Red Eco Alternativo ***

La marea verde que transformó todo

A la Memoria de las Pioneras del Feminismo. Hicimos historia. Lo supimos en el instante mismo de ese abrazo colectivo, interminable, del grito compartido, de las lágrimas y los saltos a pesar del cansancio. Habíamos conquistado una de esas victorias que lo cambian todo. Un antes y un después. Hicimos crujir siglos de dominación patriarcal sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Por Giselle Santana, secretaria gremial de la Junta Interna de ATE en el INTI.

Y lo hicimos como se hacen las grandes gestas. Una compañera lo dijo claro, en medio de la emoción: “a nosotras nadie nos regaló nada”… Fueron décadas de construcción paciente y decidida de algunas pocas primero, las pioneras, que pelearon por instalar esta demanda que era un tabú, una “mala palabra”; pero que fue creciendo con cada Encuentro Nacional de Mujeres (hoy plurinacional de mujeres y disidencias sexuales, porque seguimos avanzando), hasta llegar a gestar esa extraordinaria Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Tras la gesta del 19 y 20 de diciembre de 2001, se generó un profundo proceso democrático y se multiplicaron las asambleas barriales, la organización de comedores y merenderos para pelearle al hambre. Las mujeres se volvieron protagonistas de la pelea, asumiendo primero las tareas de cuidado históricamente asignadas, pero ya no al interior de la familia, sino comunitariamente; y, al calor de esa organización de la subsistencia, fue avanzando la conciencia colectiva, y el movimiento de mujeres, hasta ese momento mucho más pequeño y ligado a sectores de la intelectualidad, se vio enriquecido por las trabajadoras que recuperaban fábricas, que peleaban por mantener su trabajo, que se juntaban en el barrio para organizar las ollas, pero también para enfrentar juntas la violencia machista que recrudecía con la crisis.

Ese proceso asambleario se reflejó en la creación de la Comisión por el Aborto en CABA y en la asamblea por el derecho al aborto que por primera vez se convocó en el marco de un Encuentro, en Rosario, en el 2003. Y fue esa asamblea, ese Encuentro en el que por primera vez aparecieron los pañuelos verdes con consignas como educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir, la que derivó en la creación de la Campaña, en el 2005, y que de esa Campaña saliera por primera vez un proyecto de ley para legalizar el aborto, en 2007.

Ese proyecto fue presentado –y cajoneado– siete veces, hasta llegar a 2018, cuando se trató por primera vez, y a este 2020 cuando por fin, es ley.

Fueron los 15 años de construcción de esa Campaña los que nos trajeron hasta acá. Eso que parece tan difícil, que es mantener la unidad en la diversidad, entre más de 500 organizaciones, asumir la pelea en la calle, las movilizaciones, los paros internacionales de mujeres, desplegar una organización federal que llevara la pelea a cada rincón del país.

Claro que esa unidad no fue sencilla. Hubo una intensa lucha política al interior de la Campaña para mantener la movilización en la calle y no confiar en las instituciones y partidos del régimen, sino en nuestra fuerza organizada. Y así se impuso la caravana federal que obligó al Gobierno a presentar por fin el proyecto que había prometido en campaña electoral. Pero siempre entendiendo que era vital mantener esa unidad, y que los enemigos en esta pelea estaban entre los antiderechos, porque es esa unidad la que nos dio la fuerza necesaria para arrancar esta conquista.

Fue esa fuerza y esa unidad la que nos dieron el triunfo, aunque ahora quieran apropiárselo los mismos partidos que por años nos negaron el derecho a decidir y nos condenaron a la clandestinidad; aunque no haya sido nuestro proyecto ni todo lo que pedíamos; aunque el Gobierno haya aprovechado esta jornada histórica para que pasara inadvertido un nuevo ajuste a les jubilades.

Es esa fuerza y esa unidad la que vamos a necesitar para lo que viene. Porque hoy dimos un gran paso, histórico; pero por delante nos queda la batalla por liberar a las que hoy siguen presas por abortar; por la reglamentación de esta ley, donde van a intentar restringir lo más posible nuestro derecho a decidir; su aplicación en las provincias más conservadoras; la lucha contra la objeción de conciencia y que no se convierta en un impedimento para el acceso al aborto legal; y la probable judicialización de la ley por parte de los antiderechos.

Pero la marea verde ya mostró lo que puede hacer. Vencimos al oscurantismo clerical, conquistamos la autonomía sobre nuestro territorio más propio. A seguir organizadas y movilizadas por la definitiva separación de la iglesia del Estado, por todos los derechos que nos faltan, porque no haya ni una menos, por terminar con la precarización de nuestras vidas, por cambiarlo todo.

Imagen: Nicolás Solo (Indymedia)

 
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