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Thursday, 23 de June de 2011
Pobreza, hambre, trabajo infantil, deserción escolar y deficiencia en las políticas públicas dirigidas a la infancia y adolescencia, determinan un círculo de exclusión que amenaza hoy a miles de de niños y niñas.
infancia.jpg(Red Eco) Argentina - Casi tres mil niños y niñas argentinos mueren anualmente por causas vinculadas a la desnutrición. A principios de febrero los medios daban a conocer la alarmante situación que vivía la provincia de Salta respecto a este tema. Cuatro meses después, poco se dice al respecto, sin embargo la cifra de muertes ascendió a trece.
En una nota de la agencia Pelota de Trapo de la semana pasada se indicaba: “Un bebé que nace en Formosa, en Embarcación, en Tartagal, tiene tres veces más probabilidades de no llegar a cumplir un año que un niño que nace en Belgrano o en Caballito. Más de veinte certificados de defunción diarios en todo el país determinan con un eufemismo cómplice que los niños mueren de paros cardiorrespiratorios. Detrás de la causa obvia, generalizada, está el hambre. Las enfermedades parientas, evitables, desencadenadas, convocan a la muerte cebada y lujuriosa, en los hospitales colapsados por falta de médicos, enfermeras, insumos y presupuesto”.
Es decir que, a las deficiencias del sistema sanitario debe agregarse un mecanismo perverso que oculta y tergiversa información al fraguar actas de defunción que no detallan las causas de las muertes, con el objetivo de disminuir las cifras reales de las muertes por desnutrición.  
La pobreza es el eje que atraviesa la vida de estos niños y niñas argentinos y no sólo trae aparejada la amenazada del hambre, de acuerdo a una investigación realizada por el Observatorio de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA) el 17,6% de los niños y niñas de 5 a 17 años realiza algún tipo de trabajo en grandes centros urbanos. Las zonas rurales no fueron abordadas en esta investigación donde se presume que la situación en general es más preocupante ya que es donde se encuentran más a menudo casos de explotación laboral.
De acuerdo a este informe que midió a seis mil hogares de todo el país durante el  segundo semestre de 2010, el universo de chicos que trabajan se divide en dos grupos: los que realizan actividades domésticas en forma intensiva (limpian, lavan, cuidan a los hermanos, hacen la comida todos los días, juntan agua, leña), o actividades económicas (ayudan a sus familiares u otras personas en un trabajo, hacen alguna actividad para ganar dinero por su cuenta como empleado a aprendiz) y existen contrastes según la edad: entre los 14 y los 17 años el promedio de chicos que trabajan es de 32,4 por ciento; mientras que entre los chicos de 5 y 13 años, ese número es del 10,6 por ciento.   
Al incluir el factor económico que los rodea, la investigación asegura que quienes se encuentran en el estrato más bajo (25% inferior) los niños y niñas entre 5 y 17 años tienen 4,7 veces más “chance” de tener responsabilidades domésticas intensas que un par en el estrato medio alto (25% superior). Dicha brecha regresiva para la niñez en situación de pobreza es de 6,7 veces en el caso de los niños/as entre los 5 y 13 años y de 4,9 veces en el caso de los adolescentes entre los 14 y 17 años.
Estos niños y niñas, condenados a la exclusión, padecen una propensión mayor a abandonar o no ingresar al sistema educativo. De acuerdo a la investigación mencionada, esta asciende a más del doble entre los niños y adolescentes que trabajan. La situación más preocupante es en los adolescentes en donde la no asistencia a la escuela es del 14 por ciento entre los trabajadores, frente al 8,6 por ciento de sus pares que no trabajan.
Mientras tanto, las políticas llevadas adelante por los gobiernos Nacional y provinciales continúan quedando cortas frente a las problemáticas que afectan a la infancia. Un ejemplo de esto es la denuncia difundida la semana pasada por organizaciones que trabajan en centros comunitarios de atención a la infancia de la provincia de Buenos Aires conveniados dentro del Programa Unidades de Desarrollo Infantil (UDIs). De acuerdo a estas organizaciones, la situación que atraviesan es crítica debido a permanentes atrasos en los desembolsos del programa, la falta de presupuesto que impide la cobertura total de todos los niños, niñas y adolescentes que participan en las organizaciones y que no se hace efectivo el pago del aumento ya aprobado por el ministerio.
En su comunicado, las organizaciones afirman que “en tiempos de crecimiento económico, y paradójicamente en un momento en el que están aprobadas mejoras en el programa UDIs, numerosas organizaciones que brindan servicio alimentario, educativo y de promoción social a los niños, niñas y adolescentes más empobrecidos de la Provincia de Buenos Aires, corren peligro de no seguir funcionando, privando a los pibes de sus derechos más básicos: alimentación, educación, cuidado y recreación”.
Fuentes: Agencia Pelota de Trapo – Misiones On Line -
Foto: Alejandro Rodriguez - www.enlavuelta.org
 
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