El terror a gran escala
Wednesday, 23 de March de 2011
El Cauca, cada vez más se está convirtiendo en un teatro de operaciones militares al beneficio de un puñado de proyectos económicos. Este territorio está invadido por los monocultivos de caña, el ingreso de las multinacionales mineras y la militarización que éstas producen. Caña, minería y militarización, tres locomotoras que avanzan con pasos agigantados en este gobierno y de las cuales se desprenden violencia, miseria, hambre y la pérdida de soberanía alimentaria que hoy se está padeciendo en Colombia.
(ACIN - Cauca) Colombia - Las extensiones de caña cultivada han arrasado con la diversidad de cultivos que se plantaban para el consumo humano como el arroz, el frijol, la arveja, el maíz, entre muchos otros. Esto ha ocasionado que se incrementen sustancialmente el precio de estos productos y que las familias campesinas e indígenas de la región vean disminuidos sus ingresos. En resumen, lo que ha generado la caña como monocultivo es hambre y miseria para los pequeños productores y aumento de los precios entre los consumidores.
La excusa que inventaron para incrementar la siembra de caña en Colombia fue la producción de alcohol carburante. Esta supuestamente era una respuesta más ecológicay económica en la elaboración de combustible. Dos grandes mentiras. El llamado “biocombustible” resultó ser más contaminante y costoso en su producción que el combustible hecho únicamente con petróleo. Eso nos tiene con campos al servicio de los carros y a los carros consumiendo el cuarto combustible más caro del continente.
Por otro lado, la minería está acabando con cientos de fuentes hídricas debido a la explotación hecha a gran escala. Esto está sucediendo en el páramo de Santurbán, en La Colosa y en Zaragoza, solo por mencionar algunos ejemplos. En estas zonas la minería terminará produciendo enfermedades producto del cianuro utilizado, contaminación en el agua por los desechos químicos propios de este proceso y deterioro social producido por la militarización de los territorios.
En los campos de Colombia, cada proyecto económico a gran escala viene acompañado por terror a gran escala. Hoy más que nunca el Cauca está siendo ocupado por la guerra. Mientras se anuncia que más de la mitad del territorio está solicitado para concesiones de explotación minera se anuncia también la implementación de cuatro batallones del ejército provenientes de otras partes del país. Más claro no puede ser: el ejército colombiano, en lugar de defender los intereses del pueblo, defiende los del capital extranjero; y la guerrilla, mientras asesina al pueblo que dice proteger, sirve como excusa perfecta para que el gobierno continúe implementando su estrategia de despojo.
Así es como viene funcionando el negocio de la guerra en Colombia. Los grupos armados desplazando con terror y con mentiras. Las multinacionales sirviéndose de esto y ocupando la tierra con proyectos productivos que empobrecen aún más a la gente. La población civil, que pone los muertos, es obligada a tomar partido por un grupo armado, lo que conlleva a convertirse en objetivo militar de otro bando.
Muerte, desplazamiento y terror al servicio de la economía de una minoría. El libre comercio como un instrumento de la codicia internacional. El gobierno justificando su estrategia como una lucha contra el terrorismo. Los medios masivos cómplices de la propaganda que embrutece y distrae. La oposición silenciada con balas y con la compra de conciencias.
El panorama es sombrío, sin duda, pero necesitamos encontrar en la sabiduría popular las estrategias para defender nuestros territorios. De nada sirve señalar la enfermedad que nos está acabando si no proponemos la cura para sanarla. La conciencia activada con hechos concretos al servicio de la gente. Es hora de que todas las organizaciones, los colectivos y los pueblos estemos conscientes y movilizados para construir también, solidaridad a gran escala.