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2022: La necesidad de construir mecanismos de unidad y lucha

El economista Julio Gambina hace un balance sobre lo que fue el 2021. Analiza los impactos de la pandemia en materia de salud y educación, el “rebote” de la economía, las luchas por la defensa de los bienes comunes y las negociaciones con el FMI. Y reflexiona sobre la existencia de un plan económico en Argentina.

En su columna habitual en el programa Los Locos de Buenos Aires, Julio Gambina compartió con los oyentes los temas que, a su entender, marcaron la agenda de nuestro país. Así los desarrolló:

En primer lugar, el tema grave que había previsiones que se terminara pero continuó:  la pandemia.  No estoy hablando solo de la Argentina, ni de la región sino del mundo. La pandemia por el coronavirus que ha traído efectos regresivos sobre la mayoría empobrecida a todo nivel. Eso se puede constatar en el país, en la región, en el mundo y de alguna manera podemos señalar que la pandemia es altamente funcional al proyecto de reconstrucción de la hegemonía del capital más concentrado a escala mundial. 

La pandemia devuelve a la sociedad las miserias del capitalismo contemporáneo. Y es muy visible como lo primero que se recuperó, desde el punto de vista económico, es la acumulación de ganancias, concentración de riquezas. Potenciando la desigualdad en la apropiación del ingreso y de la riqueza a escala mundial. Esto es muy palpable en los laboratorios farmacéuticos.

En torno al debate de las vacunas, creció una campaña mundial por la su socialización y, sin embargo, laboratorios, empresas y los principales gobiernos del capitalismo desarrollado defendieron el derecho a la propiedad intelectual, el derecho de las patentes. No hubo éxito en la suspensión de las patentes de las vacunas. 

Y así como hoy tenemos buena parte del capitalismo desarrollado con una cobertura bastante importante de la población vacunada, hay una cantidad importantísima de países del continente africano que tienen menos del 1% de su población vacunada. Lo que muestra la condena al empobrecimiento recurrente de millones de personas en todo el mundo.

Y puso en evidencia una vez más desde que empezó la pandemia en 2020, la destrucción del sistema público de salud. Digamos que la tendencia a la privatización, a la mercantilización de la vida cotidiana, es muy clara y evidente en materia de salud. Del mismo modo que lo es en materia educativa. En materia educativa ha crecido la educación virtual por plataforma y puede señalarse que entre el 35 y el 40 % de la población mundial no tiene acceso a electricidad, a internet, con lo cual sufre una discriminación para el proceso educativo.

Esta tendencia a la privatización y mercantilización de la salud y la educación, que se ha hecho muy visible con la pandemia, pone en evidencia lo que supone el capitalismo de época.

Empiezo por este lado, pensando el balance del 2021 de la Argentina, porque la Argentina es parte de este mundo en pandemia y reproduce al interior de la Argentina esta lógica global de convergencia de la crisis sanitaria con la crisis de la economía mundial.

Y digo crisis de la economía mundial, aunque el 2021 es un año de rebote de la economía. De hecho, países como Estados Unidos han crecido en 2021 prácticamente el doble de lo perdido en el 2020. Ha habido una recuperación de la producción en Europa, en los países capitalistas desarrollados e incluso en los países más atrasados. Argentina probablemente termine el año con un crecimiento del 10% incluso un poquito más. Cuando en 2020 la economía argentina había caído un 9.9%.

Se puede decir que Argentina recuperó lo perdido en el 2020, pero el interrogante es qué quiere decir esa recuperación o cómo se distribuye esa recuperación. 

Bueno, en la mayoría de los países del mundo, la recuperación se expresa en la recomposición de las ganancias en primer lugar, no necesariamente en los salarios, los ingresos populares o el nivel de empleo. Incluso es la explicación que hay que encontrarle a la renacida inflación en Estados Unidos, en Europa, en Gran Bretaña, sin hablar de las inflaciones recurrentes de países como Argentina, como Venezuela, donde también hay que encontrarle las explicaciones en las formas particulares del desarrollo capitalista. Y en la disputa de la renta socialmente generada por parte de las trabajadoras, los trabajadores, los pueblos de nuestros países. 

Pero en el capitalismo desarrollado, especialmente en Estados Unidos y en Europa, la inflación tiene que ver con la avidez de recomposición de ganancias de los principales capitales. Especialmente en rubros estratégicos como son los de la alimentación y la energía que se trasladan como peores condiciones de vida para los sectores populares que gastan sus ingresos mayoritariamente en alimentos. 

Por eso, es importante señalar que la crisis económica, más allá de la evolución positiva de los productos continúa. Una crisis económica que expresa de un modelo productivo que continúa con la explotación de la fuerza de trabajo. Ahora con estas formas que extienden: la flexibilización laboral, la precarización. Como son las economías que super explotan la fuerza de trabajo con mínimos ingresos y al mismo tiempo completan esta super explotación de fuerza de trabajo con saqueo recurrente de los bienes comunes.

Argentina lo pone de manifiesto la profundización de la lógica del saqueo del extractivismo exacerbado, no sólo del complejo sojero, sino también del complejo minero que tuvo un límite en la lucha popular en Chubut. Poniendo de manifiesto la importancia que tiene el pronunciamiento público de la lucha y la organización popular que, pese al acuerdo político partidario de distinto nivel, de la convergencia de intereses provinciales con los intereses políticos nacionales, fue el pueblo de Chubut el que hizo revertir una legislación favorable a la megaminería en la meseta central en la provincia de Chubut.

Y en todo caso, este año 2021 hay que ponerlo como condicionado fuertemente por las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Uno dice negociaciones, pero en rigor hay que señalar condicionante de la deuda, pago recurrente de la deuda con el Fondo. 

En septiembre venció la primera cuota del préstamo otorgado en 2018. Casi 1.900 millones de dólares. Y en diciembre, el 22 de diciembre prácticamente como regalo de navidad, venció la segunda cuota de capital por otra cifra parecida, algo así como 3.800 millones de dólares en dos cuotas, más otros pagos de intereses. Y el Fondo Monetario Internacional lleva cobrado más de 6.000 millones de dólares durante la vigencia de la actual gestión de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Por eso decimos que es un condicionante que se está negociando, la postergación de los pagos, pero supone la utilización de recursos públicos que podrían tener destinos alternativos y se esterilizan en los pagos al fondo Monetario Internacional.

En este marco se hicieron las elecciones de medio tiempo, elecciones legislativas, donde hubo un importante castigo a la política gubernamental. Hay que señalar que tampoco la oposición de derecha, el macrismo, aumentó su votación tradicional, pero se consolidó el “bicoalicionismo” en la Argentina. En todo caso el dato interesante es la tercera fuerza de la izquierda parlamentaria el Fit U  con casi el 6% de la votación a nivel nacional y como un dato para tener en cuenta el crecimiento de la derecha ultraliberal, especialmente en la ciudad de Buenos Aires.

Poniendo en evidencia que en 2021, como en años anteriores y que varias veces hemos señalado, el desafío a una izquierda amplia de carácter popular, social, está en la construcción de alternativa política. Alternativa política en contra del orden capitalista y, por supuesto más allá del mismo para construir soluciones que atiendan necesidades de nuestro pueblo, porque supone no sólo la crítica, sino la transformación del modelo productivo de desarrollo para una perspectiva sin explotación y sin saqueo. En esta perspectiva es que es un aliciente muy importante que el año termine con la movilización de Chubut triunfante. Y augura mecanismos de unidad y lucha para el próximo 2022.

Doctor en Ciencias Sociales de la UBA y Profesor Titular de Economía Política, en la Universidad Nacional de Rosario, Gambina centra tambien su atención, en una nota publicada este jueves en su blog, en el debate sobre la existencia o no de un plan económico en Argentina. Compartimos su columna:

¿Existe “Plan económico”? ¿Qué se exige cuando se lo demanda?

Desde diferentes voces se escucha decir que la Argentina no tiene “plan económico”. El Ministro de economía local, Martín Guzmán, señala que el plan es el “Presupuesto”. En este 2022 se prorrogó el del 2021 ante el rechazo parlamentario al presentado oportunamente. ¿Hablan de lo mismo unos y otros? No necesariamente.

El “presupuesto” sugiere un “plan de gestión” para un periodo, o varios si fuera plurianual, pero no supone en sí mismo una orientación del rumbo productivo y el tipo de relaciones sociales a promover, lo que implica definiciones sobre el modelo de desarrollo y su impacto socio-ambiental.

Tampoco resulta evidente la demanda opositora, más asentada en precisiones sobre el “clima de negocios” y por ende en las posibilidades de rentabilidad de potenciales inversiones, es decir, centradas en un enfoque de ganancias y acumulación de capitales.

Por nuestra parte, insistiremos en que aun cuando no sea explícito, siempre existe un “plan”. Ello supone describir que se espera del orden económico y social, de manera explícita o implícita, es decir, de las relaciones socio-económicas, caso del capital y el trabajo; o de la sociedad con el Estado; o del Estado con otros Estados del sistema mundial.

Solo a modo de ejemplo, desde 1975/6, con matices según sea la gestión presidencial, entre dictadura y turnos constitucionales, o entre estos, lo que viene ocurriendo se puede caracterizar como una ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad. De nuevo, no es lo mismo cada gestión, existen matices importantes, pero tomado el periodo de punta a punta (1975-6/2021-2), lo que observamos es:

a) un deterioro en la relación capital trabajo a favor de los primeros, que se mide en caída de los ingresos populares, desempleo y subempleo, precariedad laboral y una orientación restrictiva al proceso de sindicalización (incluye complicidades de la burocracia sindical y política);

b) una reforma estatal favorable a los objetivos del sector privado de la economía, con desregulaciones varias y nuevas funciones estatales para el sostenimiento de la lógica del capital, subsidios empresarios mediante;

c) pero también una facilitación de la inserción subordinada del país en el sistema de la transnacionalización del capital, con el resultado de una mayor extranjerización de la estructura económica del país.

Esto último potenciado por las privatizaciones de las empresas públicas, la circulación internacional de capitales, mediados por un ciclo deliberado de endeudamiento público y privado (durante la dictadura, los noventa y recientemente entre 2015-19) y fuga de capitales; junto a una exacerbación de una producción primaria para la exportación, incluso de sectores industrializados.

El impacto en el consumo se evidencia con la referencia estructural al empobrecimiento de una parte importante de la población (más del 40%), especialmente jóvenes y niñas/os (más del 60%).

¿Hay plan en la Argentina?

Hace tiempo que prevalece la lógica de “mercado”, la que se impuso en el clivaje 1975/76, más allá de los intentos por morigerar sus impactos, especialmente a la salida de la dictadura y en la pos-crisis del 2001.

Los aspectos estructurales de las reaccionarias reformas de las relaciones capitalistas definen en esencia, el plan económico de la Argentina, con los límites que se hacen evidentes en los últimos años, en materia de crecimiento y resolución de problemas de fondo, como la inflación, la pobreza, el empleo, desempleo y precarización, la distribución del ingreso y la desigualdad, entre otros.

Se sostiene el problema del crecimiento, que en sí mismo no alcanza para discutir un “plan”. El tema es ¿qué tipo de crecimiento es el que requiere el país en este tiempo?

Responder ese interrogante supone debatir qué objetivos deben resolverse y en qué tiempo, por ende, con qué proyectos y programas concretos. ¿Es posible resolver el tema de la pobreza y del empleo, o de los ingresos suficientes para el conjunto de la población?

La respuesta estará en el modelo productivo y de desarrollo que se defina, lo que demanda orientar productivamente los componentes de la riqueza social: la tierra y el trabajo.

No se trata de “inversores privados o públicos”, sino de una acumulación originaria desde la propiedad social de los medios de producción, especialmente de la tierra.

Queda claro que no alcanza solo con “tierra”, que hace falta también asignación de recursos financieros y asistencia técnico profesional junto a radicación territorial de la población hoy marginalizada de la producción y circulación de bienes y servicios.

En ese marco resulta imprescindible definir el modelo energético, pensado en resolver necesidades socioeconómicas del plan que definimos, más que en exportaciones para obtener divisas destinadas a cancelar deuda.

Para todo ello se requiere una definición respecto del equilibrio fiscal, restringiendo gastos, entre ellos, los destinados a cancelar una deuda odiosa, ilegitima o ilegal; tanto como a mejor los ingresos fiscales con una reforma progresiva de los impuestos. No se trata del debate actual con el FMI, si equilibrio fiscal en 2027 como imagina el gobierno o antes como reclama el FMI. Las cuentas fiscales deben asociarse al plan necesario para resolver los urgentes problemas sociales identificados.

Se trata de crecer, sí, pero para resolver demandas sociales, de empleo e ingresos populares, con una producción que atiende las necesidades del mercado interno y que interactúe con el mundo, no para acercar inversores ávidos de ganancias y acumulación, sino para fomentar relaciones internacionales de beneficio mutuo.

El crecimiento supone mayor consumo y no cualquier consumo o de una minoría, si no de la mayoría de la sociedad; pero también aumento de las inversiones, las que definan un camino autónomo y de integración no subordinada; del mismo modo que unas relaciones comerciales, financieras y económicas en donde prevalezcan las relaciones solidarias entre los pueblos, a contramano de la lógica mercantil del orden capitalista.

Solo en ese marco puede instalarse una política de fondo contra la inflación, que expresa las contradicciones sociales por la apropiación de la riqueza socialmente generada.

Los límites estructurales de la economía argentina son los que explican la inflación acelerada, más allá de las tendencias globales en donde vuelve el fenómeno del encarecimiento de precios. Si en el mundo es la crisis global la que lo explica, en el país, se puede encontrar explicación en la no resolución de los problemas de fondo del orden económico, social y político.

Lo sostenido no es utópico. Si requiere de consensos mayoritarios en la sociedad. Ese es el sentido de este escrito, disputar ideas sobre la posibilidad de resolver problemas que vienen de arrastre en la Argentina actual, y pensar el presente y el futuro más allá y en contra de la lógica capitalista.

Buenos Aires, 6 de enero del 2022

 

[1] Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor Titular de Economía Política, UNR.

 
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