Red Eco Alternativo ***

Madres buscadoras

La semana pasada Jalisco se conmocionó con las madres buscadoras que llegaban de Sonora y de otros estados para reunirse con colectivos de madres que en Jalisco buscan a sus hijas e hijos. En una semana, estas mujeres encontraron restos óseos de personas inhumadas clandestinamente en fosas, pozos e incluso casas.

(Valeria Ávila Gutierrez – El Occidental) México - A la fecha, en nuestro país, se contabilizan 98,380 personas desaparecidas y no localizadas de acuerdo con el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas. Jalisco se encuentra en el primer lugar a nivel nacional, con 15 mil 909 personas desaparecidas y no localizadas, muy por encima del segundo lugar que es Tamaulipas y que registra 11 mil 989.

Lo que ocurrió en los últimos días hiela la sangre. Quisiera decir que es insólito, pero no lo es porque hace mucho que en nuestro estado impera la violencia y los gobiernos se han visto rebasados, por lo que ha sido la sociedad organizada quien ha tenido que dar respuesta a las demandas más sensibles y urgentes, tal es el caso de las desapariciones.

Y Jalisco no es el único caso, en todo el territorio nacional colectivos de madres han salido a buscar a sus familiares, como pueden, con lo que pueden, de forma heroica pero también porque no tienen más opción ante la inacción de las autoridades, porque no pueden seguir esperando que los gobiernos resuelvan los casos cuando claramente no hay resultados, ni señales de intento. Muchas veces estos colectivos de madres han sido tratados con desdén. En Jalisco, por ejemplo, el gobernador tuvo que cambiar su postura inicial respecto a las madres que llegaban de otros estados, porque como ya es costumbre, replicó sobre su presencia en la entidad.

El epicentro de las búsquedas fue el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, un lugar del Área Metropolitana de Guadalajara que se ha vuelto referente del preocupante desbordamiento de violencia en el estado. Lo que encontraron aún nos tiene pasmadas y pasmados: decenas de cuerpos, lugares clandestinos de entierro y hasta casas donde se encontraron restos, todo en las proximidades de zonas habitacionales y a las que las buscadoras llegaron debido a denuncias anónimas.

Es vergonzoso y alarmante que el Estado no esté realizando trabajos para contener la violencia, ni para encontrar a las decenas de miles de personas desaparecidas en este país, en este estado, tampoco se ha hecho mucho por avanzar en la identificación de cuerpos, y menos aún en materia de impartición de justicia. Han sido las familias quienes han jugado un papel clave en esta crisis de desapariciones, porque han sido las familias organizadas quienes han puesto en marcha las labores de búsqueda y se han mantenido firmes tanto en la necesidad de transparencia en los procesos forenses como en señalar la negligencia y opacidad en los distintos órdenes de gobierno.

Lo que los colectivos de madres hicieron en Jalisco la última semana, ha estremecido al país entero. Las madres llevan años buscando, siguiendo pistas de sus seres queridos, buscando respuestas. En México, todos los días alguien se pregunta “¿dónde están?”, “¿qué les pasó?”. Y mientras sigamos con esas dudas de pérdida ambigua, seguiremos con heridas bien abiertas, heridas que además son colectivas y que han marcado no solo a una generación, sino a todo un país.

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