Arresto masivo de 43 trabajadores de la sanidad en Filipinas Imprimir E-Mail
Thursday, 22 de April de 2010
La carrera para las elecciones presidenciales es una excusa para la mayor represión patrocinada por el Estado, pues la principal ‘democracia escuadrón de la muerte’ de Asia libra una guerra contra sus médicos rurales progresistas.
(James Petras y Robin Eastman-Abaya – Rebelión) Filipinas - En Filipinas el estancamiento del sector agrícola y un sector manufacturero en retroceso, combinado a una política electoral dominada por una coalición de terratenientes, señores de la guerra y clanes familiares oligárquicos, ha conducido a una pobreza masiva que profundiza en las desigualdades de clase y la polarización social. Las élites son reacias a tolerar cualquier oposición o movimiento por el cambio. Como no han sido capaces de establecer su legitimidad o hegemonía por medio de programas y políticas que creasen prosperidad para las masas filipinas, la élite política filipina confía en los militares y los paramilitares para reprimir los movimientos populares sociales, mientras sus aliados entre los señores de la guerra locales y los líderes de los clanes “despachan” los votos.
Las elecciones en Filipinas son competiciones violentas entre familias “oligárquicas” rivales donde las pistolas y los asesinatos, así como las urnas, deciden qué “facción” gobernará. Las élites políticas contratan incluso la ayuda de la policía, el ejército, paramilitares y escuadrones de la muerte locales para matar a sus principales líderes rivales y así asegurar la “victoria” de sus candidatos. La reciente masacre de 57 civiles (incluyendo a 24 periodistas) de camino para registrar a un candidato local, cometida por un señor de la guerra aliado de la Presidenta, confirma que las próximas elecciones estarán entre las más sangrientas.
La principal oposición a las políticas de los oligarcas en Filipinas proviene de las organizaciones sociales independientes. Estos movimientos de base, comunales, están comprometidos en organizar programas de salud, existiendo también organizaciones de mujeres y por el medioambiente, grupos pro derechos humanos que defienden a trabajadores, campesinos y activistas sociales, junto con sindicatos de clase y organizaciones de pequeños granjeros y trabajadores del campo.
La carrera presidencial de 2004 en Filipinas fue la plantilla para elecciones en la “democracia escuadrón de la muerte”: la “victoria” de la Presidenta Gloria Macapagal Arroyo fue cimentada en una campaña de terror y asesinatos contra candidatos y organizadores políticos que pertenecían a los partidos sectoriales de la “lista de partidos” que representaban a grupos marginados como pobres urbanos, obreros, agricultores, mujeres y estudiantes, y garantizada por una inolvidable conversación, intervenida, de la Presidenta, ordenándole a su comisionado para las elecciones (el escándalo“Hello Garci”) entregar porcentajes específicos de votos.
Mientras compiten entre ellos, los candidatos de la élite trabajan juntos para oponerse a cualquier movimiento social popular que emerja dentro de sus dominios sociales y políticos; de aquí se deriva el aumento de represión sin precedentes según el proceso electoral se va desarrollando.
Esta dinámica es la clave para entender los miles de ejemplos de violencia perpetrada contra periodistas independientes, trabajadores de la sanidad, trabajadores de asistencia jurídica, sindicalistas, profesores, clérigos rurales y muchos otros.
El 6 de febrero, 300 soldados y policías militares fuertemente armados, enmascarados, irrumpieron en la residencia provincial de la Doctora Melecia Velmonte, distinguida especialista en enfermedades infecciosas y Profesora Emérita del Colegio de Medicina de la Universidad de Filipinas, y arrestaron a 43 trabajadores de la sanidad, médicos y enfermeros que habían estado celebrando un seminario sobre preparativos para un posible desastre rural tras las secuelas del devastador tifón Ketsana. Se les vendaron los ojos, se les ató y llevó a un campamento militar donde sufrieron violentos interrogatorios y torturas para ser acusados de terrorismo y pertenencia al movimiento guerrillero El Nuevo Ejército del Pueblo. La dueña de la granja donde los “terroristas” médicos se reunían, Dra. Velmonte, y su hijo, que estaban presentes durante los arrestos y que protestaron por la invasión de su propiedad sin una orden judicial, no fueron arrestados.
Los 43 detenidos médicos han estado custodiados en un campamento militar desde entonces sin acceso posible para familiares y abogados. Los falsos cargos de posesión de armas contra los trabajadores sanitarios se basan en explosivos, pistolas y manuales para la fabricación de bombas, obviamente colocados en sus pertenencias.
Estos absurdos cargos, la extraña “redada” estilo comando en la residencia de la Dra.Velmonte y el prolongado aislamiento y abuso de los detenidos fueron defendidos por el Gobierno, al más alto nivel, encontrando pocas quejas o llamamientos para una investigación por parte de la oposición dirigida a su vez por la élite.
Nota completa:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104378&titular=arresto-masivo-de-43-trabajadores-de-la-sanidad-en-filipinas
 
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