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Wednesday, 25 de June de 2008
 



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Boletín cultural de la Red ECO Alternativo

24 de junio de 2008 -
Año Vlll - Número 78

Bodegueros a cargo: Carlos Carbone y Pablo Marrero

Diseño e imágenes: Carolina Butron Avalos

 


En este número tenemos

*Algo de literatura actual de Venezuela.
*Presentación del libro “Doce ciudadanos +1”, de Carlos Carbone.
*Encuentro de poetas y escritores argentinos y chilenos, en Mendoza.


En la Bodega hoy les regalamos textos de algunos autores actuales de la literatura venezolana. Y para arrancar con el tema, le brindamos una intervención hecha en Buenos Aires por la Licenciada Giordana García, en nombre de la editorial “El perro y la rana”, que nos da una visión de lo que está sucediendo en las letras del país hermano.

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La revolución del libro en Venezuela

Enviada por el gobierno venezolano a participar en la Feria del Libro de Argentina, la licenciada en Literatura Giordana García presentó esta ponencia en el Centro Cultural de la Cooperación el martes 29 de abril, en un acto organizado por la Embajada de Venezuela. El interés que reviste no está solo en su valor conceptual, además en la información que aporta sobre el embate cultural que la "revolución bolivariana" intenta contra la hegemonía de valores capitalistas instalada en el país caribeño. La charla fue a dúo con el joven historiador Jonathan Montilla, del Centro Internacional Miranda; ambos, Giordana y Jonathan, son dos productos intelectuales originarios del proceso transformador que vive Venezuela: sus vidas públicas son casi las mismas que lleva vivo el proceso revolucionario. Allí radica el doble valor de estas reflexiones de Giordana. Ella es la Gerente Editorial de El perro y la rana, la editorial del Estado venezolano.

(Modesto Emilio Guerrero)

     
 

 

En Venezuela estamos ante una verdadera revolución del libro. Hoy, ante la imposición tecnológica de formatos virtuales y electrónicos, las transnacionales del libro apuntan cada vez más a la  asunción del libro mercancía, garante de ventas seguras y transmisores de valores nulos, ramplones y netamente transitorios.

Los best-seller, la llamada autoayuda, los libros de fácil y reaccionaria posición política, o la literatura infantil de costosísimo formato y poco contenido abundan en las librerías y ferias internacionales del libro. Pareciera que la literatura se ha convertido en un motivo de incrementar caudales económicos y reducir los campos del pensamiento a un discurso mercantil-derechista. Revolución entonces significa ruptura, urgencia, acción; volver a entender la literatura y el libro como canales de autorreconocimiento, de debate y de pensamiento crítico. 

El habla hace la cultura, entendemos el mundo cuando lo nombramos, intercambiamos con los nuestros y con los otros a partir de la palabra y construimos sistemas de percepción de la vida y de la muerte a través de la creación de tejidos significantes, llámense textos. La literatura se hace todo el tiempo: cuando creamos giros de la lengua, expresiones más acordes con lo que necesitamos expresar, cuando narramos una anécdota o recordamos un sentimiento; la literatura es arraigo, permite que nos conozcamos, evita el aislamiento, y de esta manera deja que seamos en el otro, reconociéndolo. Útil y dulce, como quería Horacio, el libro es el arma para crear de nuevo nuestras relaciones con la sociedad y el individuo, arma desalienadora y esclarecedora, en ella encontramos la  vía para transgredir el orden opresor y construir un sistema igualitario de  hombres y mujeres nuevos.

Ante la necesidad de accionar de una vez por todas los dispositivos de la avanzada, nace La Editorial estatal El perro y la rana, ya incipiente desde el Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela en el 2005 y realidad viviente hoy, cuando los títulos de autores nuevos o ya no editados, de clásicos y contemporáneos o novísimos, son editados en Venezuela y marchan alrededor de Latinoamérica a través de ferias o maletines de viajantes lectores.

En El perro y la rana siempre ha despuntado el criterio patrimonial sobre el exclusivamente estético, es decir, más allá del típico libro de consagrado, apegado a la idea aquella de la vieja Europa de que la alta literatura es una de las "bellas artes" y todo lo demás es popular, profano o folklórico, el valor que llamamos patrimonial busca rescatar los significados que se transmiten en el día a día de la gente, aquellos que nos unifican en la diversidad y nos permiten generarnos identidad.

El fin neurálgico de El perro y la rana es animar a la gente a escribir, y, sobretodo, a leer. Son libros orientados a todos los lectores, sin distinción de absolutamente ningún tipo. En Venezuela, quien no quiera leer un libro de El perro y la rana, está siendo objeto de su propia autoexclusión (algo común en los predios de las altas esferas de la crítica elitista venezolana).

Nuestro país ha sufrido durante años de la miopía academicista, experimentada por la crítica más rancia y apoyada por los grandes medios de "información", siempre hambrientos de dádivas.  Un círculo onanista de lectores y escritores se había erigido como senado enjuiciador todopoderoso, llevándonos a la más absoluta pusilanimidad crítica. El panorama de las letras se ajustaba a un par de nombres y algunos grandilocuentes recuerdos, parecía que la literatura venezolana no conocía mas que a Andrés Bello, al traicionado Andrés Eloy Blanco y por supuesto, al nunca bien confrontado y renovado Rómulo Gallegos; los maestros de escuela repetían insistentes la consagración ecuménica de una pequeña pléyade y el resto… puro folklore, imaginería, literatura menor, o simplemente, no natos. La experiencia de El perro y la rana ha demostrado que la escritura en Venezuela no es cosa de unos pocos, en cada terruño habitado existen venezolanos escribiendo, entrelazando  ideas y emociones que nos hablan de un nosotros realmente plural, historiando pueblos, comidas, creencias, música, arte, anécdotas. La irrupción de riquezas regionales y locales no ha cesado de plasmarse a través de la escritura, la transmisión oral y la lectura; porque sí, la gente sí lee, y cada vez más, la gente sí entiende y sí crea. Vergüenza ajena da tener que recordárselo a una clase media poseedora de títulos universitarios y cargos gerenciales cuyo criterio parece estar cocido a los pantaloncillos de Micky Mouse.

La experiencia del El perro y la rana enseña que podemos crear instituciones acordes a los cambios que queremos, sin subestimar las fallas y los errores cometidos, depurando y mejorando en  la medida en que el poder popular lo requiera, pues no debemos olvidar que todas las instituciones públicas son eso: públicas, es decir, del pueblo, del poder del pueblo y nunca más de una nueva elite o buró.

La participación de todos debe estar garantizada desde la base, y nuestro esfuerzo editorial la conjuga llevando los libros a las parroquias, creando imprentas regionales con participación de voceros de consejos comunales, incrementando los tirajes y dándole espacio a todos.

Nunca antes tantos venezolanos leyeron juntos el mismo libro, nunca antes fueron escuchadas y escritas sus propuestas. Venezolanos discutiendo la Constitución de la República, pensando en su mejora, proponiendo y criticando artículos, argumentando y generando conclusiones acerca de su presente y futuro, todo gracias  a la lectura, es una muestra insoslayable de la fuerza y la vigencia social que hoy envuelve al libro en Venezuela.

La necesidad de fortalecer la revolución desde la conciencia individual, desde la asunción de responsabilidades colectivas que nazcan desde una ética desarrollada a la luz del socialismo, se ve cimentada en la producción de libros con contenidos que insten a la reflexión y la pluralidad, la lectura juega un papel protagónico en la movilización progresista hacia la forja del nuevo ser venezolano y latinoamericano.

Las generaciones más recientes, proclives a formarse únicamente a través de los discursos de consumo masivo, tejidos desde el interés monocorde del mercado, buscan maneras alternativas de acercarse a sí mismos y a los otros, de entenderse desde la pluralidad, y, sobretodo, desde el pensamiento crítico. Ante la continua embestida cultural del imperio estadounidense globalizado, Latinoamérica se alza en búsqueda de la unión de fuerzas y culturas, lo que parece ser un "giro a la izquierda", parcial pero fructífero, ha devenido en reuniones y organizaciones preocupadas, muy alarmadas y prontas a la acción cultural.

Los Foros sociales por la paz, los encuentros de intelectuales y pueblos no han dejado de producir manifiestos y políticas de acción alternativas. Se ha entendido que el imperio ataca desde la casa. La televisión, los diarios, las racistas tapas de los alimentos y productos de limpieza, la música implantada made in Miami, etc. están siendo los actuales pedagogos de nuestros pueblos, y no queda sino contrarrestarlos mediante las mismas vías: generar discursos, abarrotar de contrainformación la calada mentira mediática, inventar formas no convencionales de comunicar, para nosotros sí desde la entraña, desde lo cierto y necesario que es cambiar para no perecer.

El libro, la lectura y las artes en general, deben ser eso: múltiples modos de destruir tanta bazofia cultural, tanto amarillismo emocional, tanto deseo atrofiado y liberar al fin la voluntad creadora que cada sujeto puede generar. Eso sería revolución. Revolución es indisasociable de estética, así como de vida.

El filósofo venezolano Ludovico Silva, desde la más sentida reflexión nos sigue diciendo: "El verdadero arte es revolucionario, trae algo nuevo, genera otra forma de existencia, una 'expansión de la conciencia'. La revolución comienza por el desarrollo de la sensibilidad…".

Desde la Editorial El perro y la rana, hemos asistido a una explosión escritural  y lectora. Cada vez son más los autores inéditos que consiguen un lugar para ser leídos, y más los lectores, que luego de un profundo trabajo de alfabetización nacional, acceden y buscan buena literatura. Revistas de crítica y reflexión social como A plena voz, Día-Crítica o Memorias de Venezuela son difundidas por todo el país, las respuestas han sido contundentes: pueblo lector que participa e incluso escribe en estas plataformas, son revistas abiertas a toda pluma que piense y sienta desde la crítica y la lucha por socializar la información.

Más de 1000 títulos editados por El perro y la rana en poco más de dos años, de los cuales por lo menos 400 son de autores inéditos, antes marginados por la editoriales de elite o de academia, más de 50 librerías estatales distribuidas por todas las provincias venezolanas, donde los libros del El perro y la rana son vendidos entre 1 y 5 bolívares fuertes, es decir, entre 0,50 y 3 dólares,  así como el fortalecimiento pujante de las bibliotecas públicas del país, la creación de una Distribuidora Venezolana del libro y de la Imprenta Cultural, son logros que van dejando una impronta en el desarrollo ético y estético del venezolano. Avanzamos ahora hacia la creación de un gran Plan Nacional de Lectura, que refuerce la relación entre la producción del libro y la participación del lector, apuntando al incremento incesante de la acción cultural como primer bastión para la defensa y la autonomía de los pueblos.

La unión latinoamericana, la transformación de las fronteras en umbrales, en puertas hacia los otros que dejen circular libremente los saberes ancestrales y contemporáneos de cada diversidad, debe ser ahora más que nunca, el norte de nuestros países, si queremos consolidar y concretar las luchas emancipatorias que nunca hemos dejado de librar.

Para terminar, invito al regocijo, al optimismo, pues sin duda el libro ha cobrado en Venezuela y en Nuestramérica toda, un importante papel en la conformación de la revolución, abriendo el camino hacia el socialismo y hacia una manera creativa de construir soluciones.

     
 


-¡Bravo! ¡Bravísimo! Darle más espacio a las ideas, a la lectura, a la creación de pensamiento crítico, a esto ayuda El perro y la rana.

Carlos y Pablo, miran al recién llegado y quedan congelados. Bocas abiertas, ojos como petrificados, cejas levantadas... y ese tartamudeo...

-Pe...pe... ¿Vos ves lo que yo veo, Pablo?

-Si...si es el inconfundible, es el mismísimo Hugo Chávez, presidente de Venezuela...

-¡De la República Bolivariana de Venezuela!- aclara Chávez

-Claro, claro, disculpe, pe... pero, ¿a qué debemos este honor, de tenerlo en nuestra humilde cueva?

-Simplemente me comentaron que acá había literatura y que iban a leer textos de algunos autores venezolanos y me acerqué, porque a mi la literatura me apasiona. Yo leo mucho. Me enseñó a leer mi abuelita Rosa Inés... El canto estridente de los grillos ofrecía la nota musical a los cuentos que oíamos absortos, sentados sobre el petril de tierra, que bordeaba la casa de Rosa Chávez... Nos contaba muchas historias sobre Zamora y así, entre los cuatro y cinco años empecé a leer y a escribir.

-Un niño precoz- comenta halagüeño, Pablo.

-Así me devoré los cuatro tomos de la enciclopedia Quillet.

-Y ahora, ¿tiene tiempo para leer?

-Siempre me hago el tiempo; mis autores preferidos son García Márquez, Galeano, Benedetti, Rómulo Gallegos... releo clásicos como La Ilíada, por supuesto a Bolivar, historias de Zamora, leyendas de los llaneros...

En ese mismo instante entra un montón de gente: traen cámaras de filmación, luces, computadoras...

-Disculpen esta vaina- se adelanta Chávez.-No me da el tiempo y tengo que hacer “Aló Presidente” ¿Es posible realizar el programa desde acá?

-Para nosotros es un honor- dice Carlos, y agrega-: pero ésta es la Bodega del Diablo...

-¿Y?

-Y los escuálidos lo van a acusar que se alió con el maligno y... como dicen ustedes, se va a meter en camisa de once varas...

-¡Esos coño e´su madre! ¡El maligno más grande no está acá abajo, el mismísimo diablo está allá arriba y se llama Bush!- se pone serio Chávez y ya se aleja para preparar el programa.

Al rato “Aló presidente” sale al aire desde un rincón de la Bodega, mientras en un costado, fuera de cámara, se empiezan a leer algunos textos de autores venezolanos.

     
 


En un día de estrellas fugaces………

Resulta que uno se despierta
y le provoca escribir algo
alguna historia liviana o furiosa, y entonces
uno se rasca la cabeza como todo mal escritor
y se pone patas-abajo para ver que cae de la pendiente,
y uno baila, desata nudos, como limones en salsa de agua,
prefiere sortear palabras, ir atrás,  y pararse frente al espejo,
para burlarse de la patética forma de hablar de los vivos.
Resulta que uno agacha la cabeza, muerde la hoja
y parece que la blanca decide matarse ella solita
Así va la mañana
arreglos aquí y allá
y no se escribe
y dónde se escribe
Es mejor no preguntarse para acelerar hacia el punto más próximo
arder para abrazar el sol
He sido un bochornoso lirio en las calles
me he aprovechado de mi condición de orador
para penetrar en eventos cerrados
en los festivales fuera de contexto
y las cultas reuniones expuestas en  fina tela.
Y ahora sueño con ese barro que se  revuelve
por  hay que ir enfilando a cada uno de los mecías
hacia el paredón que exige el momento.
En el Sexto infierno no habrá entre líneas
No habrá Sinónimos, ni gestiones honestas.
debemos limpiar la casa de meros decoradores de oficio
Voy a pararme en la esquina a renegar de mí
¿para qué carajo uno escribe?
si es espeluznante este asunto cuando se pone artificioso
No le debo nada a ningún muerto, y me regocijo dentro de  mi pellejo
porque asistiré al derrumbe de las Universidades
veré a los cara sucia apoderarse de los medio de producción
Seremos distintos para entonces
Me he soñado rodeado de alumnos
En medio de cristalinas hogueras  (algo platónico el asunto)
pero será, ¿que para eso uno escribe?
Todo valdrá la pena en esta ciudad
como mal escritor o regular,  ¡que coño importa!
Uno no viene a patalear en la orilla
niéguese al laboratorio
Hay que subvertir al menos la forma de caminar.

Edgar GonzÁlez, Valera, Edo. Trujillo

     
 


Oración de la dama oligarca

Ven Oh gran ave del norte
blanquinegra conmoción de mi deseo
ven águila inmensa con tu piquito rojo
desgarra las entrañas de mis hijos
llena mi vientre azul de tus porquerías
sodomízame que te quiero in english
cambio mi oro negro por tu banderita imperial
mancha tu falo con mi mierda
trae a tus héroes colgando verdes de tus alas
pisa mi cara con tu bota engarrada
abre tu pico
escúpeme úlceras en la piel
y cúrame con mentiras
Poderosa sombra
ojo rapaz que devoras mi desnudez
no hagas caso del grito secreto de los hombres
mirada encendida de esta tierra que delira
en el aroma libre de una orquídea
aplasta de una vez la sonrisa de los niños
que sea metralla la música constante
trae el himno nacional de tus cañones
la plaga púrpura de tu odio
Quiebra la espiga
el Samán antiguo
Deshónrame
esclaviza mis dedos
señálame el camino triste de tu opulencia
Ven ave
necrofilia en el vuelo
te cambio mis tambores
por ratas y perros parlanchines
por la forma última de la lágrima
He de consagrarte en este
mi altar de pechos urgentes
en mi entrepierna que gime
por tu aliento de animal insepulto
pósate en el Ávila
justo donde maldigo esta suerte de ser sur
de pájaros que repiten en su plumaje
“verde, que te quiero verde”
Yo
mujer suprema de buen tenedor
cálculo complacido de cuenta bancaria
hálito de traición en las caderas
te convoco

     
 


Nombres

Y me tomo la libertad de vestirme de todos los nombres, de olvidarme del mío para hacer uno común, repetido mil veces por todos mis dioses moribundos; porque a ellos también los nombro al nombrarme, porque sólo así maldigo a los malditos. Entonces me nombro en todo árbol y todo río, en el árbol que tosió humo de tranvías y hoy tose humo de mil monstruos más, en el río que arrastró piedras con sudor de pies de los nombres que lograron mi nombre y el tuyo, río enfermo que hoy arrastra peste para matar nombres. Te nombro a ti que te nombraron loco, lo hago en este cuenco de manos juntas donde cabe tu lágrima, con la de todos, con la mía que ya no sabe qué lavar. Te nombro hermano sin nombre, porque te desnombraron y te hicieron vacío en la memoria, porque nos clavaron un Pedro y una Isabel y así una sarta de nombrerío que no nos hacía falta entender, pero lo hicieron a fuerza de garrote y fuego, de libros gordos y lanzas flacas; y luego más tarde cuando logramos por fin acostumbrarnos a un nombre han venido a tumbarlo con estrategias más sucias, pero sólo van logrando esto, una bola de nombres que mueren para hacerse uno solo con los vivos, y así mis dioses van respirando otra vez, y el río lavándose, y el árbol creciendo, en un nombre que lo renueva todo porque nos nombra.

Yanuva LeÓn - Caracas, 1983

     
 


...Mientras tanto, en la filmación...
- ¡Aló, presidente!
- ¡Aló! ¿Con quién hablo?
- Soy Clara del 23 de abril...
- Clara: clara como la luna, como el sol, clara como la voluntad de nuestro pueblo. ¿Qué problema o sugerencia tienes, Clara? Es sobre vivienda, salud, educación... Dime.
- No señor presidente, nada de eso.
- ¿Y entonces? Dime tú lo que te preocupa, Clarita.
- Es que estoy viendo el programa y atrás de usted, a un costado, aparecen dos personas, que leen algo y cada tanto se sirven vino.. y no sé si están un poco borrachos... parecen dos caídos de la mata...
- Este... No te preocupes, Clarita, son dos amigos argentinos, los Bodegueros del Diablo..
- ¿Del Diablo?
- Sí, bueno, pero no te asustes, de inmediato vas a dejar de verlos por tu televisión... un abrazo, Clarita, nos estamos viendo...

     
 


Las vacas de Normandie

Para Adriana Rausseo

Al noroeste de Francia y con poco más de un millón de habitantes, una notable diversidad en su patrimonio cultural, un turismo al que se le podría señalar como… multiforme, y más vacas que gente, se encuentra Normandie: un pueblo colmado en tradición y costumbre francesa al que se llega tomando un tren en la capital y viajando tres horas y media. O también por la auto ruta RN13 que, después de rodar desde París unos 460 Km., da a uno de sus tres departamentos: Orne, exactamente el condado al que Alejandra tenía que llegar.

Era poco más de las cuatro de la tarde cuando pisó por primera vez suelo europeo. En el aeropuerto, una mujer gorda, de cabello corto, y con fisonomía masculina, representante de la AVIC: Asociación Venezolana de Intercambio Cultural, esperaba al grupo de estudiantes que formaban parte del proyecto: algunos se alojarían en aquella misma ciudad, otros emprenderían rumbo hacia otras ciudades, y Alejandra, por su parte, iniciaría la travesía hacia Normandie. El trabajo de la agente de AVIC era encargarse de poner orden en los destinos de los chicos y montar a Alejandra en el tren que la llevaría hasta el departamento de Orne. La delegada de la asociación cumplió con su trabajo. Advirtió a la chica acerca de algunos curiosos hábitos con los que podía tropezarse en el camino, se refirió al particular olor de las personas, a la ausencia de baños en los trenes, a la cantidad considerable de vacas con las que contaba Orne y a costumbres tan remotas como las de evacuar en el campo; cosa que los habitantes de Normandie, según la delegada, aún practicaban. La chica asintió sin vacilaciones y abordó su vagón.

Las primeras dos horas florecieron sin novedades, pero a la tercera y última hora y media de camino, todo se cagó (literalmente).

A su derecha Alejandra contaba con una vista suficientemente bonita como para tildarla de… digamos envidiable. Desde la misma punta del carril por donde viajaba la máquina hasta un espacio inalcanzable que vislumbraba el horizonte, se dibujaba un verde que parecía cubrir todo el camino. A lo lejos se distinguían montañas, y el virgen verde no contaba con un sólo árbol: nada más pequeños arbustos que al azar adornaban la vista. El sol quemaba a pesar de ser más de las seis de la tarde y en el cielo no se veía ni una sola nube. A la izquierda de Alejandra, un señor que aparentaba unos cincuenta años leía el periódico y aturdía a la joven con cada movimiento; sobre todo cuando pasaba las páginas y levantaba los brazos. Alejandra recordó las palabras de la guía que los recibió en el aeropuerto y trató siempre de no respirar cuando su acompañante de viaje se moviera. Recordó también la falta de baños y advirtió que hacía más de una semana que no defecaba; atribuyó esto a los nervios que antes del viaje la embriagaron y concluyó en que ya tendría tiempo de cagar en la siempre esplendorosa y monumentalmente celebrada Francia.

El verde majestuoso y solemne que reinaba a su derecha, comenzó a verse salpicado por manchas blancas y negras que parecían brotar de la nada y estar ahí sin orden alguno. Pasados unos minutos, Alejandra concibió que los puntos que en el campo observaba, no eran más que vacas, una tras otra: vacas blancas, negras, marrones, negras y blancas, grises, pardas, rojas, claras, flacas, obesas, feas, etc., etc. A lo largo se conseguía ver a las vacas comiendo, a otras mirando pasar el tren, y a muchas otras, solo ahí: paradas como vacas. El transporte avanzaba y las vacas no dejaban de multiplicarse. El viejo con mal olor dormía y Alejandra comenzaba a sentir retortijones y a escuchar (desde muy adentro en su estómago) diversos sonidos. Para entretenerse y olvidar el asunto, la adolescente leía una a una las cartas de los amigos que dejó en Venezuela. Todas decían exactamente lo mismo pero de diferente forma; Alejandra dejaba caer una y otra lágrima por sus cachetes de 18 añitos. La idea de leer los mensajes para olvidarse de las ganas de deponer que poseían a la joven, resultaron nada más que por un rato. Una marcha de orquesta comenzó a prosperar desde el vientre de Alejandra y, como si la peor de las maldiciones cayera sobre ella, los retortijones comenzaron a incrementarse, las ganas empezaron a hincharse, y el viejo de las axilas aromáticas se despertaba estirando los brazos hacia los lados una y otra vez. Alejandra inhalaba y exhalaba con aceleración y el sudor bajaba por su cuello en forma de gotas: una más helada y grande que la anterior. Los vellos del cuerpo parecían tener vida y se despertaban unos a otros con cada contorsión. Alejandra buscaba entretenimiento, miraba hacia afuera y veía cómo las miles de vacas que la esperaban parecían reírse de ella mientras comían pasto. Una voz de ángel, aunque posiblemente haya sido una mujercita francesa, se escuchó en todo el tren: Prochaine Station: Orne. A Alejandra no le había dado tiempo de intentar entender nada cuando sintió cómo de golpe la máquina se detenía. Había llegado a su destino.

La primera en bajar fue ella. Su nueva familia la esperaba al descender. Madre, padre y hermana la recibieron con besos, abrazos y palabras borrosas que no entendía. Enseguida la cogieron de un brazo y, caminando apurados, la llevaron rumbo a casa. Alejandra trató de detenerlos diciéndoles que necesitaba ir al baño, que no aguantaba las ganas y, gritando como loca, les pidió que no se fueran, que necesitaba un baño, que maldita sea, que por favor. Pero, por supuesto, los padres no comprendieron y, sonriendo como si se tratara de un irónico chiste francés, la montaron en el carro y arrancaron.

En el camino Alejandra lloró. Sus nuevos familiares presumieron que se trataba de un shock emocional y la dejaron desahogarse. La chica se retorcía de arriba abajo mientras en el carro los otros tres entonaban una canción: “We are livin’ in a yellow submarine, yellow submarine, yellow submarine”. La joven les gritaba: ¡Me estoy cagando, pendejos, franceses de mierda, me cago! Ellos se alegraban y seguían entonando el tema con mucha más fuerza: “We are livin’ in a yellow submarine, yellow submarine, yellow submarine”.

El auto se detuvo a las ocho de la noche. Aún el cielo estaba claro y el sol reinaba (exagerando un poquito) cual mediodía en Caracas.

Los días de agosto en Orne jamás terminan antes de las nueve ―le había dicho la delegada a Alejandra en el aeropuerto.

Detrás de las 15 vacas que le dieron la bienvenida, más de 200 personas esperaban a la chica dentro de una inmensa carpa de circo blanca y azul en la que había un cartel gigante que rezaba: BIENVENU ALEJANDRA. Los jóvenes más fuertes del condado la alzaron en hombros y, saltando al ritmo de la música que salía desde el interior de la carpa, la llevaron dentro a punta de brincos y estribillos de canciones populares francesas. En el estómago de la pobre chica se produjo un empalagoso merengue que pudo haber sido catalogado de una (sí, podría decirse) considerable magnitud. La joven estaba mareada cuando los jóvenes la situaron en el centro de la carpa. Escuchaba frases recónditas e indescifrables venidas de todas partes, frases que salían del vino tinto, del techo de la carpa y de las bocas de todos para clavarse en sus oídos como flechas que indios franceses (aunque yo no conozco al primero) le lanzaban a mansalva. Llorando como una niña de 18 años, Alejandra gritó: ¡Me cago! El aullido hizo que los franceses se callaran, que la música cesara, y que hasta las vacas callaran y voltearan. Mirándose unos a otros, como preguntándose con los ojos, dudaron de lo que la muchacha había dicho. El silencio duró un par de segundos y uno a uno los franceses comenzaron a aplaudir, como si el anuncio de la chica se tratara de la mejor noticia que jamás habían escuchado. Todos gritaron felices: cantaron, saltaron, iniciaron una verdadera celebración. Y el vino tinto comenzó a volar por encima de Alejandra como una lluvia de sangre.

Una mano flaca y morena tocó el hombro de Alejandra en medio de la festividad y la multitud. Era Juan Pablo, un chico ecuatoriano que llevaba tres meses y medio en Normandie. Se le acercó a la joven y le preguntó si necesitaba un baño. La chica, sorprendida de las palabras en español, descosió un sí débil y seco con las manos posadas en el estómago. El joven ecuatoriano la miró extrañado y le dijo que afuera, al lado de la vaca gorda y blanca, había un pequeño cuarto de baño. El muchacho no había terminado de pronunciar las palabras cuando Alejandra ya estaba apartando la vaca de su camino. En la puerta de la pieza decía: Toilette Public. Alejandra tomó la manilla, la giró con fuerza y divisó que en la parte superior había un candado gigante que cerraba la venerable portezuela. La joven desenganchó un no, alargando la vocal, que se escuchó en todo el condado, pateó la puerta y comenzó a correr sin rumbo por la infinita viña que, no está de más decirlo, alumbrada por un sol perenne, se extendía hasta el infinito. Un grupo grande de chicas, digamos: unas veinte, advirtieron los hechos y comenzaron a correr detrás de ella. Alejandra corría desequilibrada, esquivaba las vacas, los arbustos, las rocas, las vacas siempre y el monte, mientras el montón de muchachas francesas marchaban detrás de ella riendo como trastornadas. Anduvo con tanta fuerza que las chicas la perdieron de vista. Dejó atrás la carpa, las francesitas, los animales y, prácticamente, todo aquel lugar. Estaba sola con el titánico verde. Ella, sus ganas, sus retortijones y una que otra vaquita. Alejandra se desabrochó los pantalones, los bajó, y se agachó detrás de un arbusto de mediana altura.

Mientras botaba el alma recordaba a la delegada de la asociación que en el aeropuerto le dijo: La gente de Orne está acostumbrada a cagar en el campo. Sonrió, y comenzó entonces a sentir como el aliento, la voluntad, el espíritu, la respiración, el ánimo, la energía y la vida misma le llegaban al cuerpo. Cogió un par de hojas de los arbustos, hizo su trabajo, y se levantó con una sonrisa franca y sincera en el rostro.

En su regreso a la carpa, una vaca inmensa mugía como saludándola. Alejandra se detuvo a su lado, la envolvió con sus manos y, abrazándola con una lágrima de gozo en la mejilla, comenzó a encontrarle su encanto al viejo continente.


Carlos Ávila

1980
Caracas, Venezuela

 

     
 


Mientras tanto, en la filmación...
-¡Aló, presidente!
-Sí, aló, ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
-Me llamo Rosa y soy de Catia.
-Rosa, nombre de flor, encarna la belleza, lo puro... Te escucho Rosita, ¿qué dices?
-Digo que volvieron a aparecer detrás suyo esos dos payasos que no dejan de servirse vino y eso lo van a aprovechar los escuálidos y...
-No te preocupes Rosita, esto se soluciona de inmediato.

Chávez se acerca a Carlos y a Pablo y, tras un breve diálogo, se ve a estos salir de cámara, pálidos, con las miradas puestas en el suelo.

     
 


Amuleto


Para Ana Isabel


que la luna sea pública
no queremos ver parásitos en el lomo de las perezas
ni pereza en las plazas
no plazas deslumbradas ni abuso de la lumbrera
que la luna sea pública
no queremos ser desechos de la mañana
indefensos entre la luz refleja
ni recipientes para memoria vacua ni purísimo recuerdo
que la luna sea pública
no queremos tener cofres collares limpios
ni miedo de la arena
ahora sin botas cuando comienza la pelea
que la luna sea pública
hijas que el rostro no complique el espejo
ni los pasos la huella
cuando humanamente le agüe el rostro la mirada
y se les melle el pecho
que la luna sea pública
de día dentro y fuera
de los colegios dentro y fuera del miedo
que la luna sea pública
no queremos ver marcas imbéciles en espalda ajena
ni en la propia ni en la que venga
que la luna sea pública
que ahuyente las aristas el sudor sin sal
y el azúcar de la mano muerta
que la luna sea pública
en la mesa que es belleza
sea austera o huela a estrellas
hijas de esta mano sin cabeza
que la luna sea pública
siempre que no se oculte después de la tormenta
adormecida o roja se les aparezca
que la luna sea pública
y haga brotar escudos
de las sombras del mundo al que son puestas
que la luna sea pública hijas
dibujada en sus conciencias

Joel Rojas
Caracas, 1973

     
 


-Bueno, el programa terminó y cómo los reté en cámara, voy a quedarme un ratico a compartir una copa de vino con ustedes.
-¡Buenísimo! –se entusiasman Carlos y Pablo, mientras le tienden una copa.
-Y por este buen vino argentino y porque esto está muy chévere les voy a regalar esta declamación. Se trata de “Florentino y el Diablo” escrito por Alberto Arvelo Torrealba. Para mi es como un homenaje a mi bisabuelo, Don Pedro Pérez Delgado “Maisanta”. Presenté esta declamación en otras circunstancias muy especiales y ahorita lo haré aquí, para La Bodega del Diablo. Pero no se me pongan malos, que este diablo al que enfrentó Florentino no es el mismo que el que vive acá, en esta cueva, con ustedes. Ahí va la vaina!!!!

El coplero Florentino
por el ancho terraplén,
caminos del desamparo
desanda a golpe de 6.
Puntero en la soledad
que enluta en llamas de ayer
(vean ustedes la nostalgia ¿no?)
Puntero en la soledad
que enluta en llamas de ayer.
Las guerras del ayer, es un poema muy épico
Puntero en la soledad
que enluta en llamas de ayer
macoya de guerra errante
le nace bajo el corcel
Y cuando dice:
Ojo ciego el lagunazo
Ojo ciego el lagunazo
sin garzas, junco, ni grei
cuenca de tierra reseca
donde el casco da traspiés
En pleno verano iba Florentino y de repente siente que viene un viento raro y le pasa el jinete en caballo negro, con pelo de guama negro y una manta negra, era el diablo, le pasa por un lado y le dice:
Coplero por si se atreve
aguárdeme en Santa Inés
que yo lo voy a buscar
para cantar con usted
Cuando el río esté profundo,
de monte a monte
Es decir, lo reta para el invierno, cuando el río esté profundo. Ahí es donde hay una diferencia entre la versión que conocemos, la de 1950 y tanto y la del 46, la original, porque en la original el poeta recoge con mayor amplitud la realidad. El diablo le dice a Florentino:
Cuando el río esté profundo,
espéreme en Santa Inés,
que yo lo voy a buscar
para cantar con usted.
Lo está retando para el invierno que venía. Y Florentino le dice, cuando se da cuenta que es el diablo el que le pasa, se persigna:
¡Virgen del Carmen bendita!
Sepa el cantador sombrío
que yo cumplo con mi Ley
y como canté con todos
tengo que cantar con él
Y lo esperó en Santa Inés en una noche de fiero chubasco.
Fiero chubasco
por la enlutada llanura
y de encendidas chipolas
que al rancho del peón alumbran
Adentro suena el joropo
y afuera bate la lluvia
no lejos se asoma el río,
pecho de sabana sucia.
Era una noche de rayos y centellas y de fiero chubasco, dice el poeta:
Mientras el joropo teje
Bandoleras amarguras
el rayo a la palma sola
le tira señeras puntas
Entonces ahí es donde dice que llega el diablo, y venía por Puerto Nutrias, Canelones, el diablo, pasó por Puerto Nutrias. Claro, oigan lo que dice:
Súbito un hombre en la puerta
un indio de grave postura
ojos negro, pelo negro
frente de cálida arruga
pelo e'guama luciente
que con el candil relumbra
Un golpe de viento guapo
le pone a volar la blusa
y se le vio jeme y medio
de puñal en la cintura
¡Epa vale, ese es el diablo!
la voz por la sala cruza
mírenlo como llegó
con tanto barrial y lluvia
planchada y seca la ropa
sin cobija ni montura
dicen que pasó temprano
como quien viene de Nutrias
en un oscuro bonguero
por el paso de las brujas
Y ahí comienza el reto, el desafío que termina varias horas más tardes cuando Florentino derrotó al diablo en Santa Inés, como Zamora derrotó a la oligarquía el 10 de diciembre de 1859.
Y el diablo se fue con su bongo río abajo, y pasó de nuevo por Puerto Nutrias, pero iba raspando hacia abajo, derrotado.
Florentino siempre le ganó al diablo, y Florentino le seguirá ganando al diablo, hoy, mañana y siempre. Florentino.
El diablo creía que era fácil ganarle a Florentino, él pensaba que era facilito, porque lo vio veguero ahí, llanero, este es un llanerito, yo me lo voy a llevar. Así son los diablos: "No, este es un veguero de allá de los llanos, rápidamente lo voy a rodear y lo voy a embelesar con las delicias de la vida, y me lo voy a llevar”. Y el diablo quiso comprar a Florentino.
Zamuro de La Barrosa
del alcornocal de El Frío
albricias pido señores
que ya Florentino es mío.
Y el catire se le sale lo patriota y le dice:
¿Que ya Florentino es mío?
Si usted dice que soy suyo
será que me le he vendío
y si yo me le vendí
me paga por yo a nadie le fío.
Yo no soy pájaro bobo
pa' está calentando n'io
yo no soy rancho veguero
que le mete el agua al río
Zamuro de La Barrosa
del alcornocal de abajo
ahora verán señores
Al diablo pasar trabajo
Y así fue como Florentino derrotó al diablo.


-¡Bravo! ¡Bravísimo!- aplauden a rabiar Carlos y Pablo.
Al rato empieza una charla animada... por Chávez, y...pasadas 8 horas y cuarenta y cinco minutos, se lo ve a Chávez con la palabra límpida, más entusiasmado que al principio y ... Pasadas las 9 horas y 7 minutos, Chávez sigue gesticulando y... una hora después, se dispone a irse, y entonces abraza con efusividad a los muchachos... que caen como dos bolsas de papas al piso... Totalmente agotados...


¡Gracias, Modesto Emilio Guerrero, por el importante aporte dado para esta Bodega!!!

 

 
 
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CARLOS CARBONE: DOCE CIUDADANOS + 1

En el marco de la actividad cultural y festiva que se desarrolló por el cumplimiento de los diez años de la Red Eco Alternativo, el sábado 10 de mayo se presentó el libro “Doce ciudadanos + 1”, de nuestro poeta Carlos Carbone, editado por Eco Ediciones.
En la misma, homenajearon al autor, leyendo sus trabajos, los poetas Carlos kuraiem, Néstor Ventaja, Patricia Verón y Roberto Romeo Di Vita.

La presentación estuvo a cargo del poeta, escritor y dramaturgo Ricardo Rubio y aquí les ofrecemos el texto leído por Ricardo:


Todo hecho literario parte del soliloquio, acaso influido por una necesidad incomprensible que se sobrepone a otras necesidades, también perentorias. En la manifestación poética, el monólogo parece buscar el propósito de la voz que lo dicta. No es casual entonces que la pasión, la melancolía y las situaciones límites ocupen la mayor parte de las preocupaciones de un poeta.

 Carlos Carbone, con un profuso ideario que le ha demandado la edición de varios libros compartidos e individuales, examina con este grupo de poemas, lo basto de su ciudad, lo basto de su corazón, lo basto de las necesidades de todos; analiza extremos felices o dolientes del destino ciudadano en un lugar geográfico que cansa, que devora, pero que también nutre, enseña y contiene.

Con el mensaje franco de su emotividad, de su particular proyección sentimental, siente que en Buenos Aires "A veces la vida se pone redonda como un gato", así lo dice en el poema Boceto; y, según Eduardo Pérsico, los gatos se tornan invisibles cuatro veces por día de modo de atemperar la soberbia de su exhibición; la vida, en el caso de Carlos Carbone, a veces se torna invisible para que nadie pueda verlo "con la guardia baja, empobrecido de lluvia y madrugada".

Somos espíritu, mente, universo interior, y nada de lo que por idea nos sucede existe en el mundo objetivo, compuesto de bisagras, cementos, mobiliario y las otras materializaciones.

Pero los trece poemas que componen este cuaderno que se presenta esta noche se ocupan de incorporar el entorno a la vida individual, de fundir la figura femenina en todo cuanto ve y toca, de notar el olvido de los gestores, de los amos de la pobreza, de la injustos y propiciadores de la indefensión, como si en medio de la melancolía fuera posible la restauración del espíritu, un espíritu en tanto hálito e identidad, en tanto cuerpo y figura, y a través del amor. Y no se equivoca. Dice uno de sus versos: "En la ciudad todo tiene tu perfume", esa mujer, que es todas, que es la mujer universal, el bálsamo del guerrero, del cazador -arquetipo que no ha cambiado a lo largo de los milenios- resuelve un enigma que acaso esté oculto aun para el autor, y es la identidad de la mujer y la de la ciudad a través del perfume. Cierto es que la asociación, a la hora de crear, tiene ribetes desconocidos muy difíciles de seguir con la conciencia, pero también es cierto que la ciudad es entorno y es abrazo; y, de otro modo, también la ciudad con todos sus problemas, es amor.

Estamos en presencia, con estos bien logrados versos, de un lenguaje que logra fundir los temas social y amoroso con una naturalidad que sorprende.

Quizá desde la poesía del gran poeta paraguayo Elvio Romero, que la pasión amorosa y la pasión filantrópica no se unían entre las líneas de un mismo poema.

Celebro este nuevo paso en la poética de Carlos Carbone, donde las metáforas alcanzan la profundidad de las imágenes, pues considero que en todo buen poema imágenes y metáforas deben mantener un paralelismo ordenado, un peso compartido, pues son las que propician la extensión del lenguaje, la profundidad de la idea, las que dicen más con menos, y las que expresan conceptos de los que el lenguaje coloquial está impedido.

Además, en poesía es habitual decir la verdad. Decirla sin pretenderla, sin fuegos artificiales, sin histrionismos, sin comparaciones forzadas, obliga al talento, y el talento, que es menos frecuente que la vanidad, ha abrazado la palabra de nuestro amigo. Carlos Carbone dice la verdad, la dice con talento y la dice a su modo, que es .el mejor modo de decirla.


EL ROSTRO DE LA CIUDAD

Tras las ventanas
la ciudad cambia de rostro
alguna botella
crece mordiendo el alma de los solos
ojos con nubarrones desorbitándose
desde bien adentro.

Manos indecisas
intercambian temores con golpes.
Hay otra ciudad
con internas puertas.
Una ciudad semioscura
sin luces de colores.

Una ciudad de rostro ajado
con ojeras de no descansar nunca.
Una ciudad como una casa abandonada.
Una ciudad sin maquillaje.
Una ciudad de hombres vencidos.
Una ciudad con paso desparejo.

Tras las ventanas
la ciudad cambia de rostro
y deja al descubierto
su muestrario de muecas.

Carlos Carbone

 

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Carlos Carbone, Juan García Ro y Benito C. Chacana


ENCUENTRO DE ESCRITORES ARGENTINOS Y CHILENOS

La Bodega del Diablo estuvo en el Encuentro de Escritores Argentinos y Chilenos, que se realizó en Mendoza, a fines del mes de mayo, en el que concurrieron autores independientes de Chile, San Juan, San Luís, Buenos Aires y Mendoza.

Las jornadas de integración fueron organizadas por la Secretaría de Cultura de la provincia, con el objetivo de " instalar un espacio federal de diálogo y construcción de puentes entre los que leen y los que escriben".

En diferentes escenarios, y con la Biblioteca Pública "General San Martín" como anfitriona, los poetas y escritores participaron durante tres jornadas de un entusiasta intercambio de vivencias y experiencias, con la rica participación de autores de la talla de Mario Jofré, Reina Domínguez, Carlos Levy, Emilio Fernández Cordón, Arturo Volantines, FernandoToledo, Juan García Ro, Víctor Nobre, Andrés Oliver, Benito C. Chacana,  Alejandro Frías, entre otros.

Todo el encuentro estuvo bajo el manto protector de ese gran poeta sanjuanino, Don Leónidas Escudero, que por razones de salud no pudo llegarse hasta Mendoza, pero sí lo hizo su poética a través de sus amigos.

La promesa de volver pronto quedó expresada, así como las ganas de seguir compartiendo las palabras que cantan para los días que vendrán.

 
 
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