"Que nadie se atreva a juzgar a la mamá de Maia. No tienen idea de lo que es estar en la calle"

Veo la tele y escucho la radio y me pongo mal con todos los que opinan sin saber. No se imaginan lo que es estar en la calle. Me duele escuchar cómo hablan sin conocer esa historia de vulneraciones y violencias. Escuché cosas horribles sobre la mamá de Maia, y déjenme decir que nadie tiene derecho a juzgarla. Por Denise Volpe del Centro de Integración Frida – Revista Cítrica.

Que nadie se atreva a juzgar a la mamá de Maia, a hablar sin saber de ella, no imaginan lo que esa mujer pasa cada día y sobre todo cada noche; porque las noches en la calle, para una mujer sola, son eternas y horribles. Además del miedo, te torturas a preguntas: ¿Por qué estoy acá? ¿Cómo salgo de esta situación?

Estar en la calle es lo peor que le puede pasar a una persona pero mucho más siendo mujer. Nosotras sufrimos en la calle la doble vulneración. Por ser mujer pobre todo es más difícil. Yo pasé un buen tiempo en esa situación, con mi hijo, después de huir de una casa donde sufría violencia de género. Las noches son muy duras. No dormía de miedo, me pasaba la noche cuidando a mi hijito. Con todos los peligros que se puedan imaginar. La gente te pasa por al lado, te ignora, nadie te pregunta si necesitás algo, por qué estás ahí, si comiste… nada. No podemos ser invisibles ante la gente y mucho menos ante el Estado.

Ojo, también te cruzás con gente buena: la vida te da una nueva oportunidad y todo cambia. A mí me pasó, conocí a Horacio Ávila y llegué al Centro de Integración Frida. Ahí tuve un techo para mí y mi hijo durante dos años y ahora trabajo allí y puedo pagar alquiler. Mi vida cambió pero la de muchas chicas no y por ellas seguimos trabajando. Acá en Casa Frida tenemos muchas chicas que salieron de la situación de calle. Son muchas, aunque la sociedad mire para otro lado. Muchas fuimos víctimas de violencia machista, muchas no tienen un trabajo ni dónde vivir. Es duro verlo porque en ellas me veo reflejada y agradezco haber conseguido una oportunidad.

La calle no es un lugar para vivir, para nadie. Hoy todos hablan de Maia, un país entero la buscó, pero ¿recién ahora la vemos? Si esa nena no hubiese desaparecido, seguiría siendo una invisible, en la calle con su madre. Aunque para el Estado somos invisibles, la realidad es que somos miles".

Imagen: Foto Viojf

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