a raíz de esta unidad rural fue aprovechada por la oligarquía terrateniente, sectores urbanos acomodados y las multinacionales del sector agrario que reclaman la nula intervención estatal y cuyo fin consiste en desestabilizar a un gobierno que, pese a no tener un carácter popular, les incomoda.
En América Latina, con frecuencia, los escenarios políticos han tendido a la polarización. Y esto lo ha entendido muy bien el gobierno nacional, que ha salido relativamente airoso de estas convulsionadas semanas. Pero la dicotomía Gobierno/Campo ha esquivado a un tercer protagonista que disputa la renta agraria. Los monopolios exportadores privados, los Cargill-Monsanto, Dreyfus, Bunge & Born, Aceitera Gral. Deheza (del oficialista senador Urquía), han permanecido tras las sombras. Estos protagonistas son, en definitiva, los que fijan los bajos precios a los productores y monopolizan la comercialización de insumos.
Los discursos del ministro de Economía, Martín Lousteau, acerca de la necesidad de revertir la sojización en el país, no pueden dejar de saludarse; sin embargo, quedan otros puntos afuera:
¿cuál es la razón por la que el gobierno hizo un primer anuncio sin contemplar las diferencias del sector, teniendo en cuenta que este esquema, así concebido, sólo iba a tener como contraparte una mayor concentración de la tierra (para el pequeño productor era más rentable arrendar su campo que cultivar soja)?
¿Por qué, si las retenciones son un mecanismo tan necesario, se deja a otros sectores, como la minería (fundamentalmente metalífera), con retenciones insignificantes, dejando al libre arbitrio privado una importante renta que corresponde a los argentinos por ser dueños de los recursos naturales?
El drama vivido en los últimos días no puede hacer perder de vista que las retenciones, aunque necesarias, son insuficientes. Treinta años de devastación en Argentina precisan, como contraparte, planes integrales de desarrollo que permitan repoblar el campo y diversificar la producción agrícola.
Por ello, quizás, la incongruencia de los anuncios oficiales: retenciones sí, pero Juntas de Granos y Carnes no; “Tren Bala” sí, pero reconstrucción del sistema nacional ferroviario al servicio de los pequeños y medianos productores no. En tanto no se ponga en discusión un Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario, la Soberanía Alimentaria para todos los argentinos no está garantizada.

 

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