Venezuela, el síntoma Imprimir E-Mail
Friday, 29 de April de 2011
La deportación del periodista colombiano nacionalizado sueco, una decisión del gobierno bolivariano, volvió a conmocionar el entramado ideológico, político y moral de la izquierda internacional. Kadafi y Porfirio Lobo no fueron suficientes.
(Modesto Emilio Guerrero) Venezuela - El impacto es mayor por tratarse de un periodista alternativo, director de una agencia informativa, ANCOL, refugiado legal en Suecia desde casi 20 años cuando sobrevivió a la matanza de más de 4.700 militantes de la Unión Patriótica en Colombia, donde este hombre, Joaquín Pérez Becerra, era Concejal de la Nación.
La conmoción nace porque el deportador es el gobierno que más avanzó en la última década en el desafío al dominio de EEUU en América, a sus bases militares, al ALCA y a todo lo que conocemos como imperialismo. Entonces no sorprende que la SIP guarde silencio y que en el Palacio de Nariño, la DAS, el Departamento de Estado y en varios despachos de la boliburguesía caraqueña, se discurran cautas sonrisas de conformidad.
Cuando Freud quiso criticar la neurosis de la familia burguesa, dijo que "Los hijos son el síntoma de la familia". Una traslación formal del concepto habilita pensar que la violenta extradición del director de ANCOL sintomatiza un estado de confusión y riesgo grave de regresión del gobierno al hombro y su proceso revolucionario. Como es natural esto se evidencia en primera instancia en su política exterior.
El asunto tiene profundas raíces sociales y subjetivas. América latina, y Venezuela en particular, no viven situaciones revolucionarias o rebeliones sociales desde por lo menos 2005. En estos casi siete años ha predominado la relación entre Estados, o sea la diplomacia, el comercio, los convenios, tratados, relaciones personales y vinculaciones determinadas por necesidades electorales. En esa dinámica el factor dominante es el sistema regional de Estados regulado por Estados Unidos y la UE y los modos burgueses de funcionamiento gubernamental. Ahí comienza el riesgo de contagio del síntoma.
Aunque mucha de esa diplomacia y transacciones comerciales sean indispensables, el resultado es un alto costo para las sociedades y gobiernos que luchan por independizarse del control imperial y transformar su vida económica, social, cultural e institucional.
La extradición convirtió a Joaquín Pérez Becerra en menos de un año, de un amigo del proceso bolivariano en un "terrorista". En 2009 y enero de 2010 fue invitado a encuentros internacionales en Caracas.
Otro signo de alerta de alto riesgo es haber acudido a los argumentos de regímenes opuestos (enemigos en sus propósitos), como el de Bogotá y Estados Unidos, para justificar la deportación: "... Por la comisión de delitos de concierto para delinquir, financiamiento del terrorismo y administracion de recursos relacionados con actividades terroristas..." La contradicción se agiganta cuando eso se sostiene "...En estricto cumplimiento de los compromisos y de la cooperación internacional..." (Comunicado del MPPRI,
www.telesur.net/noticias/91952)
En política, al revés que en la novelística, las palabras tienen costo social. Al director de ANCOL se le negaron absolutamente todos sus derechos civiles como perseguido de un régimen asesino y nacionales como ciudadano sueco. Además de los establecidos en la Constitución Bolivariana y la Convencion para Refugiados.
Ya son 7 los insurgentes colombianos deportados desde el acuerdo con Santos en Santa Marta, y otro de un activista vasco. Hay cierta displicencia ante los asesinatos de campesinos y obreros y hubo descuidos ante un jefe indígena y un estudiante presos hasta hace poco. El gobierno proyanqui que resultó del golpe militar de Honduras es uno de los más beneficiados con esta historia.
¿Quién gana, quién pierde?
Es simple, lo que no avanza retrocede. Aquello que conceda el régimen bolivariano será aprovechado por sus enemigos contra el régimen bolivariano. La política, como la física, abominan del vacío y las conductas duales. A las 60 horas de la deportación de Joaquín, llegó a Caracas el Sec. General de la Interpol, Ronald Noble, para revisar la "desincorporación de la Alerta Roja" de los cinco banqueros venezolanos "profugos de la Justicia" solicitados a la Interpol desde 2009.
El síntoma amenaza con metástasis.
 
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