No todo lo que reluce es oro

Un estudio publicado en febrero de este año sobre la participación del salario de los trabajadores en las riquezas que produce el país, concluye que no necesariamente una mejora en esta relación (salario-ingreso) significa mejores condiciones de vida para esta clase.
(Fabiana Arencibia-Red Eco) Argentina - El material, que fue realizado por los equipos de investigación de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (Fisyp) (1), indaga sobre varios elementos que contribuyen a analizar diferentes datos estadísticos en forma integrada para no sacar conclusiones parciales en base a informaciones aisladas. 
El estudio relaciona el poder adquisitivo del salario, la inflación y el aumento del empleo como elementos integrados al momento de ver la participación de los salarios de trabajadores privados en los ingresos que produce el país.
Toma como punto de inflexión el año 2003, momento en que el poder adquisitivo del salario había llegado a su valor más bajo de los últimos 80 años, participando en 29,3 por ciento del ingreso nacional. Luego da cuenta del proceso de recuperación junto con un aumento de la tasa de empleo (por la cual se mide cuántas personas trabajan con relación al total de habitantes).
“En enero de 2007, cuando finalmente el salario alcanzaba el poder adquisitivo que había tenido antes de la devaluación (diciembre de 2001), los precios minoristas comenzaron un proceso de aceleración que ha venido impidiendo que el mismo supere los niveles en los que se encontraba a fines de la convertibilidad”, analiza el texto.
Entre los años 2007 a 2009 la participación de la clase trabajadora en el ingreso se encontraba en torno al 40 por ciento “pero el salario medio por trabajador se coloca en los mismos niveles de finales de la convertibilidad. Es decir un salario real promedio que se encuentra no sólo por debajo de la convertibilidad, sino en los niveles más bajos del último siglo”.
Como contracara, la economía generó en ese mismo período entre un 30 y un 50 por ciento más de riqueza que en épocas anteriores. Los últimos índices del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) marcan un crecimiento en la actividad económica durante el año 2010 de un 9,1 por ciento, superando el promedio 2003-2008 del 8,5 anual. Además, la actividad industrial acumuló durante el año pasado un incremento del 9,7 por ciento.
Que el poder adquisitivo del salario se encuentre hoy -  en promedio - en sus pisos históricos ayuda a entender por qué el nivel de empleo ha crecido tanto y por ende los datos que marcan un aumento de la participación de los salarios en el total de la riqueza.
Es que con salarios que no alcanzan a cubrir las necesidades, cada vez más integrantes de la familia tienen que trabajar de la manera que sea, con empleo permanente o esporádico (empleo y sub-empleo), en forma registrada, con contratos “basura” o sin ningún tipo de contrato. Empleo y subempleo suman para los datos que hablan con optimismo del crecimiento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional.  
El deterioro en el poder adquisitivo del salario, la necesidad de conservar el empleo o de acceder a nuevas fuentes laborales, se traduce en conflictos permanentes.
El Observatorio del Derecho Social de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) publicó la semana pasada una síntesis de conflictos laborales que tuvieron lugar en la actividad privada en los meses de enero y febrero de este año. (2)
La enunciación de los conflictos en forma parcial, abarca solo ocho de las 24 provincias de Argentina. Y recorre variadas actividades como portuarios, trabajadores de prensa, trabajadores de transporte de pasajeros, de la alimentación, aeronáutico, textil, telefónico, papelero, del cuero, químico, de la energía, de la carne, aceiteros, tareferos, entre otros.
El denominador común de los diferentes conflictos es el reclamo salarial, los despidos (muchos de ellos “dirigidos” a representantes gremiales que son en su mayoría delegados de base) y la precarización laboral, tanto por trabajo no registrado como por trabajo tercerizado.
Esta semana la presidenta Cristina Fernández de Kirchner instó nuevamente a empresarios y sindicalistas para que en las paritarias negocien salarios y condiciones laborales sin tensar la cuerda. “Todos tenemos que ser maduros, serios y responsables porque con la Argentina como está hoy no debería haber tensiones”, dijo.
“Nadie está pidiendo que nadie renuncie a nada, ni los empresarios a la rentabilidad ni los trabajadores sindicalmente organizados a tener mejores condiciones laborales”, agregó. Lo de “sindicalmente organizados” es una clara alusión a la CGT y su líder Hugo Moyano, que si bien expresa dureza en sus reclamos salariales tiene como moneda de cambio que un dirigente de su central sea el candidato a vice en la fórmula presidencial para las elecciones de este año.
“Todos los sectores tenemos que medir lo que hemos logrado en estos años, valorar lo logrado, conformarse”, dijo la presidenta. 
A la luz de lo que hemos desarrollado en esta nota, ese llamado a la conformidad solo debería ser aceptado para los empresarios. Los trabajadores siguen siendo los que batallan para que la riqueza, cada vez mayor y concentrada, alguna vez “derrame” hacia abajo y no hacia arriba como sigue sucediendo.
 
(1)    A propósito del “Fifty-fifty”. Análisis de la FISYP http://www.fisyp.org.ar/modules/news/article.php?storyid=715
(2)    Observatorio del Derecho Social de la CTA www.observatoriocta.org.ar

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