Muro de odio y pobreza entre El Paso y Ciudad Juárez Imprimir E-Mail
Thursday, 24 de June de 2010

La pintada que se lee debajo del Puente Negro, en esta norteña ciudad mexicana, está de hecho en territorio estadounidense: "Sergio, tu muerte será vengada por el pueblo organizado y encabronado".
(Daniela Pastrana - IPS) México - El mensaje lo dejaron jóvenes congregados en esta línea fronteriza el 12 de junio. Cinco días antes, el lunes 7, en este mismo lugar, un agente de la policía de EEUU disparó contra Sergio Adrián Hernández, un adolescente mexicano de 15 años que le arrojaba piedras, y lo mató.
El asesinato, grabado en un teléfono celular de una persona que cruzaba a pie el contiguo Puente de Santa Fe, ha sido la puntilla para la sociedad juarense, castigada por la violencia sexista y del narcotráfico y por la recesión que golpea su economía de frontera.mexicopuentenegrofronteraeeuu.jpg
"Hay una indignación unánime, no sólo porque era menor de edad, sino por la saña y el exceso de fuerza", dijo Rodolfo Rubio, especialista en temas migratorios, del Colegio de la Frontera Norte.
La historia de Ciudad Juárez está marcada por su condición de frontera con EEUU. Cuando el territorio de Texas fue anexado por ese país, a mediados del siglo XIX, el centro de la villa quedó dividido por el entonces caudaloso Río Bravo, hoy una línea de agua con una doble cerca del lado estadounidense.
De un lado, Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. Del otro, El Paso, en Texas.
Hace tres décadas, en el mismo sitio donde están las pintadas que piden justicia para Sergio, los juarenses cruzaban el río varias veces al día en llantas de camiones para ver a sus familiares en El Paso.
Los estudios poblacionales señalan que 75 por ciento de los habitantes de El Paso son mexicanos o de origen mexicano. Para Rubio, el límite Juárez-El Paso es el más poroso de las ciudades fronterizas del norte.
Pero las relaciones entre las dos urbes cambiaron "sustancialmente" a partir de la política de seguridad que adoptó Washington tras los ataques terroristas de septiembre de 2001, aseguró el investigador.
César Fuentes, especialista en desarrollo binacional, explicó que un "primer impacto negativo" de esta política fue el aumento de los tiempos de traslado para cruzar la frontera, que hacen que la gente "vaya menos veces (a El Paso) y se quede más tiempo".
Desde 1993, casi 800 mujeres de Juárez fueron víctimas de asesinatos acompañados de torturas y violaciones. Y la ola de violencia derivada de la guerra federal contra los carteles del narcotráfico dejó 5.400 muertos en tres años.
El Paso, con unos 600.000 habitantes, es la segunda ciudad más segura de EEUU, después de Honolulu, capital del estado polinesio de Hawai.
En los primeros seis meses de este año, Juárez sumó más de 1.800 asesinatos, y El Paso uno.
Juárez, con una población de 1,2 millones de personas, vive una profunda pauperización por el cierre de las maquilas, ensambladoras de productos de exportación que se benefician de exenciones fiscales. En dos años, 2008 y 2009, se perdieron 300.000 puestos de trabajo.
Pese a la recesión que empezó en 2008 en EEUU, El Paso mantuvo el crecimiento económico, según la Oficina del Censo de ese país.
Además de la inmigración juarense, otro factor que impulsó su economía es la expansión multimillonaria de Fort Bliss, una base militar asentada a 30 kilómetros, a la que se transfirieron miles de soldados y que sirvió en la última década de sitio de concentración de tropas enviadas a Iraq y Afganistán.
El río casi seco entre las dos urbes hermanas es, cada vez más, una división entre ricos y pobres: quienes tienen poder adquisitivo huyen a El Paso, los que no, se quedan en Juárez o regresan a sus estados de origen.
En esa dinámica, fue abatido Sergio Hernández. Su cuerpo quedó tendido junto a un pilar del ferroviario Puente Negro, en territorio mexicano y a menos de 20 metros de donde disparó el agente fronterizo, cuyo nombre se guarda el gobierno estadounidense.
El 31 de mayo, Anastasio Hernández Rojas falleció luego de tres días con muerte cerebral provocada por golpes y descargas eléctricas que le propinaron policías de EEUU en el cruce de San Ysidro, entre la sureña ciudad estadounidense de San Diego y la mexicana Tijuana.
Hernández Rojas, de 42 años, iba a ser deportado a su país, luego de casi tres décadas viviendo en San Diego.
"Hay un patrón recurrente de violación de las autoridades de EEUU hacia los migrantes, que se ha recrudecido en los últimos años, a partir de septiembre de 2001 y ahora, más claramente, a raíz de la ley de Arizona", dijo Rubio.
La ley SB1070, promulgada el 23 de abril por el estado de Arizona, autoriza a los policías locales a detener a cualquier persona de la que tengan una "sospecha razonable" sobre su estatus migratorio.
La cantidad de mexicanos heridos o asesinados por patrullas fronterizas se multiplica: fueron cinco en 2008, 12 en 2009 y 17 en lo que va de 2010.
 
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