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Anahí Benítez: La vecina que había que “enderezar” y el aguantadero del gordo Mani

La cuarta jornada del segundo juicio por el femicidio de Anahí Benítez tuvo dos testimonios determinantes: Alejandra Graneros que testimonió sobre la presión que sintió en 2017 para que volviera a declarar, y del policía Pablo Ezequiel Cuello que contó un testimonio que ubica la muerte de Anahí en un aguantadero de drogas de amigos de la infancia y la adolescencia de Marcelo Villalba, uno de los acusados. Cobertura Especial - Red Eco Alternativo.

Alejandra Graneros, la vecina que había que “enderezar”
La primera en declarar en la audiencia de este jueves fue Alejandra Granero, vecina de Marcos Bazán, quien dijo que una persona que se identificó como policía se cruzaba a su casa durante el allanamiento a la casa de Marcos para preguntarle qué hacía su vecino y si este se drogaba. Afirmó, además, que se sintió presionada cuando la fiscal del primer juicio le dijo a quien le tomaba la declaración que no servía y que tenía que volver a hacerla.

Esta declaración era importante porque uno de los puntos objetados por la Cámara de Casación Penal acerca del tratamiento de algunos testigos durante la instrucción del primer juicio, fue el testimonio de Graneros en 2017.

El juez de la Cámara de Casación, Daniel Carral, hizo hincapié en la actuación de la jueza Elisa López Moyano, integrante del tribunal que llevó adelante el primer juicio, quien indicó en aquella oportunidad la posibilidad de Graneros de “enderezar” su declaración e insistía para que la testigo confirmara lo que figuraba en el acta de instrucción. Ante la reiteración de que no lo recordaba, “la jueza se dirigió de nuevo a la testigo (diciéndole) `pero usted lo firmó y si usted lo firmó pudo haberlo dicho”, transcribió Carral en los fundamentos de su fallo.

Carral señaló que seguidamente apareció Roberto Lugones, otro de los jueces del primer tribunal, que insistió en acorralar a la testigo advirtiéndole: “¿Podemos de alguna manera confiar en esa declaración que usted dijo? ¿o acostumbra a mentir?”

Pablo Ezequiel Cuello y el aguantadero del gordo Mani
A continuación, declaró el Jefe de Operaciones de la Dirección de Homicidios de Lomas de Zamora, Pablo Ezequiel Cuello, que fue uno de los policías que en agosto de 2017 participó de los rastrillajes y allanamientos tras el hallazgo del cuerpo de Anahí Benítez.

La declaración de Cuello tuvo dos puntos importantes: El rastrillaje del adiestrador Tula con su perro Bruno, cuestionado por la Cámara, y el relato de un testigo que le dijo quiénes raptaron a Anahí y dónde la mantuvieron secuestrada.

“Con un perro de rastreo acompañamos el trayecto que pudo hacer la víctima o el último lugar donde estuvo, declaró Cuello, se le hizo las muestras de olores al perro y avanzamos por un sendero, hasta que llegamos nuevamente a la entrada de la Estación de Santa Catalina y el perro se posicionó en la casa donde se encontró la pala. Dentro de la vivienda el perro no captaba el olor de la víctima, pero, por lo que decía el adiestrador, sí en otro lugar. El perro se sentó en la honguera”.

“También, dijo Cuello, con muestras del olor de Bazán fuimos hasta donde fue hallada Anahí y ahí el perro comenzó a saltar y a cavar, y volvió a la casa por la entrada del patio trasero”.

Esto fue determinante para declarar culpable a Marcos Bazán. Sin embargo, en diciembre de 2021, la Cámara de Casación expuso que el perro Bruno jamás había participado en búsquedas de las características que presentaba el femicidio de Anahí y objetaron la defensa que el tribunal hizo de la “experiencia” del animal. En cuanto a Tula, los jueces no comprobaron los certificados presentados por el adiestrador. Daniel Carral, juez de Casación, subrayó que estos no concordaban con los requerimientos que el caso especificaba.

La segunda parte central del testimonio de Cuello refirió a la información que surgió a partir del celular de la joven asesinada. “Nos sale que el celular está en poder de un chico, de nombre Joaquín, hijo de Marcelo Villalba”, señaló Cuello.

Agregó que como no querían perder el celular esperaron a que el chico saliera para la escuela. Fue en esa circunstancia en que el propio Cuello hizo una llamada para confirmar que el joven aún tenía el celular. En el momento en que el menor amagó a atender, los efectivos entraron en escena. “El chico nos dijo que el teléfono se lo regaló su papa”, explicó Cuello.

El Jefe de Operaciones de la Dirección de Homicidios dijo que iniciaron entonces las tareas de investigación y pidieron informes de Marcelo Villalba. En este marco, recibieron un dictamen condenatorio por abuso sexual, que se confirmó después con el hallazgo de su ADN en el cuerpo de la joven, concluyó Cuello.

A continuación, el policía contó que un testigo que se acercó a la mamá de Anahí reveló que había escuchado de otra persona que a la joven la habían raptado personas del barrio. Todas amigas de la infancia y la adolescencia de Marcelo Villalba.

La fiscal le preguntó a Cuello si recordaba algunos nombres y el declarante refirió a “un tal Duarte”, cuyo apodo era el “gordo Mani”; Morales, alias el Chacal; Barbarita y “un tal Robert”.

Además, Cuello contó que el testigo dijo que tenían como “aguantadero” la casa del gordo Mani, en cercanías a la entrada de Santa Catalina.

El policía señaló que cuando preguntaban en el barrio les decían que esa casa era un lugar de venta de drogas y de captación de menores de edad para consumo y venta.

La referencia, que hizo Cuello, era que a Robert se lo describía como un joven muy pintón que enamoraba a las chicas y que junto con Barbarita las inducían al consumo.

El rumor decía, informó Cuello, que una vez que dieron por muerta a Anahí la metieron en un auto, que pertenecía a Robert, y la llevaron para el lado de la reserva.

“Miramos las filmaciones con el equipo de trabajo, declaró Cuello, y está documentado en la causa, y la noche que se supone fue el deceso de la joven se ve pasar ese auto cerca de la casa del gordo Mario. Esto, vendría a confirmar el relato del testigo que había traído la mamá”.

En la audiencia también declararon trabajadores del Hospital Gandulfo, alguno de ellos compañeros de Marcos Bazán, y un trabajador del ferrocarril, señalero de la estación Santa Catalina, que se encuentra junto a la casa que ocupaba Bazán en 2017.

 

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