En Estados Unidos ¿los ricos salvarán a los pobres?
Tuesday, 22 de January de 2008

No todos los días un grupo de millonarios expresa, de repente, su gran preocupación por el bienestar de los trabajadores y los pobres y prometen un “cambio” para mejorar las vidas de los menos afortunados.

(David Brooks - La Jornada) EE. UU.- Estos millonarios (y un reverendo) buscan ser electos a un gobierno para, de y por un pueblo que enfrenta salarios reales reducidos, desempleo, falta de seguro médico, crisis financiera y donde uno de cada diez padece hambre.
Los principales precandidatos de los dos partidos son millonarios (con una excepción reverendo bautista y ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee). El más rico, el republicano Mitt Romney, cuenta con una fortuna de 200 millones de dólares; el más “pobre” es Barack Obama con un poco más de un millón en su fortuna personal, informa la revista The New Yorker .
Estos candidatos pertenecen a un grupo exclusivo que nunca, desde 1928 hasta la fecha, ha sido más rico que todos los demás: ese 1 por ciento de los estadounidenses más ricos –con ingresos promedio de 1.1 millones al año– y que son los más beneficiados con la mayor desigualdad económica en décadas.
El 10 por ciento más rico –con ingresos mayores a 100 mil al año– goza de 48.5 por ciento del ingreso total de este país. Estas 300 mil personas obtienen casi el mismo ingreso que el total de 150 millones de personas en la mitad baja de la escala salarial a nivel nacional, según cálculos del New York Times con base en estadísticas oficiales más recientes (2005). Este exclusivo grupo recibió 440 veces el ingreso de una persona promedio en la mitad de menor ingreso de la población; lo cual implica que se ha duplicado la brecha entre pobres y ricos desde 1980.
“Por la vía equivocada” En tanto, la abrumadora mayoría del electorado que ahora está decidiendo a cuál millonario enviar a la Casa Blanca, padece condiciones económicas cada vez más difíciles. De hecho, la mayoría (57 por ciento) de los estadounidenses opina que el país ya está en una recesión económica, según una encuesta de CNN el mes pasado. El grado de pesimismo sobre la economía es el más alto en 18 años; 62 por ciento opina que la economía empeora, según la encuesta más reciente de CBS News/ New York Times .
Estas percepciones no son ilusorias. Los indicadores son desoladores: la tasa de desempleo registró su mayor incremento de un mes para otro (de noviembre a diciembre) desde octubre de 2001, el mes después de los atentados del 11 de septiembre.
Los analistas de las mayores casas de Wall Street ya sonaron la alarma. Y los indicadores más recientes confirman un desplome en el consumo personal –el cual representa 70 por ciento de la actividad económica– en diciembre, lo cual combinado con una contracción del crecimiento económico podría detonar la recesión advertida.
Y tampoco sorprende que el mensaje de, por lo menos los precandidatos demócratas, está adoptando cada vez más el tono populista de la campaña de John Edwards, la cual enfatiza la creciente desigualdad económica y sus injusticias. Edwards fue el primero en colocar el tema de la desigualdad al centro de su campaña.
Ahora Hillary Clinton y Barack Obama han sido contagiados con el populismo de Edwards, y todos hablan de los “invisibles” en esta sociedad, de los pobres que sufren de políticas económicas en su contra, y se recuerda a aquellos “trabajadores textileros” de Carolina del Sur, a los “lavaplatos en Las Vegas” y otras referencias a los trabajadores y los que padecen las injusticias ligadas a niveles de ingreso cada vez menores y que hace poco casi ni se mencionaban.
Los republicanos aunque sus recetas son las tradicionales de reducir impuestos y la intervención gubernamental, han tenido que modificar su mensaje para ofrecer algo que aborde la realidad de un panorama económico que al oscurecerse, revela aún más la desigualdad económica en este país.
Pero los candidatos y muchos de sus amigos no pueden decir que “comparten” este sufrimiento. Están entre los beneficiados de un auge que distribuyó el “sueño” entre unos pocos: el ingreso neto del 1 por ciento más rico del país se incrementó un 228 por ciento entre 1979 y 2005, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.