Bodega del Diablo- 12 de Abril de 2009- Año IX - Número 87
 
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Boletín cultural de la Red ECO Alternativo

12 de Abril de 2009 - Año lX - Número 87

Bodegueros a cargo: Carlos Carbone y Pablo Marrero

Diseño y diagramación: María Inés lasivita

 
         
 
No es lo mismo el otoño en Mendoza
 
 

 

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Porque el otoño empezó con todo. El viernes 3 de abril, mientras en la capital mendocina se presentaba “Está lloviendo en Victorica”, el nuevo libro de Sonnia De Monte, y en otro espacio se lanzaba un muevo número de una revista literaria muy prestigiosa, en el departamento de San Martín, se presentaba “Cuentos para matar…te” de Emilio Fernández Cordón, editado por Eco Ediciones.
Este último evento hizo temblar corazones… Si no lo creen, lean lo que pasó
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El ilustre emilio

   
   

La sala del Consejo Deliberante de San Martín desbordaba de gente que esperaba impaciente el comienzo de la actividad. A eso de las diez de la noche, Roque Grillo, integrante del equipo de cultura de la localidad, tomó la palabra y… ¡Sorpresa! Fue para anunciar que el Consejo Deliberante había aprobado nombrar a Emilio Fernández Cordón, Ciudadano Ilustre de San Martín, por su aporte al desarrollo de la cultura del lugar… ¡Sí! A nuestro emilio, con e minúscula como le gusta escribirlo. La sorpresa fue grande para él y su compañera Silvia, que parece que eran los únicos que no sabían nada. Lágrimas, abrazos, besos, fue un momento de caricias a los corazones para todos los presentes. En seguida fue convocada Silvia, a quien le entregaron un ramo de flores gigante, creemos que en reconocimiento a la sublime capacidad de soportar a su marido.
Así, en ese clima empezó la presentación de “Cuentos para matar…te”. Largó Eco Ediciones, luego Roque Grillo leyó tres cuentos del libro, siguió con una intervención magistral del poeta y periodista Fernando Gabriel Toledo, para cerrar el autor de la obra, con palabras de agradecimientos, cargadas, como es costumbre en él, de ironía.
Al final, Emilio Fernández Cordón, recibió una réplica de “Las bóvedas de San Martín”, y cabe informar para los no mendocinos, que éstas no tienen nada que ver con los cementerios; se trata de la casa donde vivió el Libertador, en el departamento que hoy  lleva su nombre, que le dicen “bóvedas” por su forma.
El cierre, como corresponde, fue a puro abrazo, empandas y vino.
Porque nos parece una pinturita, le queremos regalar la intervención completa de Fernando Gabriel Toledo, poeta, crítico literario, editor y periodista cultural. En la actualidad a cargo de Cultura y Espectáculos de diario UNO de Mendoza.

   
     
 
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Pablo Marrero y Emilio Fernandez Cordón
 
     
 
“CUENTOS PARA MATARTE... TE”, de Emilio Fernández Cordón.
 
   


Cuando entrevisté hace unos meses al Emilio, quien traía su nuevo libro calentito bajo el brazo (espero que porque acababa de aparecer y no por el ardor de su sobaco), me contó la génesis de estos cuentos con un dejo de humildad. Humildad que a mí me pareció injustificada, pues resulta que, dijo, que lo que lo animaba a escribir era la obligación de cumplir con la escritura de al menos un cuento por semana. La obligación tenía que ver con que sus cuentos son leídos cada domingo en un programa de Radio Universidad y entonces no tenía lola: o escribía un cuento nuevo o plagiaba algún otro. Supongo que siempre se decantó por la primera opción, no sólo porque este libro así lo sugiere, sino porque elegir la segunda opción no tiene gracia, y estoy seguro de que sin la gracia, la risa, el humor, el Emilio no es el Emilio. 
De este modo, que nuestro autor trajera puntualmente su nuevo cuento a la semana siguiente es lo que a mí me parecía fascinante. Un caso hermoso de literatura por obligación aprovechada con el mayor placer por alguien que decidió, libremente, hacer de eso el pan suyo de cada día.
Sabemos que escribir es para Emilio Fernández Cordón una pasión existencial, una necesidad vital, dice “Si no escribiese moriría”, pero en este libro le añade el apremio de escribir. Y lo prueba, porque en CUENTOS PARA MATAR... TE vuelve a traernos, como hermano que es del que lo precedió CUENTOS PARA MATAR... EL TIEMPO, esas historias salidas de cualquier parte, extraídas de la pulpa constante de la vigilia cotidiana. Es que, como sabrán ustedes. Eso es lo que hace un escritor al que la narratividad lo apura: no espera que se le aparezca una historia única e irrepetible, sino que transforma en sus propios cuentos las historias diarias que así, una vez contadas, quedarán como únicas y, además, a la espera de ser repetibles pero con cada lectura.
Lo que digo, me parece, tampoco es fruto de un análisis de iluminados. Cualquiera que se interne en las páginas de CUENTOS PARA MATAR...TE descubrirá, a poco de andarlas, que vivimos rodeados de cuentos pero sólo algunos, el Emilio entre ellos, se atreven o se toman el trabajo de escribirlos. Claro que el Emilio no se conforma con hacer esa tarea, que ya de por sí es de agradecer, sino que la salpica con partes de sí mismo que podríamos detallar, iluminando ahora sí lo que esconde como prestidigitador. No será nuestro afán arruinarle los trucos, claro que no. Igualmente verán que la magia en este caso, creo yo, no rompe el encanto.
A ver.
Me gusta pensar que este libro de algún modo anuncia desde su portada los temas y estilos de los cuentos que lo componen. Verán que ese deseo no es descabellado: si uno lo piensa bien está todo explicado o anticipado en este título.
CUENTOS PARA MATAR... TE. Sí.
Primero, el género literario. Parece una obviedad, pero al leerlo de primera uno evita de ese modo husmear mucho más allá. El rojo hemolítico lo dice con caracteres enormes: esos son . Si son , literalmente (y no literariamente), dependerá de las pulsiones homicidas de cada cual, pero no hay que ser más genio de lo que uno ya es de fábrica para saber que muchos de estos cuetos tendrán la muerte, quizá provocada, como protagonista. Y después llega la parálisis de esos goteantes puntos suspensivos y la conclusión: no se trata de matar a un tercero, Estos cuantos vienen a matar al lector. A .
Como se ve, el título parece un enunciado en su primera línea, avanza hacia lo temático metafórico en la segunda y concluye con una broma dirigida al propio lector en la última. Y todo dicho en cuatro palabras, o tres y media. Si trasladamos este esquema a los relatos todos, no andamos tan errados. Casi todos son cuentos aquí (y digo ) porque el Emilio se permite también no relatos sino microrrelatos con aroma a cuentos nonatos y hasta pequeñas fábulas. Casi todos son cuentos, decíamos, y en muchos hay asesinatos, conjuras, engaños. Hay cuchillos, hay matones, hay empujones al vacío, hay traiciones y conspiraciones. Y, con pocas excepciones, envasado absolutamente en origen: es decir, casi todo sucede en paisajes tan mendocinos como el modo en que he venido pronunciando las elles y las yes.
Pero CUENTOS PARA MATAR... TE permite romper sus propios moldes. Porque por lo general estamos ante cuentos breves, de esos de página y media. Pero hay algunos más largos. Algunos en los que nadie mata y nadie muere. Otros en los que nada pasa más que una filosa observación, o un recuerdo evocado por el autor cuando se pone, sin sonrojos, en primera persona actual y no ficcional.
Pero de lo que, por suerte, el Emilio no sale en este libro es de tres ejes sobre lo que construye sus escritos. Desde que empieza hasta que termina, CUENTOS PARA MATAR... TE nos invita a presenciar tres opciones: lo que pasó, lo que pudo pasar y (óigase esto en tono emilesco) .
Me explico: estos cuentos breves, como decía al comienzo, están sobre todo extraídos de lo cotidiano. Son cuentos de un atento testigo de sus propias cosas. Con cuentos de uno que mira para el colectivo a la caza de un rostro extraño, de una corrida en el pasillo, o de la cara estúpida de unos de sus pasajeros que vaya a saber qué sueños módico irá macerando. Son cuentos de uno que captura una charla de café y la hace pública descubriendo sus relieves literarios. Son cuentos de uno que cruza la calle escribiendo, que se ducha escribiendo, que deja que le broten ideas absurdas, escribiendo. Son de uno que escribe todo el tiempo y, cuando ya tiene todo escrito, se sienta a transcribir . Y lo que transcribe, como dije, puede ser lo que pasó: un encuentro con un viejo amigo largamente extrañado, un fortuito rescate del amor escolar por esa hermosa maestra que lo será para siempre. Y también, lo que pudo pasar: un hombre cuyo asesinato a sueldo le sale bastante mal por un modisto trucho, un policía que perdona a un asesino en miniatura por compasión, un hombre que compra con un botín ajeno su sueño añejo, una falsa muerta que alimenta mitos y bolsillos religiosos. Y transcribe, finalmente, lo que si pasara no tendría nada de fantástico: un muerto que recupera su nombre, una isla a la que se huye para terminar todos muertos...
Como supongo que ya estoy aburriendo, o he dejado a todos tan expectantes que no soportan un minuto más sin tener el libro en sus manos y en sus ojos, quiero terminar pronto y aquí mismo, no sin antes decir que me parece que hay que tomarle la palabra al Emilio cuando dice que escribe todo el tiempo, por apremio, por obligación, por necesidad, o lo que sea, y que es amante (según aquella entrevista ya mencionada) de los , cerrados y empaquetados. CUENTOS PARA MATAR... TE son esos cuentos de los que estamos rodeados y en ocasiones sin saberlo. Morimos sin saberlo a veces, a menos que alguien, como el Emilio, venga como ayuda-memoria a decirlo con su pluma. Aunque tengamos que morir, eso es lo de menos. Total, esa muerte quizá sea motivo de un cuento para los Emilios que seguro han de venir después de éste que tenemos aquí entre nosotros.
Entonces: pasen y mueran... perdón: pasen, lean.

   
   

…Y para el final… Un cuento del emilio…

AQUEL BESO


Horas antes de cumplir los cuarenta, a un año de su divorcio, en la maldita soledad de una noche de insomnio, en su cama de brazos vacíos, en el departamento de su actual soltería, le llegó –como caída del Paraíso- la antigua dulcísima sensación. El recuerdo del aquel beso único, inigualable. El recuerdo de aquel beso que contenía todos los sabores del universo. Y, también, gusto a dentífrico, a empanadas, a Malbec, a almendrado, a dientes jugosos, a paladar tibio, a saliva deliciosa, a lengua muchacha, a suspiros, y a alma. El recuerdo del mejor beso que tuvo en su vida. De aquel beso quince años viejo. Y, asimismo, de hace apenas un momento. Ese beso de veras inolvidable lo había acompañado como los mimos de una madre, como una luz en las tinieblas, como el buen deseo tras una despedida, como la palabra de un amigo. Un beso que jamás muerto le resucitaba en los labios de la memoria, de tanto en tanto, para acariciarle la existencia. Con el recuerdo de aquel beso entre las manos, como si fuera un juguete favorito –o un rosario-, se quedó dormido.   
Cuando despertó, aún se relamía. Y tomó la bendita decisión. Buscaría ese beso. Donde estuviera. Y, además, a Celia. La autora del hecho. 
Después de media hora de consultas telefónicas y cien kilómetros en auto, llegó eufórico al pueblo de la primavera de su historia. Algunas cosas habían cambiado, pero le pareció verse en un banco de la plaza, tomando un café en el bar de la esquina, desfilando por la 9 de Julio, dando la vuelta del perro un domingo por la tarde, fumando a escondidas en un recreo y haciéndole la pasadita a la turquita de la otra cuadra. El hospital tampoco había cambiado. Y en el hospital estaba Celia. Ejerciendo su profesión de pediatra.
Cuando estacionó, el terremoto del corazón produjo grietas en las paredes de su adentro. Prendió un cigarrillo y esperó que el sismo acabara. Entró y preguntó. Le señalaron el consultorio. Fue.
A Celia los treinta y cinco le quedaban como una guirnalda de joyas preciosas, la adornaban como a una princesa. O un hada. Eso semejaba: el Hada de los Sueños. De los suyos, al menos. Por suerte estaba sola. Lo recibió con una sonrisa sorprendida. Y de confusión. Lo comprendió al instante. No lo recordaba. Le mencionó su nombre. Y a qué había ido. Pero Celia tampoco recordaba el beso, ese solo beso. Ni siquiera la boda de Juan y Valeria, ni haberse fugado con él hacia ese pino en el parque de la casona de la fiesta.
Le describió el vestido de gala que había lucido, el peinado e incluso los zapatos de taco aguja. Le contó sobre los temas que habían bailado y sobre las utopías que se habían comunicado. Pero Celia no tenía ni un solitario recuerdo del acontecimiento. Sintió que los ojos iban a desmayársele en lágrimas. Frustrado, avergonzado, se oyó penar un: “¡Qué lástima!”. Y huyó por al pasillo.
Celia lo alcanzó en la puerta del hospital. Dijo: “Bueno, si es tan fundamental para vos...”. Y le metió un beso aluvional en la plena boca abierta de su asombro. Un beso perfecto. Un beso que contenía todos los sabores del universo. Y, también, gusto a dentífrico, a gajos de naranja, a café con leche, a tostadas con manteca, a dientes jugosos, a paladar tibio, a saliva deliciosa, a lengua compañera, a suspiros, y a alma.
Tres minutos más tarde, tiritando, Celia, separándose, exclamó: “Ahora recuerdo. ¡Así que eras vos! Ahora recuerdo aquel beso. Se me había perdido. Lo busqué mucho y nunca pude encontrarlo”.
Esa noche, la primera, admirando el cuerpo de mujer dormida, y desnuda, a su lado, supo –ya para siempre- que algunos besos permanecen intactos hasta el fin de los tiempos.

 

Del libro CUENTOS PARA MATAR...TE, Eco Ediciones Bs. As., 2008

   
   


Carlos:- ¿Es cierto?

Pablo:- ¿Qué?
Carlos:- Lo del Emilio
Pablo:- Claro, que es cierto, ¿o pensás que todo lo que escribimos arriba es mentira?
Carlos:- ¡Juá!
Pablo:- ¿De qué te reís?
Carlos:- Ciudadano Ilustre, ¡juá!
Pablo:- ¿Qué te pasa?
Carlos:- ¡Juá! Es un título que les dan a los viejitos… ¡Juá!

 

   
   
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…Y esa misma noche… Sonnia De Monte presentaba “Está lloviendo en Victorica”

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La dramaturga Susana Tampieri y Sonnia De Monte

Hoy te voy a contar algo porque total no te va a llegar.
Anoche soñé con vos.
Pero no te vas a creer que fue un sueño así nomás, de esos que te olvidás después de tomarte los mates del desayuno.
Te soñé bajándote del ómnibus, buscándome en la terminal y yo te descubrí, yo supe que eras vos. Y ahí nomás nos metimos debajo de una parva de cartas, me besaste, me desnudaste, te desnudaste vos, también. Y pasó de todo lo mejor que puede pasar cuando eso pasa.
No nos vio nadie porque estábamos debajo de esa cantidad de papeles, me desperté transpirando y con el corazón que se me salía. Y no se me pasó en todo el día el temblor y una sensación como de hambre pero sin tener hambre en el estómago.
Me parece que cuando vuelva a recibir una carta tuya no la voy a leer. Era muy lindo. Pero ahora estoy sufriendo.
Laura”

Está lloviendo en Victorica

Acercándonos Ediciones. Bs. As. 2009.

 

   
   


Está lloviendo en Victorica
es una novela corta que basta para despertar consciencias y hacer ver las cosas de otro modo.
Y así lo entendimos los “teatreros” y los que no lo somos, quienes compartimos con la autora la presentación en el Centro Cultural Trinidad Guevara, el viernes pasado.
Fue una noche clara, de esas primeras del otoño; y su claridad alcanzó para celebrar “la humanidad” sobreviviente y cada vez más comprometida con todos los aspectos de la vida: libertad, verdad, alegría, amistad, solidaridad. Y lo hicieron notar muy bien quienes hablaron del libro: un Julio Rudman, tan crítico siempre, pero esta vez complacido; un Oscar Salazar que nos alcanza la filosofía más profunda de los hechos y la gente a nivel entendible; una Patricia Slukich que sumó a la sagacidad diaria del cronista la bella nostalgia de un fado a capella, que nos puso a todos en el clima de la novela; y un Daniel De Monte, emocionado hermano y médico rural, que unió sus recuerdos a la osada entrega de una mujer a la que amaría y admiraría aunque no los unieran lazos de sangre.
 
Todo comenzó con una llamada telefónica de un amigo de Bowen, Alvear, tierra de Sonnia, y a la que todos prestamos especial atención creyendo que se trataba de una escena con la que se abría la presentación. Fue un acto más de reconocimiento de un amigo en la lejanía geográfica (no en la del corazón) que se hizo uno con quienes estábamos en la sala, hasta ese entonces murmurando o simplemente hablando del acontecimiento, del que los diarios y radios de Mendoza, nos habían dado cuenta,”recomendándonos” leer Está lloviendo Victorica.

Sonnia De Monte, logró el milagro, cada vez más extraordinario, de poner en papel pensamientos sin que se escapen entre los dedos, es decir, hacer un libro, al que llamó Está lloviendo en Victorica: una novela corta que basta para despertar consciencias y hacer ver las cosas de otro modo.
 
Porque en sus noventa páginas, ese juego de la lluvia en un casi médano, los diálogos que son cartas, los monólogos que son la realidad, y el misterio que quiere y no quiere dejar de serlo, toma el paisaje de una Argentina que fue. Y fue terrible. Ese juego entre lo dicho y lo callado, lo velado y lo descubierto por el lector, el descenso a la crueldad en lo cotidiano, la inocencia que no se sabe bien si es tan inocente o una ignorancia cómoda, muestran en una existencia pueblerina, la esencia que nos identifica como pueblo. Hay unos y otros; algunos con poder pero en soledad (al menos tienen algo humano), muchos con el único escudo de su rutina gris. Y unos pocos con el fuego sagrado de la consciencia que como un atleta de las olimpíadas irán pasando la antorcha de la verdad hasta cristalizarla en la memoria.
 
También, Sonnia De Monte propone otro juego: ¿quién es el verdadero protagonista de la novela? ¿Laura, Aldo o el escriba anónimo? Cada lector encontrará la respuesta en su propia actitud cuando hechos como estos ocurrieron en nuestro país.

                                                           Lic. Beatriz Baudizzone

 

   
   


…Y nos despedimos de Mendoza con dos regalos de la poeta Carina Garay

Ciudades

Fuegos de artificio diseminados por el mundo
belleza extraña, iluminada y amarilla
Son sólo manchas estáticas de luz
y una lluvia de estrellas invertida
donde se pierden los seres diminutos
                                                              Roma 2006

***************

Sobre el canal
se mece la góndola vacía
Y el gondolero no canta…

Sobre la curva solitaria del puente
la multitud dispersa los últimos murmullos
y quiebra el espejo nocturno
de la tarde ausente.
                                                           Venecia  2006

 

   
   

BREVE CHIVO: En el mes de mayo, con motivo de cumplirse 199 años de la revolución, y en el marco del bicentenario de las revoluciones independentistas de América, haremos una Bodega alusiva al tema. Les pedimos a los Bodegueros que envíen poemas, cuentos, relatos cortos... Y todo lo que se les ocurra.

   
   


Ahora les presentamos a dos excelentes poetas del Oeste de la provincia de Buenos Aires

   
   


Pausa


¡Que se prenda fuego este carro!
                                            Siempre grita.
¡Que se prenda fuego!
y no se incendia nada
y su voz es el viento mas herido
 
¡Que se prenda!
y levanta con sus huesos
cartones que no van a ningún lado
 
¡Que se prenda!   dice.
 
Y parece que algo va a quemarme
y el sigue gritando
y sus ojos cansados se esconden
 
¡Que queden cenizas!   dice.
¡Que se haga polvo!
cuando una bolsa interrumpe su alma
y la basura lo devuelve
                               al presente.
 
¡Fuego! ¡Fuego!
casi llorando lo grita
y apaga su garganta por un rato
después empuja el carro hacia otra parte
mientras que Dios
                 confundido
agacha la cabeza.

 

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Sombra
 
Lavo mi sombra
la mejor de mis sombras
            la cuelgo como nadie
            y vuelvo tranquilo a la cama
 
Ella   equilibrista de la piel
hamaca sus penas
      dobla la luz
su corazón de goma
y todavía colgada
se duerme de a poco
 
patalea en el aire
babea las estrellas
espera la mañana
                       y no la espera
junta el abismo con sus sueños
le nacen lagañas en el alma
                       y el sol no viene
 
Mientras tanto  ella  se ama con el viento
besa con fuego y con piedras
dice toda la ternura y cruje vencida
 
Después   un rato después
se queda sola de nuevo
se descuelga y camina
entra en mi cuarto
          atraviesa el silencio
la niebla
          corre la cortina
discute con el sol
 
Ella  trepadora de mis ojos
se vuelve lágrima.
 
 
Jonatan Márquez
San Antonio de Padua. Buenos Aires.

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Carlos Carbone y Jonatan Márquez


La Boda

 
Abro el cuerpo a la tierra
con besos dulcísimos de un río de vida
lavo bordes
heridos de mí
 
la lluvia inseparable
bendice las orillas, ve por los oasis,
siembra gota a gota,
y como un labrador
hace de la espera,
una fiesta sobre los campos infértiles y desolados
 
Los ríos que corren,  son anfitriones
 
 la boda, en el mar,
espera delfines y nereidas de todos los confines del mundo
 
vamos hacia allí,
a bailar la danza del agua
del agua de amar.

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Mago
 
Hay un mago magnético
con poder de agua
derramándose en lo oscuro y pasado de mi
 
 
miro en sus ojos
y él me mira con dos gotas de lluvia
 
Sus latidos de agua
caen en la fuente

Mago
Quetzal
Ojo que ves
                  por la lluvia de dos gotas
 
que vienes a beber.

María Montserrat Bertrán


Haedo. Buenos Aires

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¡ATENCIÓN!
Por razones ajenas al autor, se suspendió la presentación de la novela “Veneno”, de Pablo Marrero, prevista para el 21 de abril en el Centro Cultural de la Cooperación.
Con el espíritu de compensar a los lectores por este terrible inconveniente, en mayo se realizarán dos presentaciones:

Para los que viven en el Oeste de la provincia de Buenos Aires
Sábado 16 de mayo, 19 horas, en la Biblioteca Municipal Sarmiento. Borwn 763. Morón.
Para los de la Capi
Martes 19 de mayo, 19 horas, en la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación. Corrientes 1543. Ciudad de Buenos Aires
…Y en junio… ¡El veneno llegará a Mendoza!

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… Y le damos fin a esta Bodega… a puro tango… ¡Chan, chan!

Cumbre Mundial de Tango 2009 -Visión de poeta-
Por Marta Pizzo

Recién llegada de Bariloche y haciendo honor a lo que más me gusta hacer (escribir, comunicarme), me pongo a pensar y sentir en voz alta acerca de esta experiencia -nueva para mí- de participar de una Cumbre Mundial de Tango.
Será ésta una manifestación muy influida aún por las emociones pasadas...
Bariloche, el escenario, un paraíso. Y a pesar de lo que alguno pueda presuponer, el Tango, con su magia, se hace un lugar entre montañas, lagos, cielos azules y vientos sureños.
El tango con su embrujo penetra los sentidos de los habitantes y de los visitantes.
El Tango se hace local, y nos habla con su lenguaje de barrio que huele a adoquines, a esquina, a malvones en el balcón, a nostalgias...
Y se posesiona de las Almas.
Cantantes, músicos, poetas, bailarines, artistas plásticos, artesanos... poniendo lo mejor de sí, apostando a la renovación de los estilos creativos e interpretativos.
Sintiendo una revolución interna de ganas, de energía que produce además el intercambio directo. Porque no sólo uno muestra lo suyo sino que está mamando del talento y la creatividad de otros.
Y uno se esperanza.
Uno goza.
Uno crece y se expande.
Simultáneamente en el mismo pentagrama, la realidad que duele: una carpa docente en el Centro Cívico; no empiezan las clases por el paro docente y la movilización a las rutas. Muere un maestro que llevaba comida y agua a sus compañeros del corte en Chichínales. Accidente fatal que no tiene repercusión en los medios de Buenos Aires.
Y nosotros ahí, de Cumbre, teniendo que correrle el corazón un cachito al dolor, para poder expresarnos, para apostar a poner el granito de arena, cada cual desde su espacio.
Porque como poeta y letrista no quiero perder esos espacios. Siento que tengo el compromiso de seguir, de hacer -con toda humildad- lo que creo que puede aportar a una reflexión que sirva para mejorar las cosas. Con mis letras... diciendo lo que veo, lo que siento, lo que pienso. Y también poniendo la imaginación, lo lúdico, enalteciendo lo belleza de la Vida y el amor que esta entrega debe tener. Sino... no tendría mucho sentido.
Compartiendo mesas, conversando en un encuentro causal por las calles, encontrándonos con discos, con libros, viendo cuerpos danzar al compás del 2 x 4... en fin, conociendo lo que otros hacen para que el Tango siga vivo.
Aprendiendo de Maestros con trayectoria, y de nuevos valores, jóvenes, de acá y de otras partes del mundo.
Me siento dichosa de haber tenido el privilegio de ser convocada, ya que seguramente quedaron muchos y muy buenos afuera.
Pude difundir lo que hago en un Encuentro de poetas junto a los queridos Carlos Andreoli y Miguel Jubany, leí mis letras en algunos bares, presencié la obra de teatro Herencia Tanguera, en la que se cantó un tango que escribí especialmente y lleva el mismo nombre... y hasta recibí de parte de la filial Bariloche de la Academia Nacional del Tango una distinción en el Día de la Mujer!
Felicito y agradezco a los organizadores, que pienso también aprenden con cada encuentro a mejorar para la próxima, y que cada vez salga mejor.
Felicito y agradezco a todas las personas que lo hicieron posible: organismos gubernamentales, empresas, periodistas, técnicos, plomos, administrativos, mozos, ayudantes... a TODOS y TODAS los que me olvido de mencionar!!!
Es para mí un recuerdo imborrable.
Hasta la próxima! abrazo...

Marta Pizzo
www.puertopalabras.blogspot.com

   
   

ECO EDICIONES

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Quienes quieran contactarse con Eco Ediciones,para pedir presupuesto de publicación y/o adquirir las ediciones publicadas enviar un mail a ecoediciones@redeco.com.ar

TITULOS PUBLICADOS 

*Ellos - de Magalí Garcea. 
*Canto Poema en Flor - de Héctor Celano. *Bodegueros del Diablo - de Carlos Carbone y Pablo Marrero. 
*Los suenos no se inflaman - de Suyai Malen García Gualda. 
* Réquiem in pax - de Mauricio H. Andujar. 
* Marrón y Plata - de Lina Avellaneda. 
* La nieta del presidente - de Corina Avellaneda. 
* + de 100 tangos nuevo - de Letrango. 
* El Títere - de Juan A. Núnez. 
* En la ciudad de Las Artes - de Marcelo Rodriguez. * Cuentos para matar...el tiempo - de Emilio Fernández Cordón. 
* Caminos - de Jorge Asterión. 
* Pasajeros del penúltimo - Tren Poemas y cuentos sobre rieles - de Carlos Carbone, Gabriela Delgado, Emilio Fernandez Cordó y Pablo Marrero 
* Leyes del terror. Investigación periodística Red Eco Alternativo. 
* ... Y dáselo al fuego- de Sonnia de Monte. 
* Doce ciudadanos+ uno- de Carlos Carbone. 
* Cuentos para matar...te - de Emilio Fernández Cordón. 
* Medanales: crónicas y desmemorias -de Gabriel Impaglione 

 

   
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