La “revolución por la justicia social” en Israel incluye el asentamiento ilegal de Ariel
Thursday, 08 de September de 2011
En julio de 2011 en Israel, los activistas radicales de izquierdas organizaron un evento en Facebook titulado “La semana de la indignación” como una manifestación espontánea contra los aumentos vertiginosos de los alquileres y productos de consumo básico. También se destacaban en la lista de quejas de los activistas propuestas antidemocráticas del parlamento de Israel, la Knéset, hechas para asfixiar el disenso contra la ocupación y la represión de Israel contra sus propios ciudadanos palestinos.

(Joseph Dana y Max Blumenthal – Jadaliyya) Israel - Las protestas fueron típicamente teatrales: los manifestantes atacaron la sede del Partido Likud con queso cottage, un alimento básico que ha llegado a ser inasequible para la mayoría. Por entusiastas que hayan sido, las manifestaciones contaron con poca participación.israelprotestas_1.jpg
El 14 de julio se desarrolló otra manifestación espontánea en Tel Aviv. Cerca de doce jóvenes residentes, con poca experiencia en la acción directa, colocaron carpas en el Boulevard Rothschild de Tel Aviv.
Mientras los manifestantes erigían las primeras carpas entrevistamos a Stav Shaffir, una profesional de los medios de algo menos de treinta años. “Somos un joven grupo de israelíes y consideramos que no podemos vivir en Tel Aviv porque los precios de la vivienda aumentan”, nos dijo Shaffir. “Estamos hartos de tener que mudarnos siempre y buscar las soluciones más baratas. Ahora llegó el momento de decir basta, por lo tanto hemos salido a las calles con nuestras carpas y también comenzamos en Jerusalén.”
Preguntamos a Shaffir si el movimiento de protesta tenía algo que ver de alguna manera con la ley aprobada cinco días antes en la Knéset que penaliza el pronunciamiento a favor de un boicot de bienes producidos en los asentamientos, o con la corriente constante de leyes antidemocráticas. “Hay muchas cosas que están conectadas, pero nosotros estamos aquí para protestar contra los costes de la vivienda”, insistió. “No somos un grupo. Cada cual tiene discreción para elegir lo que considere como el tema más importante”.
israelprotestas_2.jpgLo que comenzó como una pequeña reunión de habitantes de Tel Aviv logró un impulso inesperado e inmediato. Shaffir y sus amigos tocaron una fibra sensible en la clase media frustrada del país. Tres semanas después de la aparición de las primeras carpas, 300.000 manifestantes llenaron las calles de Tel Aviv en una de las mayores protestas de la historia de Israel. Coreando al unísono: “¡El pueblo, la nación exige justicia social!” israelíes de casi todos los sectores políticos se unieron como la voz de un pueblo descontento pero repentinamente esperanzado.
Los manifestantes presentaron un popurrí de agravios israelíes, incluidos más derechos para los discapacitados físicos, mejor atención para los ancianos y la liberación de Gilad Shalit, un soldado cautivo de Hamás desde 2006. Pero todo parecía centrarse en las demandas domésticas descritas originalmente por Shaffir y sus compañeros. Los sondeos realizados una semana después del estallido de las protestas mostraron que casi un 90% de los israelíes aprobaba las demandas de las manifestaciones.
La crisis que nadie estaba dispuesto a mencionar, sin embargo, era la ocupación israelí de 44 años de Cisjordania y la Franja de Gaza. Manifestantes que entrevistamos de todo el espectro político eludieron las preguntas sobre la ocupación –a veces de manera agresiva y llena de resentimiento– calificándola de tema “político” divisivo.
“Pienso que el público en general ve la ocupación como un tema de seguridad, un tema de izquierda-derecha que no está relacionado con nuestra causa por la justicia social”, nos dijo Hadas Kouchalevich, dirigente de la Unión de Estudiantes de Israel. La organización de Kouchalevich ha llevado a miles de estudiantes universitarios a las manifestaciones, incluidos estudiantes de la Universidad Ariel que estudian en un mega-asentamiento en Cisjordania. Cuando le preguntamos si ella creía personalmente que el movimiento del 14 de julio debería relacionar la justicia social con el tema de la ocupación, respondió: “No. La
israelprotestas_3.jpgocupación es un tema de seguridad, no de justicia social.”
La decisión de excluir la ocupación de las quejas del movimiento 14 de julio fue enteramente orgánica. “Es muy extraño ver una protesta por la justicia social sin que se mencione la ocupación”, señaló Gidi Grinstein, confidente del ministro de Defensa Ehud Barak, quien dirige el Instituto Reut, un think tank israelí vinculado al gobierno. “Pero la mayoría de la gente en Israel ni siquiera cree que todavía exista un ocupación. Ven a la Autoridad Palestina en Cisjordania y piensan que es un gobierno en funciones. Oyen hablar de la resolución sobre el reconocimiento del Estado palestino en la ONU en septiembre y piensan que Palestina es un verdadero Estado. Por lo tanto existe esta disonancia cognitiva entre los israelíes.”
Durante años, la minúscula pero muy motivada izquierda de Israel trató de movilizar protestas masivas contra la ocupación, con la esperanza de que podrían despertar de su somnolencia a la sociedad israelí. Pero los asentamientos crecieron y la ocupación se arraigó cada vez más. “No hemos logrado terminar la ocupación encarándola de frente, pero es concebible que el movimiento rompe-fronteras y de des-segregación podría debilitarla”, escribió Dimi Reider. Reider afirmó que las manifestaciones podrían lograr un cambio drástico porque “pueden cuestionar algo más profundo que la ocupación”. Hagai Mattar, veterano activista contra la ocupación y periodista ampliamente leído, se hizo eco del entusiasmo ilimitado de Reider. “Por primera vez en décadas, tal vez, estamos presenciando que lo imposible se hace posible”, escribió Mattar en el popular sitio web en hebreo My Say. “Lo que parecía ser una simple fantasía hace medio año… se ha convertido en vívida realidad”.
Nota Completa: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=135247