La Bodega del Diablo - Noviembre de 2010 - Año X - Número 106
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Boletín cultural de la
Red ECO Alternativo

Noviembre de 2010 - Año X- Número 106

Bodegueros a cargo:
Carlos Carbone y Pablo Marrero

Diseño e imágenes:
Carolina Butron Avalos

ilustracionesperdido.blogspot.com

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Es un portal abierto al mundo en la red de redes, pretende ofrecer una muestra (Hecho en Cuba) de lo más representativo en la Poesía Cubana Contemporánea (una conjunción de su amplia gama de corrientes estéticas y estilos); todo, bajo el necesario respeto, re-conocimiento mutuo, y sin exclusiones (ni de diáspora), en pos de conformar un panorama lo más amplio posible en defensa de la creación poética de la Isla.
Además, ofrece la posibilidad de comunicarse directamente con los autores, y un flujo informativo constante de actividades, eventos y sucesos culturales nacionales e internacionales relacionados con la Poesía, fundamentalmente.
Así, este movimiento/reunión/grupo no es amparado por compilador alguno: es decisión y fruto de cada uno de los escritores expuestos. De este mismo empeño depende la vitalidad del mismo.


Hoy La bodega del Diablo, los escucha…




Ileana de la Concepción Álvarez González

(Ciego de Ávila, 1967)
Poeta, ensayista, investigadora literaria y editora.

Licenciada en Filología (Universidad Central de las Villas, 1989). Diplomada en Investigación Cultural (Universidad de Camagüey, 1995). Master en Cultura Latinoamericana (Universidad de Camagüey, 1999). Investigadora Auxiliar y Profesora Auxiliar de la Universidad de Ciego de Ávila.
Pertenece a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y es miembro, además, de la Sociedad Cultural “José Martí” y la Fundación “Nicolás Guillén”.
Actualmente trabaja como Subdirectora de la revista Videncia.
(Dirección de correo electrónico: francileana@ciego.cult.cu)

QUE HAY EN MÍ QUE TANTO ASUSTA

La líquida pradera de mi infancia
a borbotones se desliza por las grietas
del día. En la albura del paso otro color
se asienta como una mordedura.
Callan mis manos cuando el viento bate
derramando en la estela los límites del sueño.
Callan los riscos por mi párpado abierto
como un ave en el crisol de la mañana.
Y la pregunta se adueña de mi gesto,
sobre mi pecho blande su oriflama como lanza:
¿Qué hay en mí, mi Dios, que tanto asusta
y en alfanje o badajo torna la mano
apenas venda, fruta, cuerda, azada?
¿Quién me anuda la voz sobre el filo del pétalo,
la asemeja a la roca, a la espina en el ojo
de la ausencia? ¿Quién hiere al animal
de trazo torpe que me acerca al contrario?
¿Quién boga sobre el ojo de mi angustia
y doblega la selva de nítidos contornos?
Dios, entorpece el silencio, tu música.

Tú que has visto esos hondos rincones
encallados al alma, el vuelo antes del vuelo,
la muerte alzada sobre un arco de luz,
dime: ¿Qué hay en mí que tanto asusta?

ÁRBOL INVERTIDO

Volverme pies arriba,
ramas adentro, raíz al cielo
como un árbol invertido.
Volverme, sí, confundiendo los pájaros
que torpes anidaban mi pequeñez.
Confundir a los vientos,
el envés de la noche,
los arcos indomables,
la tarde, su jauría.
Las profundas gargantas de los cuervos sosegar,
las sucias transparencias,
el salto no escuchado
del suicida, los nudos,
las vacías ofrendas.
Mostrarles la dureza de mis líneas más íntimas,
mi piel de polvo y llama,
unas cuantas metáforas de praderas y ciervos,
Islas, blancos tallos
que cuecen mi estrenada sangre.
Como en un laberinto de espejos, infinito,
confundirlos a todos,
que no logren llegar jamás
hasta la estrella que en el centro
muere y renace, infinita también,
que no toquen sus giratorias espadas,
el fuego líquido en los labios.

Abrazar la lluvia con mis piernas.
Beberla luego mis cabellos,
los ojos.
Ah, verlo todo distinto.



Oscar Roilán Cruz Pérez

(Santiago de Cuba, 1979)

Poeta y editor

Graduado de Licenciatura en Historia por la Universidad de Oriente, actualmente labora como editor de Ediciones Santiago.
(Direcciones de correo electrónico: cprovlibro@cultstgo.cult.cu, centrosoler@cultstgo.cult.cu)


LA DERROTA

«uno no se mata por el amor de una mujer»:
escribió Césare Pavese en su Diario, a manera
de adiós, después de llamar a varias putas.
«uno se mata porque un amor, cualquier amor,
te revela tu desnudez, tu miseria, y tu nada»

horas después se suicidó, en la misma habitación
en que lloraba.
es esto lo que importa tal vez:
                                      ni el mundo,
                                     ni las putas,
                                       lo recuerdan.


CONVERSACIÓN CON UN HOMBRE DE LA GUERRA

mi abuelo no murió en la Higuera,
tampoco en la Verde ante las balas.
amaneció callado como los soles de agosto,
su rostro era una máscara siniestra, un toldo
de senilidad su cuerpo. se cansó de la vigilia,
del acto de esperar.

recuerdo que en las noches me llevaba hacia
el traspatio para que oliera y degustara el aire,
me hablaba de los rusos y los galos, de su familia
engordando en un cobertizo, atrapados entre
la puerta y el estanque de los patos. ya no está,
y siento de pronto en el negror de estas sábanas
una vibración profunda, algo que se tuerce para
acabar, y es un ruido pequeño, casi nulo, como
un niño que apenas logra escuchar el sollozo
de su madre. tú estabas allí, como habías estado
aquellos años en que vivíamos juntos, y solías
pasar del cuarto a la cocina con ese andar duro
y calmo.

estabas siempre igual, en aquel sitio devastado
donde crecieron tus hijos, donde crecen los hijos
que ya no verás, y sigues entre objetos vacíos:
camas, armarios, butacones. y yo salgo, voy por
el patio hacia la luz, pero en mis ojos llueve
un agua sucia que no me deja ver como comienzan
a agrietarse las paredes de una casa lavada
y manchada por la lluvia.

quiero que te quedes como estás, con la cara
siniestra y la muerte al descubierto. estoy de pie
y escucho el movimiento del aire entre la hierba.
comienzas a darme tu sermón, pero ya no quiero,
no soporto ni a los rusos ni a los galos, ni a aquella
cantidad de gente cebada en un cobertizo, atrapados
entre la puerta y el estanque de los patos.
dejemos las cosas como están.
por el camino del adónde, la gente está tirada
y mirando para arriba. tratando de llenarse de
recuerdos, con los que el tiempo se abre como
presente. sabes: días hay en los que miro lejos,
en el futuro, y veo a un hombre que cavila sobre
las primeras y las últimas cosas, preocupado
por los muertos y cuidando con esmero su jardín.



Rigoberto de la Caridad Rodríguez Entenza

(Sancti Spíritus, 1963)

Poeta, narrador, dramaturgo y crítico.

Graduado en Teatro y Literatura y Español. También ha cursado estudios de Periodismo. Pertenece a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y es miembro de honor de la Asociación Hermanos Saiz. (Dirección de correo electrónico: elciudadanococo@yahoo.es)


CÍRCULO

A Manuel González de los Ríos

El prisionero, a través de una diminuta ventanilla enrejada
ha mirado la luna. O seamos precisos: el prisionero
a través de una diminuta ventanilla enrejada
ha mirado un diminuto lago y allí la imagen de la luna.
Como de un sueño, bajo una luz fina pero intensa
sus ojos entraron y salieron. Luego deshizo una postal.
Es falsa, le había dicho el otro inquilino de la celda.
Somos vigías del olvido, solo eso es cierto esta vez.
Al amanecer un guardia repite cierta parábola.
La escuché anoche, dice y explica el sueño.
Después salen a tomar sol y un hombre, trazando
una parábola cruza el aire azul. Si entramos en la historia
y creemos en su profundidad seríamos ese hombre.
La aventura consiste en detenerse y no mover ni un dedo
ni decir una pregunta. Estoy en un hueco del mundo
ante mí mismo. Tropiezo conmigo. Soy el caos
de mi boca y el silencio que le brota. Las puertas no se abren
ante mí ni yo me abro ante el ruido antiguo de la gota de agua.


JUEGO DE LA PUERTA
Me extiendo por lo inmenso
como las raíces de un árbol sagrado,
como la música, como el mar.
.[Octavio Paz ]

Entro en la primera voz del árbol.
Con mi humilde traje rodeo la mesa
y mastico la música que escuchan todos.
El canto va al centro del óvalo
y su oro hacia la lúcida tarde cruza.
Un hijo anuda el silencio a su violín
a las formas perfectas y variables de la rosa
a los ciegos y apurados pedacitos de olvido
a las preguntas que reinan en el pudor de nuestras calles.
Mi lomo es un animal invisible.
El filo rígido de la soledad va hacia el fondo de mi ala.
Mi ojo en su mitad podrido es vuestro sueño.
La luz nos cerca.
Señor, dígale que soy como los otros
bajo el caos de un clavel herido.
Señor, hazle mirarse en la otra orilla.
Se balancea la costumbre.
Precarias sombras en equilibrio.
Ellos y yo estamos en el clamor.
El mar repliega las voces
hacia iguales palabras cómplices.
Somos el coro del verdugo.
Con su lengua de hierro
el hijo del rey nos ha marcado la cara.
El rostro y la herida somos.
El viaje envuelve ese peligro
y en la claridad se diluye.
Juego de la puerta blanca como la estrella.
Bajo un árbol habrá siempre esa verdad como principio.
Se incrusta el pie del animal en la tierra resbaladiza.
La realidad no es trigo ni paz sino un hombre allí.
Jadeo y no logro el otro paso.
Al apagarse la tarde
cada gota de sal entra en el crecido abismo
y yo con el rumor de mis anhelos y raíces
bendigo la mano que abre la puerta clara
y el aire que se sienta en el ojo del silencio.


Isbel Díaz Torres

(Pinar del Río, 1976)

Poeta.

Licenciado en Biología, es miembro de la Asociación Hermanos Saíz, colaborador del Grupo Ala Décima, y trabaja como informático en la Dirección Municipal de Cultura de Plaza de la Revolución.
(Dirección de correo electrónico: dmcplaza@cubarte.cult.cu)



PALABRAS EN LA HARINA

Sacudo la tabla donde mi espalda, vieja y sucia,
lenta espalda enharinada con la harina negra,
ha de autofecundarse.
Con el dedo universal de Vallejo, renuncio.
Renuncia fecunda, seguro, renuncia sin hijos ni peces,
pan fermentado en lo oscuro de su harina,
en su propia leche (a)sombrada.
Unos caballitos crinialados mosquean insistentes,
enviados de afuera, outsiders, rubios turistas enflorados,
pero me como mi mano, mis testículos,
mastico concienzudamente mi mano, amorosamente,
mis testículos,
como una geisha tullida en su indócil kimono,
bebiéndose su hijo en el sake tibio que sirve.
No me importa.
Una espiral que taladra la luz también llega a algún sitio,
o tal vez viene, da igual, de algún sitio,
como sucede con la orina del arce derritiendo la nieve,
un modo de besar, digo yo.

La entrada en el barril, ah, ¡qué fanfarria silenciosa!
¿Será lo mismo el que lleva luz, que el que se lleva la luz?
Lo sé. Sé que lo sé.
Quien hace una pregunta tiene siempre la respuesta;
al menos, de todas, la única respuesta que importa,
y la que, por consiguiente, verá dios, será dios.
Un pie, cruje el tonel,
el otro pie es la oscuridad con la madre allá afuera,
el otro pie es sentarse como un troglodita, en la tierra,
sin rezar, ni maldecir, ni bendecir, ni cantar alabanzas, ni dibujar bisontes,
sentarse,
dejar que la yagruma se deshoje encanecida, gris, roja,
que el presidente vaya de vacaciones, o asalte, o triunfe, o mienta,
que se escriba una partitura hermosa como el agua,
allá afuera,
que alguien gane una partida,
allá afuera,
que se mueran dos hermanos, atrapados, diocecillos blancos,
allá afuera,
que representen la Almas Muertas con final feliz y decorados potmodernos,
que pasen por debajo de mi puerta una citación del CDRANAPUJCFMCFAPIPAEC,
allá afuera,
que todos vivan y sufran y gocen y escriban cartas y ganen premios y coman y sean traicionados y mientan y amen y mueran y odien y defequen y les llegue el bombo y traicionen y canten y tengan hijos y los asalten y les den el carnet y escriban novelas oscuras y claras y se paren en firme y se despidan y lloren y llamen por teléfono y siembren su árbol y lo corten y regresen y respiren y participen y dibujen y salven una tortuga y estén ausentes y bailen
todos, allá afuera,
no me importa.
El tonel cruje como un perro atropellado.
Todo es oscuro y húmedo.
La harina me da alergia.
Soplo.



Odette Alonso Yodú

(Santiago de Cuba, 1964)

Poeta, narradora, ensayista y promotora literaria.

Es Licenciada en Filología. Miembro de la Red de Escritoras Latinoamericanas (RELAT); de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); de Latino Artist Round Table (NY/USA); y de la Unión de Mujeres Escritoras de las Antillas (UMEDA). Actualmente es editora de la Dirección de Publicaciones de la UNAM.
Reside en México desde 1992.
(Direcciones de correo electrónico: odette_alonso@prodigy.net.mx, odette@libros.unam.mx)



BALCÓN AL MAR

Llego a tus costas
como al reverso menos cruel de la moneda
y tengo todo el tiempo para amarte
aunque el amor no sea más que alguna carta
a veces una espera.
Me desvisto en el muelle
me deslumbro
tiendo mi mano para hallar otra respuesta
y allí estás tú
allí vuelvo a encontrarte
toda tu firma voluntad sobre mis huesos.
La Habana
al otro lado
es una mancha
una extensa muchacha de luces en la espalda
siempre llena de veredas y centauros.
Porque no soy igual a los demás es que te amo
cuando la muerte es una rosa de los vientos
un golpe de suerte
una limpia palmada sobre el hombro.
Porque no soy igual a los demás es que te canto
que asciende mi canción buscando un puerto
un balcón frente al mar
donde dejar mi mano
donde dejar toda mi voz a buen recaudo
sobre el reverso menos cruel de la moneda.

SANTIAGO DE CUBA

Mis pies han vuelto desnudos
al hosco palpitar de los senderos
una huella reseca sobre el fango
donde una mano ayer echó la maldición.
En la pared mohosa se refleja el contorno
de los flacos arbustos ya sin hojas.
Como una cicatriz
los rieles del tranvía parten la calle en dos
una suave pendiente los arroja hacia el mar
con destellos que ciegan.
Allí están las amigas
bajo la sombra calma
sudor entre los dedos
caricia apenas que presagia el beso.
Allí están los muchachos riendo a carcajadas.
Allí estoy yo
tomada de sus manos
y la tarde es un juego de penumbras que descienden.


Dolan Mor

(La Habana, 1968)
Poeta y narrador.
(Dirección de correo electrónico: dolanmor@yahoo.es)



EN UN VIAJE A ALEMANIA ME HE CONVERTIDO EN GOETHE

A orillas de tu pelo la nieve Margarita escribe una canción en mi fino
portátil que habla de un viaje en tren a Dresden Alemania / Su melodía lleva
un silbido de plata el humo que abrillanta la música en mis dedos el sonido
de plomo que se mueve en mis manos temblorosas las letras en mitad de la niebla
(porque tu nombre en latín significa “perla”)
Los cristales ahumados en los meses de invierno inician este viaje que sale
de Ginebra / tu rostro (porcelana) contra la ventanilla cenizas en el cielo
las nubes pasajeras cucarachas azules tus ojos infinitos páginas de periódicos
el polvo que se enquista mientras silba el metal en mis manos la nieve el viento
de la tarde que ensucia la estación los andenes repletos de bultos bancos suelas oficinas que venden en seis ordenadores mi viaje hacia Alemania desde Gare Cornavin
Más allá de un discurso te nombro Margarita porque tu origen (flor) suena
bellis perennis entre los abedules que rodean el tren (son abedules secos pero en este poema
son árboles perfectos sembrados para ti) vuelo entre varias obras de escritoras que firman
tu diadema de reina tu nombre de princesa en páginas de libros al salir de Ginebra
(porque tu nombre en mi memoria significa “perla”)
Imagino la escena: vagones que se marchan el humo la distancia que abrillanta
tu rostro posado en el andén como una mariposa mortal oscurecido por la tela
de araña que deja su diamante tejido sus mil capas de aroma ese veneno vaporoso
el invierno destilando su amor al salir con mis libros de la estación Cornavin
En lápiz azul-negro te escribo este poema para la eternidad (tal vez para la muerte)
su magnitud (en bronce) el arte de lo bello la nieve que ahora reza detrás de ese cristal
el viaje hacia la noche de un tren que se diluye como un río en la hoja digital del portátil
viajeros que se duermen no saben siempre ignoran hacia dónde se mueve el reloj
apagado que deja en estos versos tu perfume (Chanel) unos lagos quemados por la palabra
tiempo y el amor ese tizne que sale de estas letras cual hilos de un gusano
cansado de escribir con seda una canción invisible lejana que habla de tu belleza
Sin embargo me ignoras pero yo te menciono al partir de Ginebra Margarete Margarita
(porque tu nombre en la distancia significa “perla”)
Como si fuera un muerto dentro de una novela que escribiera Bulgakov a orillas
de esqueletos sin ramas (abedules) va el tren hacia Alemania el humo
que despide mi corazón del tuyo colillas de la tarde mientras pienso en Celan
(él escribió un poema que hablaba de tu pelo tu cabello encendido como llamas
de oro) estambres que se duermen me golpean tus labios la canción
Margarita el silbido el amor que se agita en mis venas el viento entre mis dedos
tus labios que se mueven me arrastran cucarachas azules son tus ojos la memoria
y la niebla que pasa Margarita esta niebla el poema termina sin tu olor
(por cierto tu cabello es marrón no dorado: se equivocó Celan en su Fuga o poema)
y te alejas no vuelves porque yo escribo ahora que estás muerta tu nombre
se borró ya no existe la realidad se impone más allá de mi texto o es sólo una metáfora
de Google que Darío escribió en su palacio de mármol hace un siglo con la luz de una vela.

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Comentamos

Por María Montserrat Bertrán

Cabeza tronco y extremidades
Marcos Silber

Ediciones del Mono Armado, 2010


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Este libro es puro espíritu encarnado en un cuerpo de poesía tan sólido como luminoso.
La pluma del poeta Marcos Silber se vuelve cincel o bisturí para recortar o esculpir mediante el arte de la palabra este cuerpo que no hace más que apasionarse, amar y soñar.
Cuando el bisturí del “más sabio” avanza sobre él, ya inerte, suelta luz, amor y vida por doquier. Con ese mismo arte de hacer poesía, separa para unir, une para separar, pero la Unidad de la Palabra insiste porque el espíritu, con su fuego infinito trasciende la muerte. El juego la trasciende…
El poeta nos da una lección de desapego muy grande en todo el recorrido de este poemario.
Con una aparente mirada lineal sobre el tiempo, lo pasado llega con vientos fuertes y arrasadores de nostalgia, y lo por venir, se anuncia en varios poemas, expresando la capacidad soñadora del poeta. El presente, se rinde sólo a la poesía. Ni el pesimismo, con su disfraz de sombra le puede.
Trazado el mapa de una anatomía perfecta, habiendo hecho el inventario (ése que confecciona “punto por punto”, de todo lo que asistió “a la fiesta de la vida”), hice, yo–como lectora - mi propio recorrido y pude descubrirme, como seguramente podrá hacerlo todo lector de esta obra, en este Espejo Humano.

Funciones (Cabeza)

Al acecho en todo momento
La lente, una izquierda, otra derecha
Espera ser atendido
en la antesala de la córnea
el mensajero de la luz.
La princesa pupila ruega: por piedad
den en el blanco, sólo con lo más bueno y mejor”.
Los guardias del iris suben y bajan
los puentes levadizos para esto sí aquello no.
Canta la cebolla cristalina
asuntos de azules transparentes
y anuncia desprendimientos, aludes anuncian la retina
si bajan nieblas de miseria.
Jornadas completas la de ambos vigías
sobre escenas ciertas y deseadas.
En marejadas del humor acuoso
los arrojados no dejan de bracear
hacia puertos de tierras prometidas.
En la trastienda del humor vítreo
el tesoro se guarda el álbum
blanco y negro del instante detenido
y el color del instante atrapado.
En la trastienda, esa , la blindada
contra el asalto del tiempo despojante.
Afuera queda todo el mapa
de lo aún por ver y soñar.
Se encadena a la reja de la vida
uno y otro ojo;
resiste.
Mire si se van a dejar morir
con lo tanto lindo que queda por ver.

Instrucciones para un paseo al predio pulmonar (Tronco)

Ingresar por la alameda traqueal
hasta la bifurcación de las avenidas bronquiales.
Vale detenerse sobre la calle de los anticuarios
donde un abanico cuenta y cuenta
el ardor de la que ahora anda por los cielos
-sin dejar de soñar-
Y vale detenerse frente a la casa
del amotinado corrido de la vida; la casa
donde espera todo lo que el viento se llevó.
Sin pisar el césped, continuar hasta el rosedal de los alvéolos;
ir de una a otra habitación
-aduana por medio-
paso adentro el vientito sano
paso afuera los restos calcinados.
Luego (prohibidas las fotos)
cargarse en los ojos todo el color.
Película muda el paisaje se muestra sereno;
los peones lavan las piedras de la calle,
desembarcan los ancianos su huesería
y los pequeños corren tras las mariposas
fugadas de los cuentos.
Cerca de la salida
no sorprenderse con el ciego decidor
que pone Juaneles y Giannuzzis en el aire.
Concluido el recorrido, marcharse
sin olvidar de cerrar los grifos del riego
y bajar la llave de la luz ;
pero dejar abierto los ventanales,
cada uno de los ventanales
para que todo lo visitado no deje de respirar.

De Extremidades

Acaso este hombro cargó brasas en Guernica;
el antebrazo lanzó el disco olímpico en la Grecia,
el codo torció el destino hacia la mala.
Acaso el brazo le arrancó los ojos a la calamidad
y el corredor carpiano le cerró la marcha alfracaso.
Acaso regrese todita en esta mano
la arrasada de Víctor Jara.
Pero no.
Este es un hombro, un simple hombro
sin misterio, uno como todos
que llevan y traen para el vivir;
un antebrazo -se lee en el bíceps-
“trabajo para vestir y desvestir al susodicho”;
un codo que advierte: “curva peligrosa”;
un brazo que frotó y frotó vajilla de la noche;
un corredor carpiano abierto a la buena visita;
una mano –simple mano- una de aquí
que tocó a Dios en la carne amada;
un dedo pulgar que estampó la espiral del nombre
y un índice que apuntó al norte y siempre remoto.
Está claro,
no todo se detuvo en este muerto.
No le alcanzaron los guantes al hielo
ni el silencio alcanzó;
pudo más el ardiente retumbo
del tanto abrazo
que envolvió a la mal querida.

Marcos Silber sabe que “ese fueguito de hacer y estar” arde y brilla. Y lo sabemos los lectores de su obra.
Por eso, su “escalpelo de poeta” va con las palabras justas y convoca a la “Reina de la Noche”, siendo él, el que “dispone, ordena y canta, como Mozart canta.
Porque afuera de “nuestra máquina de amar y desamar “queda “el mapa de lo aún por ver y soñar”…, adentro tenemos ese Otro mapa, el de la vida bullente y eterna, que espera siempre nuestra audacia, nuestro amor, para que la exploremos infinitamente.

Marcos Silber ha publicado dieciocho libros de poesía y participa de numerosas Antologías nacionales y extranjeras.
Es Faja de Honor de la SADE (1968).
1º Premio en Mérida, España, por su libro Proposiciones y buenos modales.
1º Premio de Casa de la Amistad argentino-cubana; 1ª Premio (Publicación Editorial, La Luna que); 1º Premio Municipal de poesía 1998/99); Miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos.



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*Canto Poema en Flor - de Héctor Celano.
*Bodegueros del Diablo - de Carlos Carbone y Pablo Marrero.
*Los suenos no se inflaman - de Suyai Malen García Gualda.
* Réquiem in pax - de Mauricio H. Andujar.
* Marrón y Plata - de Lina Avellaneda.
* La nieta del presidente - de Corina Avellaneda.
* + de 100 tangos nuevo - de Letrango.
* El Títere - de Juan A. Núnez.
* En la ciudad de Las Artes - de Marcelo Rodriguez.
* Cuentos para matar...el tiempo - de Emilio Fernández Cordón.
* Caminos - de Jorge Asterión.
*Pasajeros del penúltimo - Tren Poemas y cuentos sobre rieles - de Carlos Carbone Gabriela Delgado Emilio Fernandez Cordón Pablo Marrero
* Leyes del terror. Investigación periodística Red Eco Alternativo.
* ... Y dáselo al fuego- de Sonnia de Monte.
* Doce ciudadanos+ uno- de Carlos Carbone.
* Cuentos para matar...te - de Emilio Fernández Cordón.
* Medanales: crónicas y desmemorias - de Gabriel Impaglione.
*Medios y poder en Venezuela. Aporrea y la prensa comunitaria - de Modesto Emilio Guerrero


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