Cuando se agota la paciencia Imprimir E-Mail
Wednesday, 29 de August de 2007
Casi 700 detenidos y más de una treintena de heridos es el saldo de represión policial a la movilización encabezada ayer por la CUT de Chile. La represión se desató luego que el Gobierno no autorizara el avance de la movilización.

(Bolpress) – La Jornada Nacional de Movilización Social y Sindical convocada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) de Chile no tuvo el alcance que preveían sus convocantes, pero puso en evidencia el hartazgo de una gran parte de la sociedad chilena que sigue esperando profundas mejoras y una distribución equitativa de la riqueza. El bombardeo de cifras macroeconómicas que se lanzan periódicamente desde el Palacio de la Moneda, se ha convertido en un boomerang.
La bonanza de los números solo encuentra comprensión y sonrisas de satisfacción en un sector minoritario ligado a la producción, al comercio y a determinados servicios. Pero para la mayoría de la población esos avances no se reflejan en sus salarios que pierden su carrera frente a los precios de artículos de primera necesidad.
Casi 700 detenidos y más de una treintena de heridos fue el saldo de una jornada de protestas durante la cual las formas de reprimir la descontento social repitieron imágenes de los métodos violentos y desproporcionados que utilizaban los carabineros durante la dictadura pinochetista. Lo cierto es que la protesta no llegó a una masividad importante, pero también resulta difícil cuantificar la participación a raíz de la diversidad de incidentes que provocaron las intervenciones represivas de los carabineros. La cifra de detenidos, la mayoría de los cuales recobró la libertad a las pocas horas, revela que la policía tenía instrucciones para desarticular la protesta y evitar su extensión y crecimiento. El defensor de Derechos Humanos Hugo Gutiérrez, explicó que los carabineros pusieron en práctica un sistema de contención basado en la detención temprana de los dirigentes de las columnas que se formaban, para desarticularlas. Gutiérrez precisamente, considera que el único culpable de los desmanes es la intendencia de Santiago, bajo cuyo mando opera la fuerza pública por delegación expresa de la presidencia de la república.
La convocatoria de la CUT se hacía bajo el lema "a conquistar un estado social, democrático y solidario": para protestar contra el alza de precios, los bajos salarios y la política económica de Bachelet que califican de "neoliberal". También subyace en la protesta, la exigencia de que se cambie el sistema electoral, que muchos consideran falto de representatividad y la causa principal de que la mitad de los electores no concurra a votar cuando son llamados a las urnas. Cada vez hay más gente que no cree en la solución política de los principales problemas del país, al menos dentro de las reglas actuales.
En la capital, las protestas se extendieron por la noche a los cordones periféricos, con barricadas, fogatas y cortes de suministro eléctrico, como ocurría en las jornadas de resistencia contra la dictadura.
Arturo Martínez, presidente de la CUT que el día previo a la protesta anticipó que Chile no sería el mismo después de la movilización, acusó al gobierno y a las autoridades metropolitanas de crear un clima de violencia, lo que terminó por desnaturalizar la forma pacífica en la que había sido convocada. Dijo que la violencia es inevitable "cuando las mismas autoridades empiezan semanas antes a generar el clima". Añadió: "aquí hay gente que tiene hambre, hay gente que está aburrida de esperar".

 
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